Opinión

De Recesión, Renos y Ranas

Nuevamente hoy se acumulan las noticias que anuncian la quiebra del sistema económico en el que las mega corporaciones, la ideología neoliberal -que convierte todo en mercancía-  y el Estado corporativo privatizado nos llevaron a confiar ciegamente. Italia, Gran Bretaña, Alemania, e incluso los Estados Unidos declaran abiertamente que sus economías se hallan en recesión.

Hace un año el economista brasileño Marcos Arruda, coordinador general del Instituto de Políticas Alternativas para el Cono Sur (PACS), señalaba que el sistema capitalista de acumulación, productor de desigualdades sociales, se había sostenido ya demasiados años destruyendo la dimensión social del ser humano y el ecosistema. Desde la última década del siglo pasado se unieron varias voces contra la globalización excluyente. Los encuentros en el marco del Foro Social Mundial y las protestas contra los acuerdos comerciales impuestos desde los países del Norte, advertían sobre el creciente problema ambiental, la inminente crisis financiera y el desequilibrio social. Pero fueron desdeñados con el fácil vituperio de “globalifóbicos” por  las insignes casas noticiosas defensoras del sistema que también esta semana se declaran en quiebra. Pero aquí, no nos enteramos entonces ni nos enteramos ahora.

Mientas en el mundo se cuestionan ya la necesidad de cambiar el sistema económico como única solución verdadera al mega fraude financiero que resultó ser el sistema bancario mundial y su hijo, el capitalismo depredador, los encargados de la política económica, el erario público y las finanzas de México vanidosamente presumen del  “blindaje” que han inventado para enfrentar el “catarrito” económico. Dispuestos a defender hasta la ignominia un modelo en el que, dice Arruda, “la sociedad no existe, sólo el individuo, que concibe al ser humano de manera egocéntrica y destruye la naturaleza social de los seres humanos”, el debate a favor de la pena de muerte les funciona de eficaz cortina de humo. Se denuesta a los criminales que son producto del sistema, pero nadie habla de éste como la verdadera causa.

Es el depredador sistema económico el que produce los grandes estragos sociales. Ése que ya está en quiebra, en México aún prohíja a secuestradores y asesinos. Lo que se oculta detrás de sus delitos es un enorme cúmulo de corrupción y componendas que se sostienen gracias a la ignorancia del grueso de la población. La ignorancia alimentada con juegos de sombras y obras de ornato que tapan las entendederas y nublan la vista tanto de simples ciudadanos como de algunos líderes y muchos funcionarios.

Tal como los renos y las narices rojas han venido a secuestrar el verdadero sentido de la natividad que conmemoramos en estas fechas, el cúmulo de vanidades y fruslerías, los debates estériles y fútiles discusiones sobre la seguridad pública, que nunca llegan a desenmascarar a los verdaderos criminales apalabrados con el poder,  vienen a entretener, confundir, distraer y mediatizar. Seguimos encantados con los renos, los enanos, las batas rojas y las barbas blancas que ocultan el poderoso mensaje de quien nos vino a decir que la verdad nos hará libres.

Así, anestesiados por las vanidades, seguimos también viendo como se van los recursos del erario a sostener obras tan inútiles como destructoras del medio ambiente. ¿Quién puede preocuparse por unas pinches ranas cuando la emoción del vértigo enajenante de las carreras de coches tipo Nascar nos puede justificar la hidrocálida existencia? No importa que la gran mayoría de la población no vaya a poder siquiera comprar alguna vez un boleto para ver y emocionarse hasta las lágrimas con las carreras. Así como hoy se reparten despensas para paliar el hambre antes que asegurar un trabajo digno, pronto se repartirán los boletos para tan vistoso espectáculo automotriz. Por eso, la eventual extinción de la rana de pantano en la zona “Los Coyotillos” convertida en pista no va a detener el avance del somnífero social.

Aquí ni existe la crisis económica porque aquí priva la industria cultural que nos ha anestesiado. Nos entretenemos con cuentas, espejos, pistas, renos, y juegos de sombras. El derecho a la vida está subordinado al poder de compra. No hay ranas, criminales en oficinas protectores de criminales en la calle, ni crisis que requiera presupuestos sociales, ni verdad que nos haga libres. Aquí la recesión mundial nos hace los mandados.

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José Luis Gutiérrez Lozano

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