Opinión

Y… ¿Dónde está el Futuro?

ué tan negro es nuestro próximo futuro de 2009? El pasado 22 de diciembre, la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) recomendó cautela a sus afiliados en las operaciones programadas para 2009, debido a que las condiciones económicas serán complicadas para ese sector. Consultó a 526 empresarios, de los cuales, el 64.4 por ciento consideró que la situación de la industria instalada en México será peor, el 21.8 por ciento dijo que la situación será igual y 13.8 por ciento que mejorará. Y esgrime como razón la crisis generalizada, por la catástrofe financiera global a partir de septiembre pasado.
Por otra parte, el día 12 de este mes de diciembre, en los Estados Unidos se reveló el fraude descomunal cometido por Bernard Madoff, presidente de Madoff Investment Securities – “inversionista brillante (o así lo creyó casi todo el mundo), filántropo, pilar de la comunidad — fue un farsante, ha impactado al mundo. Es difícil comprender la escala de su presunto plan Ponzi de 50 mil millones de dólares”, (The New York Times News Service – 12/22/2008 7:19 PM). El affaire Madoff, según comentario adicional, no es sino la modelización con que operó el mismo sector financiero, atribuyéndose a Wall Street idéntico resultado final, que excepto por el arresto domiciliario, los administradores de dinero se hicieron ricos y los inversionistas vieron desaparecer su dinero. Estaríamos hablando de unos 400 mil millones de dólares al año en desperdicio, fraude y abuso.
Ambas lecturas expresan visiones convergentes en un mismo fenómeno: la quiebra financiera mundial que impactó negativamente al 2008 y presagia un 2009 negro. En este entorno mundial, ¿qué opciones razonables tenemos de digna sobrevivencia? Recordemos que optar y decidir son nuestras mejores herramientas, si queremos adueñarnos de nuestra historia y no ser marionetas de un futuro incierto. ¿Es ello practicable? Yo creo que sí, a condición de no renunciar a nuestro mejor potencial: el poder constructivo del pensamiento. Es un recurso base cero, no cuesta nada, y lo tenemos a disposición; la condición es ponerlo en práctica, actuar con su poder de penetración.
No necesitamos recetas instantáneas, ni de “fast track”, que caigan como fórmulas mágicas, de un horóscopo en la modorra de una mañana invernal. Necesitamos activar nuestro más poderoso potencial que reside en el cerebro y que es el pensamiento. Sí, necesitamos de un mapa imaginario mental, que nos conduzca metódicamente al encuentro de alternativas viables, con él tenemos una solución y la base segura de una decisión exitosa. Para ello, ofrezco un esquema que basta revestirlo con datos concretos, darle “carne y hueso”, y tendremos al final un instrumento seguro que encienda una luz en esa obscuridad anticipada. Presento el método de construcción de escenarios a futuro, bajo la autoría de Global Business Network, de Lawrence Wilkinson. Se trata de visualizar un rango posible de resultados; no de construir pronósticos, ni tampoco de juzgar qué es lo que debería pasar. Significa enfrentar la incertidumbre, sin pretender predecir aciertos al 100%, sin congelarnos ante ella, y determinarla de alguna manera. No consiste en “adivinar” los eventos futuros, sino de subrayar las fuerzas a gran escala que empujan el futuro en diferentes direcciones. Reconocer esas grandes tendencias, impulsa tomar mejores decisiones, hoy.
La materia prima son supuestos, hechos y tendencias. Con ella construimos escenas alternativas, igual que en una obra de teatro, para luego integrarlas a nuestro “drama” vital. Al final, integramos esa parte de historia de vida en un próximo o remoto futuro. A.- Primera fase: 1.- Este proceso toma forma al momento que identificamos el asunto o decisión en puerta, que analizamos como opción de alta prioridad. 2.- Iniciamos por identificar las fuerzas existentes del entorno: fuerzas impulsoras de mi idea, y cuáles son restringentes del propósito y obtención de logro. Este ejercicio me permite conocer la dinámica social en la que estoy situado, y descubro qué factores objetivos actúan en mi “campo de fuerzas” (ej.: mi pareja, hijos, jefe, socio, los competidores; mis subalternos;  tipo y grado de recursos con que cuento; el tiempo en que sucede algo o la fecha límite en que debo concretar un resultado esperado, etc.). 3.- Analizo la dinámica económica que afecta o influye en mi entorno. ¿Relación con mi toma de decisión, efecto de la crisis económica mundial? ¿Fuerzas recesivas, interés financiero, qué y cómo me afectan? ¿Ahorro? ¿Solvencia, sujeción obligada al crédito? ¿Pagos inminentes? En este escenario real me sitúo. 4.- Analizo mi entorno político. ¿Elecciones en puerta?, postura personal: ¿Afiliado a un partido o a corriente política? ¿Opción ciudadana más probable? ¿Apoyos o funcionarios afines; relevos inminentes? ¿Alternación o reafirmación de alternativas personales? ¿Legislación local que modifica el estado actual de mis intereses, derechos u obligaciones? 5.- Describo la dinámica tecnológica disponible en torno a mis actividades y es indispensable para el buen desarrollo de mis tareas y proyectos.
B.- Segunda fase: 1) Ordeno lógicamente los elementos identificados en mi “campo de fuerzas”: – impulsoras… a), b), c); restringentes… a-1), b-1), c-1), etc. Al identificar una serie de incertidumbres, en grados diferentes, las ordeno lógicamente para saber qué tan crítico es mi escenario. 2) Concretizando mis escenarios. Las tendencias especificadas, funcionan como “campo de fuerzas” en que me muevo; importan porque se convierten en “actores” de la escena que construyo anticipando mi propio futuro. Modelo a grandes rasgos, como un contorno, el escenario futuro en que me moveré. No relato la historia que pasará a ciencia cierta, sino identifico un perfil, un rostro del futuro que confrontaré. No calificar de bueno o malo un escenario, ni de deseable o no deseable; se debe conocer el tipo y dirección de fuerza en mi campo de fuerzas. 3) Implicación de mis escenarios. Al momento que reconozco algunas alternativas de decisión que cruzan varios escenarios descubiertos, entonces tengo la seguridad de que ellas serán la base de mis mejores decisiones y mis planes más confiables. En este punto, las tendencias más consistentes, se convierten en mis “variables” (también llamadas ‘indicadores líderes’) más importantes que debo monitorear y darles seguimiento, con ello anticipo signos o síntomas críticos de escenarios futuros.
Poniendo en conjunto lo dicho. Un plan estratégico, implica definir la misión y la visión de una tarea o decisión dada. Entiendo el ambiente externo e interno a la comunidad en que realizo mi actividad. Defino unas cuantas líneas estratégicas de acción, que muestran una tendencia viable exitosa. Mi proyecto tiene una expresión clara, simple, legible y flexible. Le asigno un nombre sugerente, que evoque mi motivación al logro, para alcanzarlo. Hoy, no lee usted mis pensamientos, miramos juntos en la misma dirección. 
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