Opinión

Agenda Ciudadana frente a la Crisis

De cara al 2009, en medio de una crisis financiera internacional que trastoca los cimientos de todo el sistema capitalista proliferan insulsas e insustanciales las recetas que algunos seudo-asesores a través de los medios masivos de comunicación. “Cuidar el uso de la tarjeta de crédito, cuidar el trabajo, no gastar en cosas innecesarias, etc.”, son  recomendaciones inútiles que en realidad hacen eco de la interpretación minimalista de la compleja coyuntura internacional y nacional que ante la falta de políticas públicas ha asumido el gobierno mexicano.

En un ambiente de poca claridad respecto al futuro afloran contradictorias acciones por parte de la máxima autoridad federal de las finanzas que, por un lado muy acertadamente y a tiempo contrata un seguro que evitará el daño al erario público por la baja en los precios internacionales del petróleo y, por el otro, minimiza la crisis global, continúa con las alzas en los precios de combustibles y enmudece ante la  voracidad de la banca extranjerizada que opera con su autorización en México.

En medio de lo que hasta la revista FORBES llama “caos criminal” y “festín inmoral del sistema bancario”, el titular de la entidad para la protección de los usuarios de servicios financieros, CONDUSEF, confundido por su propia incapacidad técnica en economía se opone al control de los excesivos cobros por servicios bancarios, aduciendo que sería una práctica contraria al libre mercado. El abogado disfrazado de economista Luis Pazos, en sintonía con esa simplificada teoría económica reducida a “Consenso de Washington” que han seguido ciegamente las últimas cinco administraciones federales, ignora que un mercado es libre cuando hay libre concurrencia y libre competencia, cosa que, gracias a su complacencia, no existe en el caso de la banca que opera en nuestro país.

¿Por qué estas contradicciones de quienes tienen en sus manos el aparato gubernamental de la economía y las finanzas? Viven su propia realidad ajena a lo que sucede en las casas y los bolsillos del resto de los mexicanos. Cuidan las finanzas públicas, que es de donde comen, sin importarles lo que suceda con el bienestar de los demás. ¿Serán patologías del poder que se heredan independientemente del partido al que pertenezcan?

Pero lo que impacta es que pareciera que somos una ciudadanía resignada a padecer las mentiras de sus gobernantes. Vemos un gobierno atrapado en el discurso de la complacencia, el oculto compromiso con poderes mayores, pero manteniendo un falso discurso de compromiso con el empleo, combate a la pobreza y la seguridad. Hoy tiene enfrente el peor de los mundos posibles: una recesión global que no es sólo económica (financiera y monetaria) sino también política y ambiental, de seguridad y de valores.

Pero hoy, la tolerancia ha llegado a su límite; los ciudadanos hemos llegado al tope y estamos indignados por la violencia, la corrupción y la impunidad que prevalece en el país. No sabemos qué más hacer; no basta el reclamo ya hecho parte de nuestro imaginario popular “¡si no pueden, renuncien!”. Resulta indispensable tomar las riendas, intentar algo nuevo: una agenda ciudadana para la crisis. Una nueva agenda, que a la luz del fracaso de la mediatización partidista y gubernamental, plantee una revisión de los valores que hoy nos han llevado a este desorden generalizado. Un replanteamiento de la responsabilidad ciudadana.

Dice Santiago Pando en una reciente carta de reflexión: “El país de los culpables y las víctimas está agonizando: los mexicanos nos hemos ganado el poder ser responsables”. Y nos lo hemos ganado comenzando por el reconocimiento del poder latente de crear nuestra propia realidad.

Para bien de todos, es preciso reconocer el tamaño real y la dimensión de oportunidad que representa la crisis global, no dejarnos manipular con el ocultamiento de la realidad. No para espantarnos y dejarnos hundir por el miedo, sino para ver en esta crisis total la oportunidad de cambiar a fondo todo lo que no ha funcionado. No somos víctimas de las circunstancias, ni culpables. Somos responsables.

Comencemos en este 2009 una nueva etapa, que sirva de algo el momento de generar propósitos y hacer borrón y cuenta nueva. Que sea mucho más que un deseo de cambiar, las condiciones están dadas, la situación es realmente crítica y no debemos permitir que nos la sigan ocultando. Con un fortalecido sentido de identidad y propósito, querido lector, te envío mis mejores deseos para el año que pronto comenzará.

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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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