Opinión

Seguridad, el mayor deseo para año nuevo

El 2008 termina en Aguascalientes -y en general en el país- tal como fue la tónica a lo largo de estos últimos doce meses: un año criminal, como nunca antes.

Los dos recientes acontecimientos que constituyen una nueva masacre, ahora vilmente en perjuicio de tres policías estatales, conforman un eslabón más de la cadena pobreza-deformación o mala educación del individuo-desesperación-ambición-criminalidad, cadena en la que también intervienen, con gran peso específico, la corrupción, la impunidad y el miedo gubernativo o la falta de voluntad para resolver el problema.

Los elementos mencionados pueden considerarse como los aspectos que originan o contribuyen, junta o separadamente, al problema que consiste en la dedicación de individuos al tráfico de drogas –y a otras actividades delictivas violentas, como el secuestro- y que tiene su expresión o manifestación más desgarradora en los actos criminales de matanzas y crímenes despiadados.

Dichos elementos van concatenados; se siguen y se anteceden en una consecución cuyo resultado es la violencia despiadada que muestran quienes participan en esas actividades criminales. Sería muy difícil separarlos y sostener que uno de tales elementos es el principio o es el principal o es el de mayor peso. En términos generales, influyen todos, de una u otra manera y en una u otra medida.

Sin embargo, podemos considerar que la falta de decisión gubernativa para atacar el problema es el elemento que en las actuales circunstancias sociales, políticas, jurídicas y económicas de nuestro país posibilita en mayor grado la existencia, avance y prevalencia de esta cuestión de criminalidad. Se necesita convicción y se requiere decisión. En una palabra, es preciso tener pantalones y tenerlos bien puestos, para afrontar, atacar y acabar con este flagelo social.

Los demás elementos -pobreza, malformación, desesperación y ambición- tienen muchos factores que los generan y son muy diversos los posibles caminos para atenderlos y poder superarlos. Pero la falta de mano firme en el ejercicio gubernativo, tiene una incidencia directa en la existencia de la grave inseguridad que vivimos en el país.

La pobreza se va a ir remediando poco a poco, aplicando primero más y mejor educación desde el inicio de la enseñanza en la escuela. Mayor información en la instrucción y mayor exigencia en el aprendizaje; luego, ir conformando una nueva idiosincrasia en pro del mejoramiento personal y como miembros de la comunidad. Una idiosincrasia que nos haga vivir convencidos de aplicarnos en una mejor preparación y con deseos de más trabajo. Las medidas paternalistas -las despensas, las cobijas, los famosos “apoyos”, el “piso firme”, las mal llamadas “becas”- son acciones populistas, electoreras y dignas de la más baja politiquería, que sólo propician más pobreza, menos desarrollo y en lugar de crecimiento y elevación del individuo, lo hunden más y más en la dependencia, en el conformismo y en la desesperación.

La pobreza sin esperanza abre directamente a la tentación de alcanzar –a costa de lo que sea- lo que no se tiene y sobre todo, para hacerlo por la vía más rápida y sin esfuerzo de formación, de crecimiento, de superación. Si a esto se le agrega que la tentación no representa mayor riesgo en razón de la impunidad, la pobreza se transforma en ambición criminal.

Pobreza, mala educación y subdesarrollo son problemas de los que sólo se podrá ir saliendo paulatinamente, con los años, bajo un cambio decidido de actitud, no sólo gubernativo sino de toda la comunidad, es decir, de todos los que formamos el pueblo mexicano, pero el problema de la inseguridad que padecemos puede ser disminuido y aún exterminado, con la sola decisión del gobierno.

Si bien los elementos que actualmente conducen a los individuos a participar en la actividad criminal para obtener dinero, más dinero y dinero fácil parten de las circunstancias sociales, económicas y políticas ya mencionadas, no siempre la existencia de dichos elementos conducirá a la generación de un estado de inseguridad como el que sufre el país. No todo país pobre vive inmerso en el terror de la inseguridad como el que ya nos afecta a todos los mexicanos.

El problema de la inseguridad puede ser afrontado y extinguido con mucha mayor anticipación a los demás factores que son su caldo de cultivo. Para esto se requiere de valores personales en los funcionarios gubernativos; llegar al cargo por la convicción de atacar y acabar el problema. También requiere de mucha decisión que puede implicar hasta el arriesgar la vida.

Sobre todo, se requiere de la convicción de ejercer las facultades legales, sin miramientos. Espíritu convencido y mano firme para limpiar el cáncer social de la criminalidad, sin ser pusilánimes y dejando de lado actitudes timoratas de políticos electoreros. Este es el único camino. Quien esté decidido a recorrerlo, tenga por seguro que la sociedad nunca reclamará a ningún gobernante que le haya devuelto la tranquilidad, la paz y el orden público.

Sin políticos de ese tamaño, el año nuevo no será mejor. Mi especial deseo de año nuevo, como ciudadano, es que surja, al menos para Aguascalientes, algún político con esas aspiraciones. El mayor deseo de año nuevo de toda la sociedad mexicana y de la hidrocálida en particular, es que tengamos seguridad. ¡Ojalá!

Desde Gärtringen –un pueblo de esos que parecen salidos de una tarjeta de navidad- en el antiguo reino de Würtemberg, al sur de la paradójicamente moderna Alemania, envío al lector un saludo y un abrazo, además de brindar por su éxito y realización personal, durante el año que está por comenzar y siempre. Prosit! Auf wiedersehen!

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guillermacias

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