Opinión

Vicario de la Homofobia

Para despedir 2008, el papa Benedicto XVI atacó duramente a los homosexuales, al calificar “la confusión de los sexos” como una amenaza tan grave para la humanidad como los cambios climáticos que registra el planeta. “Si las selvas tropicales merecen nuestra protección, el hombre (…) la merece mucho más”, agregó.

El miembro de la Juventud Hitleriana defendió “una ecología del hombre” así como el matrimonio tradicional contra cualquier otra forma de unión, en particular la gay. Las críticas a la autorización a “cambiar sexo” o “género” que aceptan algunas legislaciones fueron hechas por el “Santo Padre” en ocasión de los saludos de fin de año a la Curia Romana, que históricamente no podríamos llamar pura y casta.

Vienen a mi mente algunos pasajes biográficos –o pornográficos debería decir- sobre Julio II, León X y Clemente VII, que pueden ser consultados en el libro La vida sexual de los Papas (Nigel Cawthorne, Grupo Editorial Tomo, México, 2000) o en tono más jocoso en La iglesia y otros cuentos (Eduardo del Ríos –Rius-, Grijalbo, México, 1984). En ambos se relatan las correrías y desenfrenos de los “sucesores de San Pedro”.

De acuerdo con un tratado escrito en el Siglo XVII, Julio II “abusó de dos caballeros jóvenes, entre otros muchos”. Al parecer, estos jóvenes eran dos nobles “que la Reina Ana de Francia había mandado con el Cardenal de Nantes para recibir instrucción”. El amigo y biógrafo de León X, el Obispo Biovio, dijo abiertamente: “Tampoco estuvo libre de la desgracia ya que al parecer tenía un amor desordenado hacia algunos de sus camarlengos, que eran miembros de las familias más nobles de Italia, les hablaba con ternura y hacía bromas”. Era obvio que había practicado “la sodomía” por años. Según el cronista Paulus Jovius, el papa Clemente VII (1523-34) era “un bastardo, un envenenador, un sodomita, un adivinador, y un ladrón de iglesias”.

Regresando con el ex cardenal Joseph Ratzinger, cuando este era prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe –la antigua Inquisición- publicó las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, donde entre otras linduras, el alemán incluye una exhortación a legisladores de todo el mundo: “Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas”. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia. No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.

Lo que llama la atención es la contradicción existente en el Catecismo de La Iglesia Católica, que reconoce y reprime la atracción entre personas del mismo sexo: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (Apartado 2358).

En el siguiente párrafo indica: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”. En síntesis, ¡se puede ser homosexual mientras no se ejerza dicha condición!

La historia la escriben los vencedores, y no dudo que en el imperio terrenal del titular de la Santa Sede, podría ordenarse que se borren algunos pasajes incómodos de las escrituras. O ¿cómo reconocer que el antecesor de Jesucristo, el rey David, tuvo relaciones non sanctas? por algo el gran Miguel Ángel eligió a este soberano judío para plasmarlo en una mole de mármol, con su sobrino como modelo y de quien las malas lenguas aseguran se enamoró.

Sólo échele un vistazo a este pasaje de la Biblia, cuando el rey David contempla el cadáver de “su amigo” Jonatán: “Cómo sufro por ti Jonatán, tu amor fue para mí más delicioso que el amor de las mujeres” (2 Sam.1.26). En versículos previos se da testimonio del gran afecto que se prodigaban y de la historia que llevó al fatal desenlace.

Espero que sea otro el destino que tenga la iniciativa para despenalizar la homosexualidad (aunque usted no lo crea, subsisten hasta penas de muerte en el mundo) que suscribieron 66 países ante la ONU el pasado diciembre, que para variar, rechazó El Vaticano… ¡amén!

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marcogarc

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