Opinión

La crisis no existe, el dinero tampoco

Ha comenzado el año de la crisis económica mundial. Comentarios, artículos, editoriales y noticieros han llenado espacios sin explicar de qué se trata esta famosa pero infame crisis.

Así como al pez le resulta difícil describir el agua porque vive en ella, difícil también es describir la crisis cuando estamos inmersos  en un sistema económico en el que hemos creído sin objetar sus fundamentos: valora la especulación por encima de la creación de riqueza. Es un sistema donde al trabajo humano se le ha desvinculado de su capacidad de crear valor, pero sobre todo y por encima de todo, donde el medio de cambio, el dinero, se ha convertido en el fin último y propósito del ciclo económico. Una mercancía que se crea por convenios virtuales, voluntades  ajenas a la capacidad del mundo físico y escasea y encarece artificialmente. Donde por el afán de acumularlo no importa depredar el medio ambiente, crear guerras o imponer gobiernos que respondan sólo a los dueños del dinero.

Es un sistema que, irónicamente en aras de la libertad, nos ha llevado a ceder nuestra libertad precisamente para empoderar a quienes han sujetado al mundo a su voluntad a través de la creación y control del dinero.

La crisis que ahora enfrenta el mundo no es económica, es monetaria y no es general. Está circunscrita sólo al sistema financiero monetario que, por haberse impuesto como verdad absoluta a través de la cultura del pensamiento único, parece real y por ello amenaza la existencia de las personas a través de negarles la posibilidad de autodeterminarse. El poder absoluto  otorgado al dinero hace que la crisis financiera amenace la vida de los seres humanos al condicionar su futuro, confisque su libertad al limitar su presente y niegue su propiedad, al expropiar su pasado reflejado en el producto de su trabajo.

Pero a pesar de la multicitada y temida crisis, el mundo continúa igual: No se ha deteriorado la tierra, existe aún la capacidad de ésta para producir alimentos y entregar al ser humano los recursos del subsuelo. No se han destruido fábricas, escuelas, organizaciones; permanece intocada su capacidad. Las personas seguimos teniendo habilidades, aptitudes, talentos y valores. Existen aún todas las condiciones para generar riqueza. No hay pues razón alguna para sufrir una crisis económica. Lo único que sucede es que quienes nos han impuesto el monopolio del medio de intercambio han sucumbido por su propia ambición.

Si tenemos la capacidad de desligar el proceso económico del fenómeno monetario, no existirá la crisis. Pero para ello es preciso replantear los fundamentos de nuestro acuerdo económico. Deberá ser solidario, respetuoso de la libertad individual tanto como de la colectiva y deberá liberar socialmente el medio de cambio, hacer el dinero un bien público.

Para llevar a cabo este cambio, es preciso reconocer que el libre mercado se contradijo a sí mismo cobijando el germen de su propia destrucción: el monopolio del dinero más allá que del capital. El dinero que hoy en día domina en el mundo es producto de la expropiación de la riqueza de las personas para generar el compromiso llamado deuda.

El dinero no existe, se produce de la nada cuando alguien da en prenda un valor, una propiedad y promesa de pago. Con la emisión de ese tipo de dinero, dinero fiduciario, va el compromiso del pago de interés por el uso de un bien que debiera ser público. El interés  hace que el cobrador se apropie de la riqueza que es capaz de generar el deudor (en el futuro, su presente y su pasado). Y al repetirse al infinito a través de la multiplicación de los deudores, lleva al servicio de la deuda a niveles que rebasan la capacidad de la comunidad productiva de generar riqueza. Esto es lo que ha pasado y lo que ha hecho quebrar al sistema.

La crisis, la desesperación, la pérdida de la libertad, el patrimonio y el futuro son inminentes en tanto continuemos condicionando el empleo, las ventas y la producción a la disponibilidad del dinero fiduciario ya que éste va a escasear. Es preciso disponernos, ante la gran dimensión del reto, a cambiar consecuentemente nuestras creencias y paradigmas. A reconocer en la búsqueda del beneficio colectivo, el bienestar individual. De eso se trata la Economía Solidaria que se presenta hoy como opción en el mundo ante la debacle del sistema capitalista. Por eso en diversas partes del mundo han estado multiplicándose las redes o círculos de intercambio, se han creado sistemas de monedas complementarias y alternativas. Aprovechando las ventajas de los sistemas libres de informática se están sustituyendo a los bancos con mecanismos en línea de compensación de saldos de moneda social y favoreciendo la libre concurrencia a mercados solidarios con información de oferta y demanda.

Si tú, amable lector, lectora, te resistes a aceptar la crisis impuesta, no dudes en escribir, que haremos un nuevo camino al andar.

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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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