Opinión

Más sobre bicicletas y la ciudad

Este apunte es una reflexión adicional a lo escrito aquí en La Jornada Aguascalientes por Andrés Reyes la semana pasada, en relación al asunto del uso de la bicicleta, tanto como medio de transporte, como instrumento deportivo, de recreación y de salud.

La esencia del apunte de Andrés es sin lugar a dudas promover el uso de la bicicleta, lo cual comparto más que totalmente pues soy  “hidropedal” de corazón. Sin embargo quiero disentir de algunos conceptos que expresa el propio editorialista –quien es de muchos conocido por su amplia cultura y quien por ende es persona muy respetable- y disiento sólo con el ánimo de propiciar en el lector más reflexión cívica sobre el uso de la bicicleta.

Señala Andrés que el uso generalizado de la bicicleta en Aguascalientes como medio de transporte cedió para quedar relegado como instrumento de ocio y recreación; dice que el automóvil le ganó la carrera a la “bici” y que circular en bici es ganarse el estigma de ser pobre. Tiende el apunte de dicho editorialista a promover la idea de recuperar la bicicleta como medio de transporte usual. No comparto esas ideas, pero insisto, sí comparto la intención más profunda que se encuentra en dicho apunte, de volver al uso generalizado de la bicicleta.

No comparto la idea de que el automóvil le ganó la carrera a la bicicleta. La bicicleta fue poco a poco eliminada de las vías públicas no por el automóvil, sino por la falta de vías propicias de circulación en condiciones de seguridad. La culpa no es del automóvil, sino del automovilista. Pedalear en nuestras arterias citadinas es una acción de gran riesgo; no existe cultura de respeto para el ciclista. Es verdaderamente atemorizante escuchar tras de uno el rugir del motor de un camión urbano –cuyos conductores, por lo general no tienen el mínimo respeto por ningún otro vehículo, sea de dos, cuatro o más o menos ruedas- y también sentir la amenaza latente de la incultura generalizada de los demás conductores de vehículos. La reducción del uso de la bicicleta no está en función de la preferencia del uso del automóvil sino de la falta de seguridad al usar el biciclo en nuestras vías públicas.

Por otra parte, tampoco la causa de disminución del uso de la bicicleta es el temor de parecer pobre. No, esto no es así. Al contrario, en la actualidad el uso de la bicicleta está propiciando un estatus especial –sobre todo cuando se tiene una bicicleta costosa, como muchas que son más caras que algunos automóviles, al menos usados-. Poder salir en bicicleta actualmente es disponer de tiempo para recreación o deporte y además es hacerlo en un medio cuyo costo –en los casos de calidad mediana a buena- ya no es tan bajo. Hay bicicletas de precios estratosféricos. El precio de una bicicleta de buena calidad –no de las úsese y tírese- ronda el promedio de los siete u ocho mil pesos, pero las hay de veinte, treinta, cincuenta y muchos más miles de pesos, eso sin contar los accesorios –indispensables o no- como el casco, los guantes, los zapatos de clip para el pedal, lámpara y otras monerías. Si bien es cierto que puede haber algún acomplejado que no ande en bici por parecer pobre, considero que otro factor que también ha coadyuvado a la disminución del uso de la bici es el precio.

Además de lo anterior, considero que no es viable la sola idea de pretender el uso generalizado de la bicicleta como medio de transporte usual. Esto no es posible en nuestro medio. Las distancias y el clima lo impiden. Puede ser un medio de transporte usual en ciertos casos pero no generalizado. El calor, sobre todo el excesivo del final de primavera –fines de mayo y principios de junio- y luego la temporada de lluvias de julio a septiembre, hacen muy inviable este medio para considerar su uso regular como medio de transporte.

Sin embargo, el uso de la bicicleta puede ser considerado como un posible medio alternativo de transporte para determinadas circunstancias y, desde luego, como medio generalizado de recreación, deporte y salud y para ello es necesario promover un proyecto general de ciclovías, no sólo en nuestro medio urbano sino en nuestras vías de comunicación que unen ciudades, localidades y comunidades.

Como medio alternativo de transporte puede ser considerado para ciertas actividades y ciertos momentos. Por ejemplo, para ir a la escuela o al trabajo, en las temporadas de clima previsiblemente regular o para ir a algunas compras o lugares y aún para ir a la escuela o a trabajar, bajo la condición de cercanía del centro educativo de trabajo, pues no se puede pretender convertir a la bicicleta en un instrumento de tortura física, que demande un gran esfuerzo físico para llegar agotados a la escuela o al trabajo y peor aún, para regresar al hogar extenuados después de la jornada de educativa o de trabajo y pedaleo. Aún puede usarse como instrumento de viaje de vacación –yo lo he hecho muchas veces- y de esos viajes ha quedado constancia periodística –pa’ que no se dude de que hablo –escribo- con conocimiento de causa.

Lo alternativo del uso de la bicicleta no está en sustituir otros medios de transporte, sino en utilizarlo en los casos y condiciones en que es posible hacerlo.

Para ello es efectivamente necesario un proyecto serio, bien estructurado de ciclovías y de alguna poca infraestructura adicional necesaria –tal como los paraderos-. No se puede pretender el uso de la bicicleta con una sola ciclovía, sino con una red bien definida de rutas, respetadas y usadas para el tránsito de bicicletas, que propicien las condiciones de seguridad necesarias, para que no se les convierta en un instrumento que lleve al ciclista a la página roja de los periódicos, como usualmente acontece, a manera de nota de atropellado y “planchado” por vehículo fantasma. El tamaño y características de nuestra ciudad y de nuestro estado aún permiten la estructuración y creación de un buen proyecto de ciclovías; tal vez después, sea demasiado tarde, cuando ya el crecimiento haga casi imposible su establecimiento.

También quiero coincidir en una idea fundamental que se expresa en al artículo referido de Andrés Reyes. Hacer vialidades seguras a manera de ciclovías se resuelve ante todo con voluntad política –más que con dinero- y también con inventiva y con iniciativa. No me queda ninguna duda que en este caso, querer es poder. Si un proyecto de ciclovías se adopta por el gobierno, no con propósitos demagógicos ni como llamarada de petate sino como producto de una convicción con criterio realista y decidido, en Aguascalientes podríamos volver a usar la bicicleta como un medio alternativo de transporte y como un vehículo de recreación, deporte y salud en condiciones de total seguridad, con todos los beneficios que esto representa. Todo es cosa de querer. Gente que quiere pedalear hay mucha y por muchas razones. Todo es cosa de contar con las condiciones públicas propicias para subirse al biciclo. Por lo pronto, aquí dejo de escribir y me voy a darle al pedal por algún camino polvoriento entre nuestros hermosos huizachales.


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guillermacias

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