Opinión

Rebambaramba

El anuncio no pudo ser menos contundente: Lo peor está por venir, en el primer trimestre del 2009 la violencia llegará a su máxima fase, aunque eso sí, “No todo el año, pero habrá más violencia porque no hemos alcanzado el nivel pico”, lo presagió el Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, en reunión con corresponsales de la prensa extranjera.

No se ha alcanzado el punto más alto a pesar de que en esa misma reunión informó que en 2008 los asesinatos vinculados a la delincuencia organizada se incrementaron en 117% respecto al año anterior, al sumar 5 mil 376; que se contabilizaron un total de 11 mil homicidios dolosos; que 800 policías fueron ejecutados, entre locales, estatales, agentes federales y militares. Advertidos estamos, lo peor está por venir.

Estamos atrapados en esta guerra de la que somos un daño colateral, en la que mueren por error los que iban pasando, los despistados, guerra que el gobierno decidió y que, pesimista que es uno, está perdida desde el inicio, no importa cuántas batallas se puedan ganar, si se realiza el mayor decomiso, si se atrapa a los líderes de un grupo o de otro, si…

No se puede ganar al narcotráfico con los esfuerzos únicamente concentrados en resolver un problema de seguridad, dejando a un lado el terreno de las ideas, ese donde es urgente debatir la pertinencia de la prohibición. Vale la pena una cita de Antonio Escohotado, lúcido ensayista y autor de la Historia General de las Drogas quien señala que “El prohibicionismo en materia de drogas es -cada vez más- un remedio que agrava el mal en lugar de evitarlo; su vigencia sostiene imperios criminales, corrupción, envenenamiento con sucedáneos y meros venenos, hipocresía, marginación, falsa conciencia, suspensión de las garantías inherentes a un estado de derecho, histeria de masas, sistemática desinformación y -cómo no- un mercado negro en perpetuo crecimiento”.

Lamentablemente, por inteligentes y lúcidas que sean esas opiniones, el horno nacional no está para esos bollos, los intentos por discutir otras salidas, no el enfrentamiento frontal, se diluyen o minimizan calificándolas de bromas, el gesto adusto de la autoridad recuerda que en esta guerra ha habido muertos, y habrá más, por lo que se exige seriedad, nada de meter ruido.

Ruido, como en Macbeth, como la escena inicial del encuentro de las brujas, la primera de ellas pregunta cuándo se volverán a ver, si bajo la tormenta, el rayo o la lluvia, y la respuesta es: “When the hurlyburly’s done / When the battle’s lost and won”. El diccionario define hurlyburly como confusión y desorden ruidoso, la traducción del Proyecto Shakespeare de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM dice “Cuando acabe el estruendo”; la del Instituto Shakespeare pone: “Cuando el caos acabe”, la de Joaquín Gutiérrez (terrible) traduce así: “Cuando todo lo alborota / la victoria y la derrota”. Si por mí fuera, en lugar de hurlyburly, usaría el cubanísimo: rebambaramba, que me parece transmite mejor la idea.

¿A qué la mención de la rebambaramba?, por la facilidad de sentirnos Macbeth, Harold Bloom lo explica así en su Shakespeare La invención de lo humano: “La reacción universal ante Macbeth es que nos identificamos con él (…) Macbeth sufre intensamente de saber que hace mal, y que tiene que seguir haciendo cosas cada vez peores. Shakespeare se asegura de manera bastante aterradora de que seamos Macbeth, nuestra identificación con él es involuntaria pero inescapable”. Sin intención de caer en el facilismo de la teoría de la conspiración, el discurso de la autoridad, el efecto sobre la ciudadanía, es tan estridente que no deja opciones, es un ruido que opaca cualquier otro tema, todo se justifica si es en aras de la seguridad, rebambaramba que induce al olvido.

La participación ciudadana es también el cultivo de la memoria, no podemos obviar, hacer a un lado en nombre de una lucha a la que se nos ha obligado, que hay otros temas como la educación, la distribución del gasto, los programas sociales, la defensa de los derechos humanos, entre tantos otros, que han sido relegados de la agenda nacional.

En el ámbito local, por ejemplo, una ciudadanía informada está obligada a no olvidar que los diputados, entre risas y chanzas, sin vergüenza ni argumento alguno, aprobaron un presupuesto de egresos terrible, sin necesidad de justificar las razones de su voto; que la rebambaramba no acalle nuestra mirada, en medio del barullo se pueden perder de vista problemas cuya solución sí está en nosotros.

La guerra contra el narcotráfico, el de la inseguridad son parte de un agenda mayor, no excluyen la necesidad de pensar y resolver otros temas, pareciera que con el petate del muerto buscan espantar la exigencia de rendir cuentas, como si así lograran hacernos olvidar que es un año electoral y quienes tienen el poder de elegir, somos nosotros, los ciudadanos, que está en nuestras manos no ser cómplices, recordar. n

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Edilberto Aldán

Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
@aldan

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