Opinión

Las sencillas causas del subdesarrollo

¿Cuál es la diferencia entre un país desarrollado y uno subdesarrollado? ¿Cómo es posible que países devastados totalmente por la guerra, como Japón y Alemania, hayan resurgido de las cenizas en tan pocos años, para ser lo que hoy son? ¿Por qué México, con sus recursos naturales, su extensión territorial, su clima y otros factores, sigue sumido en el subdesarrollo?

Podemos considerar un factor esencial como razón de nuestro subdesarrollo, factor que afortunadamente no es insuperable. Ese factor es la falta de decisión para hacer bien las cosas, tanto en lo público como en lo privado.

No podemos considerar como factores relevantes la idiosincrasia, el clima, la raza ni cosas por el estilo. Estos más bien son pretextos o justificaciones de nuestra indecisión.

Efectivamente, de manera generalizada, somos un pueblo que no quiere hacer bien las cosas que le conciernen, tanto las privadas, es decir lo que nos atañe a cada quien, ni las públicas, o sea el ser y actuar con conciencia de integrantes de la comunidad. Sólo actuamos, generalmente, en base a nuestro interés personal inmediato. Así de simple. Por ello, ni siquiera en nuestros propios asuntos particulares o privados, queremos ver más allá de lo inmediato. Perdemos de vista el panorama que es posible ver cuando se tiene grandeza de miras. Mucho menos queremos reconocer la necesidad de actuar consecuentemente como integrantes de una comunidad. Para nosotros, la comunidad –como algo que nos atañe- nos resulta ajena, lejana y sólo lamentamos los problemas comunitarios, cuando algo comunitario afecta de manera importante nuestro interés personal inmediato; ni siquiera las afectaciones menores nos preocupan.

Aspectos relevantes como el estudio –desde pequeños- y el desarrollo cultural en general –lectura,  música, deporte y otros ámbitos culturales- los menospreciamos. En el aspecto del estudio, pertenecemos a la cultura del “estudiar para pasar” pero no para saber y si se trata de una carrera, nos resulta como importante ante todo el lucro y no la realización personal. Las cuestiones culturales las consideramos como accesorias, como pasatiempos y aún como mera recreación que a veces nos es innecesaria. Los perjudicados primeros y directos de esta actitud, somos nosotros mismos y en cuanto padres de familia, perjudicamos a nuestros hijos. Luego, de manera trascendente, el perjuicio pasa a la sociedad; el subdesarrollo mental, es causante del subdesarrollo de la comunidad, de la nación. Actitudes como esta y otra, que caen en nuestro estricto ámbito de decisiones y acciones personales, son la causa inicial y más relevante de nuestro subdesarrollo.

Aunado a lo anterior, nuestra actitud como individuos integrantes de una comunidad, es totalmente falta de espíritu comunitario, de solidaridad. Ya lo apuntamos arriba: sólo nos preocupan los asuntos comunitarios cuando afectan gravemente nuestro personal interés inmediato y si no es así, entonces “ahí se va”, todo es tolerable o peor aún, nada nos interesa.

Por nuestro interés personal justificamos siempre nuestra falta de interés cívico, nuestra irresponsabilidad social y aún la corrupción cuando somos partícipes de ella. La cultura de la mordida nos es innegable y el que esté exento de culpa, que tire la primera piedra… (Después de esperar un rato no he visto volar piedras… ¡Qué bueno! Al menos no fingimos una honestidad colectiva que no tenemos; eso es buen comienzo para remediar muchos males).

En lo gubernativo, somos igualmente un pueblo indeciso. Los sucesivos gobernantes en los diversos cargos públicos dejan de actuar, ante todo, por una cortedad de miras. No piensan en el bienestar de la comunidad ni en el futuro a largo plazo; piensan solamente en su futuro personal inmediato. Por ello, las grandes decisiones les son ajenas, les temen, las evaden y, por ende, los grandes problemas comunitarios quedan sin resolver.

A pesar de todo lo anterior, podemos considerar que somos un pueblo que puede tener un gran futuro; no somos víctimas de males incurables ni carecemos de inteligencia. Lo que nos hace falta es decisión personal y ésta sólo la alcanzaremos por la convicción de que es necesario hacer las cosas bien y de que podemos hacerlas bien.

En lo gubernativo, se necesitan gobernantes decididos a atacar los problemas colectivos con planteamientos serios y sin miedo. Requerimos de estadistas en el gobierno, de esos mexicanos que conocen y piensan en las necesidades colectivas y que son capaces de proponer soluciones y ejecutarlas, a costa de lo que sea. Se necesita mano firme, pero ésta sólo la tiene quien tiene la convicción de hacer lo que se tiene que hacer.

Necesitamos estadistas decididos a atacar los problemas colectivos, hablando claro a la sociedad sobre los planes, los objetivos y los programas de gobierno. Habiendo honestidad gubernativa se puede tener el apoyo social para las decisiones y acciones de gobierno. La solidaridad social con la autoridad es el elemento indispensable para la realización de los grandes objetivos de gobierno.

El combate a la inseguridad, más y mejor educación –pública y privada- y más y mejores servicios públicos (bien precisos) deben ser los objetivos primordiales de nuestro gobierno y de nuestros gobernantes, pero sin demagogia, sin miedo y con grandeza de miras. Cuando de manera generalizada tengamos políticos así, el país comenzará a salir del subdesarrollo. Antes no.

Desde la nieve de los bosques del Schwartzwald, en el suroeste de Alemania, envío al lector un saludo y un abrazo cálidos (aunque acá hace “un buen” de frío). Frohes neu Jahre! Auf wiedersehen! n

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guillermacias

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