Opinión

Endeudamientos, congruencias e incongruencias

Como cada año sucede en el mes de diciembre en el Congreso del Estado, los diputados tomaron las decisiones sobre las iniciativas de ley de ingreso de los municipios y del gobierno del estado, y sobre el presupuesto de egresos sólo del gobierno del estado; lo destacable en esta ocasión fue el tema sobre los endeudamientos de algunos municipios y del gobierno del estado.

El tema del endeudamiento de un gobierno puede ser abordado desde distintas perspectivas: la obra civil de infraestructura y de vialidad, que siempre es grande y que con los presupuestos anuales difícilmente se realiza en un solo ejercicio anual; la capacidad financiera anual de los gobiernos para manejar saludablemente la deuda, por lo que respecta al pago de capital y de intereses; la visión de sociedad y los proyectos de gobierno, que implican una planeación de obra civil a largo plazo para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos; las posiciones políticas tanto de los gobiernos como de las bancadas partidistas en el congreso, que muestran congruencias e incongruencias respecto a la visión de sociedad que tienen y la toma de decisiones; los antecedentes históricos en México respecto a los endeudamientos y las crisis económicas; el proceso legislativo para la toma de decisiones, que se realiza de una forma en la que se manifiestan los valores y los motivos que tienen los legisladores para con las decisiones; la opinión de los ciudadanos y la sociedad, que son, según se considere dentro de la visión política y los principios de los partidos, los que deben marcar las necesidades y las prioridades.

Además es necesario revisar en todo ello la transparencia del proceso legislativo para la toma de decisiones, en tanto podemos apreciar la correspondencia de los discursos políticos con la orientación de las decisiones tomadas, con el objeto de conocer si el sí es sí y el no es no, o, en su defecto, si el sí es no y el no es sí; esto es, si estar a favor del endeudamiento es por y para beneficio de la sociedad o para otro objetivo particular encubierto, o, si el estar en contra es porque se está en contra del gobierno que hace la solicitud o porque financieramente no se puede aceptar el endeudamiento y su manejo.

Resulta importante, por lo tanto, descubrir las posiciones partidistas respecto a los endeudamientos, cuándo y por qué sí están de acuerdo los legisladores en que un determinado gobierno contrate créditos, y cuándo y por qué no lo están; ya que no es admisible que ante circunstancias similares se apliquen criterios distintos, es decir, que unas veces sí aprueban la contratación de créditos, cuando favorece a los “suyos”, y en otras no se aprueba cuando el “otro” se va a “beneficiar” con las obras que haga.

Podemos observar en los últimos años determinadas constantes en las posiciones de las bancadas partidistas en el Congreso del Estado: debido a los antecedentes históricos, los panistas han sido por lo general renuentes a aprobar las autorizaciones para la contratación de créditos, y los han apoyado cuando se presentan proyectos precisos y con cantidades bajas; los priístas se han manejado de manera diversa, en unas ocasiones apoyando las solicitudes de gobiernos priístas y oponiéndose a las solicitudes de gobiernos panistas, y en otras ocasiones, votando solos a favor de los paquetes financieros del gobierno panista –teniendo en contra los votos panistas-; en el caso de los perredistas y los otros partidos, por lo general se oponen a las autorizaciones de la contratación de créditos con argumentos sociales, que en otras entidades, donde son Gobierno, utilizan para aprobarlos.

Sin embargo, considero oportuno señalar algunas cuestiones: de entrada, la opinión que prevalece de las contrataciones de créditos de los gobiernos es negativa, debido a los antecedentes históricos de las crisis económicas y las quiebras financieras que tanto lastimaron a la sociedad, cuyo ingrediente mayor fue, precisamente, el de los altos endeudamientos prevalecientes en aquellas épocas. Con toda razón los mexicanos vimos y vemos la deuda como un obstáculo mayúsculo para el desarrollo del país, ya que aparecía asociada tanto al despilfarro como a la corrupción, y la conclusión natural versa sobre el rechazo a la contratación de deuda.

No obstante, también es necesario señalar que después de la última crisis, de 1995, por primera vez el gobierno mostró señales positivas tanto para sanear las finanzas públicas como para tomar medidas que evitaran en el futuro recaídas financieras; la crisis mundial actual ya no ha tenido los mismos impactos que se produjeron en aquellos años de crisis, debido a los buenos resultados logrados con las administraciones de los Presidentes Zedillo y Fox, y la sana administración actual del Presidente Calderón.

Es claro que hoy México tiene condiciones distintas y sólidas que le permiten tener una mejor administración fiscal y de gasto público, sin dejar de reconocer que todavía no es suficiente y que existen muchas necesidades ciudadanas que atender y problemas que resolver.

Otro punto que considero necesario comentar es que, por lo general –y dicho en el buen sentido-, todos nos manejamos con un grado determinado de deuda (una televisión, una computadora, un automóvil, una casa, etc.), que podemos tomar como referencia para llevar el manejo del crédito al nivel de los gobierno; dejo de lado los problemas de carteras vencidas de las tarjetas de crédito con todo lo que es necesario considerar ahí y que es importante que se atienda, incluido el desorden en el gasto personal y familiar y la deficiente administración del ingreso que ya de por sí es insuficiente, y  la necesidad de regular la intermediación financiera de los bancos.

Regreso al punto de que es común que nos manejemos con créditos cuyos pagos mensuales incluimos en los presupuestos y los hacemos de manera manejable; además es necesario retomar que existen obras civiles que no se pueden realizar con los solos presupuestos anuales, debido a que son muchas –las obras que se necesitan-, debido al crecimiento de la población y el desarrollo natural de la sociedad, y que, para un nivel determinado de calidad de vida ciudadana que deseamos, son necesarias.

Esto quiere decir que no debemos rehuir el manejo de créditos y considerar que sí es posible tener una administración de finanzas sanas; tenemos prejuicios por los antecedentes, sin embargo, también hemos avanzado en una sanidad financiera.

Otro elemento necesario e indispensable para que se de esta administración sana, en el que no hemos avanzado lo suficiente, es en la rendición de cuentas: este punto puede ser suficiente para que no podamos superar el temor al endeudamiento, ya que los engaños de los gobiernos los tenemos presentes todavía.

Lo considerado hasta este renglón nos lleva a señalar un elemento fundamental de la administración pública: la “puesta en punto” de la administración de gobierno que queremos. Es frecuente observar que las cosas de gobierno no resultan como queremos, a lo que por lo general le encontramos “peros” y la reacción –un tanto natural- es rechazarlas: se otorgan apoyos para el campo, pero “no sirven” de nada; se dan becas a estudiantes, pero “no son suficientes”; se facilitan créditos de vivienda social, pero “son de mala calidad”, etc., etc. Peros que son comprensibles y, desafortunadamente en muchos casos, justificables.

La puesta en punto significa que cada uno de esos programas de gobierno debe ser “modelado” hasta que dé a la sociedad el resultado deseado y esperado: que los programas del campo eleven tanto su productividad como la calidad de vida de los campesinos; que las becas ayuden a las familias, eviten la deserción y los estudiantes terminen los estudios; que la gente pueda tener su casa, con créditos al alcance y con construcciones de calidad.

Es el caso para la contratación y administración de deuda: primero que se cuente con planes de desarrollo de obras civiles –escuelas, hospitales, carreteras, pasos a desnivel, etc.- que sean de largo plazo y puedan ser continuadas por los gobiernos, tanto de un partido como de otro; de tal manera que, por ejemplo, un plan de vialidad pueda contemplar –invariablemente- la construcción de un determinado número de pasos a desnivel, y que al cabo de diez o veinte años el estado –el país- tenga, en muchos otros temas también, un nivel de calidad de vida que no haya sacrificado el bienestar de los ciudadanos.

Hacer gobierno es un tema interesante de análisis: gobernar no es hacer caridad, gobernar es hacer tanto lo ordinario como lo extraordinario, gobernar es hacer que las cosas y los sistemas “funcionen”, gobernar es que los ciudadanos –sin tener que corromper o corromperse- puedan hacer su vida de manera natural.

Tenemos otra oportunidad más de observar en la sociedad y su gobierno, si nos manejamos con congruencia o seguimos siendo incongruentes. n

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Abelardo Reyes Sahagún

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