Opinión

Una mirada a la rebelión en el Museo de la Insurgencia

Ubicado en una finca del siglo diecisiete de gran valor patrimonial, se encuentra el “Museo de la Insurgencia” en Pabellón de Hidalgo, perteneciente al municipio de Rincón de Romos.

A pesar de estar abierto desde 1964 muchos aquicalidenses desconocen su existencia, es el caso de mi amigo Fernando Romo, quien me acompañó hace unos días a visitar esa extraordinaria construcción que en otra época fuera la casa grande  de la Hacienda de San Blas.

En esta casona se encuentran aún diversos objetos, documentos, muebles y motivos alusivos a la Guerra de Independencia; de hecho la presencia de mi amigo y propia, obedecieron a una invitación que recibimos para escuchar una conferencia titulada Francisco Primo de Verdad y Ramos, precursor de la independencia.

Hugo Castro Aranda, el expositor, señaló que Francisco Primo de Verdad fue uno de los criollos que peleó más arduamente para que el Ayuntamiento de la Ciudad de México gobernara Nueva España, tras el encarcelamiento de Fernando Séptimo por Napoleón.

Debo confesar que estando en ese hermoso edificio, con sus pisos y paredes extraordinariamente conservados, tal y como fueron construidos originalmente, me transporté a esa época de reyes, virreyes, audiencias, ayuntamientos, peninsulares y criollos.

Pensé en el alzamiento en armas del pueblo español contra la invasión francesa. En cómo la desaparición del poder legítimo, tras la imposición del hermano de Napoleón Bonaparte como rey, llevó a las diversas provincias españolas, inflamadas de un espíritu nacionalista, a integrar juntas gubernativas, incluyendo una Junta Central en Cádiz.

Recordé que en México, la abdicación del Rey de España ante el intruso soberano francés, representó para los criollos (hijos de españoles nacidos en Nueva España) la coyuntura que les permitió manifestar abiertamente sus ideales de independencia.

Los criollos destacados como Francisco Primo de Verdad, Juan Francisco Azcárate y otros, argumentaban que con base en las Leyes de Indias y el derecho medieval, Nueva España era un reino dependiente de la Corona, y que si sus otros reinos ubicados en la propia España habían hecho sus juntas, Nueva España no tenía que ser la excepción.

El derecho del pueblo para darse un gobierno propio fue la tesis central de criollos eminentes, representantes de grupos criollos que se organizaron en juntas para promover la formación de un nuevo gobierno. En las juntas celebradas en México en 1808, sobresalieron los miembros del Ayuntamiento: Fray Melchor de Talamantes, Juan Francisco Azcárate, José Antonio Cristo y Francisco Primo de Verdad y Ramos.

La actitud de franca independencia asumida en 1808 por los criollos activistas provocó en el núcleo dominador peninsular graves temores, principalmente por la libertad popular que presagiaba, lo que lo impulsó a dar fin a estos intentos mediante el uso de la fuerza, aniquilando el primer esfuerzo de organización y formación de un gobierno democrático, que el país necesitaba para constituirse.

El Virrey Pedro Garibay (1808-1809) decretó la prisión y el destierro de los precursores de la independencia, incluyendo a Francisco Primo de Verdad y Ramos, Azcárate y Talamantes, entre otros. Primo de Verdad pereció en prisión, y en las mazmorras de San Juan de Ulúa, Fray Melchor de Talamantes. Se abrieron procesos criminales contra todos los involucrados.

Una vez destruido ese intento de organización jurídico-política autónoma por medio del pronunciamiento violento, desechando ese intento democratizador, no les quedó a los mexicanos que anhelaban su libertad otro recurso que el de acudir a la rebelión armada para obtener su independencia.

Entre 1809 y 1810, Francisco Javier de Lizana y Beau Montt, Arzobispo de México, creó varios cuerpos de milicia tendientes a pacificar el virreinato y evitar su desmembramiento. Pero ya era demasiado tarde. Impulsados por la inspiración de Francisco  Primo de Verdad y Ramos y sus compañeros de ideales, el 16 de septiembre de 1810, en Dolores Hidalgo, Miguel Hidalgo y Costilla inició la Guerra de Independencia, junto con próceres como Ignacio Allende, Juan Aldama, Ignacio López Rayón, José María Morelos y Pavón y muchos más.

Todos ellos querían un país nuevo, independiente, libre de ataduras que lo habían inmovilizado por trescientos años, con base en la integración total de la población, ideal al que había aspirado y por el cual entregó su vida Francisco Primo de Verdad y Ramos.

En el Museo de la Insurgencia, orgullo y tesoro histórico de Aguascalientes, supe que Francisco Primo de Verdad fue uno de los criollos que más luchó para que el Ayuntamiento de la Ciudad de México gobernara Nueva España. Comprendí entonces que fue un hombre que se adelantó a su tiempo y que la historia de México lo tiene como uno de los más grandes precursores de la Guerra de Independencia. n


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Isidoro Arméndariz

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