Opinión

Las historias del nacimiento de Jesús II parte

Para Edilberto Aldán

En la pasada entrega para La Jornada Aguascalientes hice un análisis histórico literario de las historias del nacimiento de Jesús, en busca del significado más que textual, más que factual, metafórico, de dichas narraciones, consideradas en su contexto original: Palestina a finales del siglo I, bajo la influencia política, cultural y religiosa del imperio romano. En el caso de la historia de la natividad que aparece en el evangelio de Mateo, que es la que hoy nos ocupa, es probable que estuviera dirigida a una comunidad judía, posiblemente en situación de persecución religiosa, y que muchos han querido localizar en Antioquía (hoy Turquía) o Palestina (hoy Israel).

Si la navidad se ha convertido en una conmemoración frívola, mucho más lo son las de los Reyes Magos (las roscas en la Plaza de la Patria como evento político) y los Santos Inocentes el 28 de diciembre (día de bromas pesadas). Haber entendido esas historias literalmente quizá ha contribuido a ello. Entendidas como un simple reporte de hechos, o peor aún, de un conjunto de anécdotas, las historias de la navidad no tendrían mayor importancia. Entendidas como se concibieron originalmente, como lenguaje metafórico con significados que ya no son evidentes para un lector de la actualidad, pero sí fácilmente comprensibles para un escucha del siglo I, las historias vuelven a cobrar la vida que tuvieron originalmente.

Herodes como el nuevo Faraón

El pasado domingo, día de los Santos Inocentes, se conmemoró un hecho que habría tenido lugar unos cuantos años antes de la muerte del rey Herodes, una figura histórica real que vivió entre los años 74 y 4 A.C. De este rey de los judíos tenemos abundante información histórica gracias a los escritos de Flavio Josefo, un historiador que vivió en el siglo I. Sabemos que fue un ambicioso constructor, que reconstruyó el templo de Jerusalén, que destruyó a sus enemigos políticos y que su largo reinado permitió a Israel vivir bajo una relativa independencia y prosperidad. Sin embargo, Herodes, cuya monumental tumba fue descubierta recientemente, al final de su vida se vio envuelto en una red de intrigas por parte de sus propios hijos (a algunos de los cuales mandó asesinar). A su muerte, siguió un período de cruentas revueltas, guerrillas y calamidades para el pueblo judío. Lo que ningún historiador menciona es la famosa matanza de niños que supuestamente ordenó cuando se enteró que había nacido en Belén un aspirante a mesías. Sabemos que Herodes fue un gobernante astuto e implacable con sus rivales, pero un hecho tan notable como una matanza de niños (toda la población de dos años para abajo) no hubiera pasado desapercibida para Flavio Josefo, que en su libro “Antigüedades de los Judíos” detalla con gran precisión las intrigas en el palacio de Herodes.  

¿Esto significa que dichas historias son una fantasía en el mejor de los casos; un engaño deliberado en el peor de ellos? Lo son si pensamos en ellas sólo como una especie de crónica en el que los redactores únicamente tuvieran la intención de informar “pasó esto, y después esto otro”. No lo son si entendemos que las historias de la Navidad no tienen por qué ser tomadas literalmente, sino como efectivas metáforas, o si se quiere, overturas. Si una overtura musical es una presentación del tema general de un álbum (se me ocurre “In the flesh” del álbum The Wall, de Pink Floyd), pensemos en las historias de la Navidad como una overtura a los evangelios, cuyo fin es desvelar la identidad de Jesús. ¿Qué hay detrás de la historia de los niños asesinados? El Evangelio de Mateo nos dice que el rey Herodes, en sus últimos días, recibió de unos magos de oriente la noticia de que acababa de nacer quien sería nuevo rey de los judíos y que, temeroso, había ordenado la muerte de todos los niños de cero a dos años, por si acaso. Sería interesante preguntarse si en esta historia hay acusaciones veladas de lo que efectivamente hizo Herodes a sus hijos en sus últimos años, pero lo más probable es que el redactor del evangelio tuviera en mente a otra figura importante en el imaginario de los judíos: Moisés.

Jesús como el nuevo Moisés

En la época de Jesús circulaban varias leyendas y expansiones a la narración del Éxodo sobre la vida de Moisés, muchas de ellas en los llamados tárgum, nuevas traducciones de la Biblia al arameo y que incluían comentarios. El historiador Flavio Josefo en el ya mencionado “Antigüedades de los Judíos”, escrito también en el siglo I, describe de esta forma los eventos que rodearon al nacimiento de Moisés:

“Un nuevo incidente tuvo el efecto de estimular aún más a los egipcios a exterminar a nuestra raza. Uno de los sagrados escribas… anunció al rey que entre los israelitas nacería alguien que humillaría a los egipcios y exaltaría a los israelitas… Alarmado, el rey, aconsejado por este sabio, ordenó que todos los niños varones fueran destruidos…” (2.205-6).

En la imaginación popular del siglo I, Moisés había escapado a una matanza de todos los recién nacidos ordenada por el faraón. ¿Qué significa en este contexto la matanza de niños ordenada por Herodes? El sentido es claro. Éste que está aquí, nos dice Mateo, es un nuevo Moisés, un nuevo legislador, el líder del nuevo éxodo de Israel y quien se opondrá al nuevo faraón (el emperador de Roma); se está abriendo un nuevo ciclo, un nuevo inicio en la historia del mundo. Éste, podría sugerirse, sería también el sentido de la historia de la concepción virginal. Más que leerlo literalmente, como un informe biológico sobre el cuerpo de María, la narración de la concepción virginal debe leerse como una metáfora que significa el inicio de una nueva humanidad, una nueva creación. Si en el pasado Dios hizo que otras mujeres estériles o muy ancianas quedaran embarazadas, con Jesús hizo algo más grande aún.

El ciclo de historias navideñas se acerca a su final con el episodio de los magos de Oriente, descendientes literarios de los magos, encantadores y astrólogos de Babilonia que aparecen en el libro de Daniel. Los magos eran los  encargados de interpretar sueños y el firmamento nocturno. De los que visitan a Jesús “en su casa, Mateo jamás menciona que fueran reyes, ni que fueran tres, y tampoco ciertamente nos dice sus nombres, sino que simplemente se trataba de “magos”. Algunos han querido ver en esta historia restos de la tradición que recordaba a Jesús, en los primeros años, como un mago , y posiblemente, sean una lejana referencia a la visita de embajadas de oriente al emperador Augusto.

La historia del nacimiento de Jesús termina, para Mateo, con la huída a Egipto. José, el padre de Jesús, tiene un sueño que lo mueve a la acción, lo cual es un eco de otra narración del antiguo testamento. En el Génesis, es también un hombre llamado José, de Egipto, quien tiene sueños proféticos y que se convierte en el intérprete de los sueños del faraón. En el Éxodo, los hebreos cumplen su destino con el largo viaje de Egipto hacia la tierra prometida. Jesús, también extranjero en Egipto, llegado el momento también emprenderá el viaje de regreso hacia Israel, que el evangelio describe brevísimamente de esta forma: “Un ángel se le apareció a José en Egipto…. tomó al niño y a su madre y fue a la tierra de Israel”. Ahí tenemos, nuevamente, el viaje de Egipto hacia la tierra prometida, con lo que Mateo insiste una vez más en la identidad de Jesús: he aquí al nuevo Moisés, he aquí el nuevo Éxodo de Israel, un tema que insistirá, de diversas maneras, a lo largo de su largo evangelio.

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Gustavo Vazquez Lozano

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