Sociedad y Justicia

“Vámonos, que ya ensillaron”… Una visita a las entrañas del C-4 estatal

"Vámonos, que ya ensillaron”, es un refrán muy mexicano, de la etapa revolucionaria, que se utiliza para indicar que todo está listo para emprender alguna tarea, y a esa voz, del teniente coronel de Transmisiones, Jorge Ríos Contreras, iniciamos un recorrido por las poco conocidas entrañas del bunker del Centro de Control Cómputo y Comando estatal, las cuatro “C” con las que se forma el C-4 (también se conoce como C-4 –quizá de ahí la idea- es una variedad común de explosivo plástico de uso militar; pero también es un término adoptado en mercadotecnia. “En las últimas décadas se ha estado hablando sobre las “4 P’s” de la mercadotecnia desarrolladas por Jerome McArthy -Producto, Promoción, Precio y Plaza-. Sin embargo, unos innovadores de la Universidad de Northwestern han visto que éstas ya no se adecuan al nuevo entorno competitivo… Aunque no es un nuevo concepto, la controversia radica en que si las 4 C’s desplazarán a las 4 P’s. Así, las 4 C’s se convierten de Producto evoluciona a Cliente; Promoción / Publicidad hacia Comunicación; Precio hacia Costo y finalmente, Plaza hacia Conveniencia). 

El C-4 estatal es, en efecto, un bunker, un sitio bien resguardado, como corresponde, por la importancia de la información a que desde su interior se tiene acceso a nivel nacional. Es, sin embargo, un sitio amable, porque su personal lo es, y basta con las palabras que se requieren para la presentación y los motivos de la visita, para que el ambiente se destense, para que el rostro adusto se relaje, para que aparezcan las personas que están detrás de los cargos. Se baja la guardia y se abren los brazos. 

Pero, no cualquiera trabaja ahí. Todos, desde el más encumbrado hasta el más humilde empleado, han pasado por exámenes de control de confianza que ni siquiera los policías ministeriales igualan; es decir, son pruebas más extremas. Ocurre algo similar con los elementos de la Policía Estatal; todos ellos podrán estar capacitados para operar las patrullas equipadas con alta tecnología conectada a las bases de datos, pero no todos están habilitados para ello. 

Es un sitio interesante, enclavado en las instalaciones del Instituto Estatal de Seguridad Pública de Aguascalientes, dependiente todo ello de la Secretaría de Seguridad Pública y Vialidad Estatal que, para describirlo en una nota periodística no basta el lead como introducción, sino que hace necesario describir, paso a paso, a grandes rasgos, lo que se ve y lo que se escucha. 

Entramos a la Sala de Crisis, un nombre que obliga a preguntar el por qué de su peculiar denominación. Es sólo una sala de juntas, una mesa de regular tamaño, en torno a la cual se reúnen las más altas autoridades del estado, “si el clarín con su bélico acento…”, es decir, alguna contingencia, lo amerita. No se ha presentado el caso, a lo más que se ha llegado es a programar ahí las acciones para enfrentar las consecuencias de las voluminosas lluvias de los erráticos temporales.  

¿Por qué aquí? “Porque es el lugar adecuado para las comunicaciones, ofrece seguridad, por su naturaleza: este es un bunker, un lugar seguro, al que para tener acceso se requiere incluso de la identificación por medio de las huellas dactilares. 

“Son instalaciones subutilizadas”, arriesgo, para destacar la fortuna de que no se les requiera con frecuencia. El director rechaza el término, “es un poquito fuerte; subutilizadas, no. Estamos listos para eso, pero como no los hay, se utiliza para otras cosas, como recibir la visita de los diputados del Congreso; pero, subutilizadas, en los términos que usted lo cuestiona, no”. 

Si fuera el caso, desde la Sala de Crisis se tiene comunicación con el centro, en la capital de la República, y con todas las entidades federativas, para coordinar las acciones a que hubiese lugar, por medio de la llamada Plataforma México, que es el sistema nacional de seguridad pública. Todos los estados cuentan con instalaciones para la comunicación con ella. “Es una obligación que tengan su C-4, y se sigue caminando, no se ha terminado, se siguen implantando metodologías, sistemas. Si se requiere chequear una placa aquí, de un vehículo que llegó de cualquier punto del país, de inmediato vemos todo su historial, y sabemos si tiene algún reporte, de robo, por ejemplo”.  

El C-4 es en realidad el centro de operaciones, donde se reciben las llamadas de la ciudadanía, del municipio de la capital y de los municipios del interior, a través del 086 y el 089; el primero para llamadas de emergencia, y el segundo para reportes anónimos que la población quiera hacer, de personas y operaciones sospechosas. Aquí también se tiene el monitoreo de las cámaras de video vigilancia instaladas en puntos estratégicos del estado.  

En el Centro de Control hay guardias permanentes de elementos de todas las corporaciones policíacas: municipales, estatales, ministeriales, federales, de la Secretaría de la Defensa Nacional, de centros de atención pre-hospitalaria (ambulancias), bomberos, protección civil, etc. Toda llamada que se capta, es derivada a la computadora del área respectiva, donde se procesa y envía a la corporación correspondiente, para que atienda la demanda ciudadana; se toma nota y se le sigue la pista, hasta obtener un informe del resultado. Se cierra el círculo. 

De cien llamadas que se reciben, 82 “son falsas, mentiras, de gente que trata de desgastar a la policía. Antes, descaradamente nos desgastaban, entonces llega el general, se diseñan estrategias, nos aseguramos de la veracidad de la llamada, identificamos la ubicación del teléfono, si es caseta pública, y procedemos”, dice el teniente coronel de Transmisiones, y refiere con satisfacción el caso de un sujeto que llamó desde un teléfono público de Jesús María para advertir que mataría policías, y se le detuvo antes de que colgara el auricular, y lo ratifican Sergio Lozano, subdirector operativo, y Alejandro Flores Vázquez, director técnico.  

Plataforma México registra el historial de todo elemento que ingrese a una corporación policíaca, y los motivos de su salida, información útil para cuando intenta enrolarse en otro lugar.  

En cuanto al comportamiento de cada sujeto en la corporación a la que sirve, es función de sus superiores, como es el caso de los grupos antisecuestros y otros especiales.  

De los policías encapuchados, el director del C-4 Estatal dice que   “no es cuestión técnica, pero considero, en lo personal, que tienen razón; hay un razonamiento, porque lamentablemente en las puestas a disposición, en la captura de elementos de policía, los identifican y luego los atacan, y en los careos los amenazan. No es por cobardía, es por protección, tienen familia. El policía no es cobarde, da la cara, se muestra tal cual es, y el delincuente no”.  

El personal que atiende los teléfonos padece ese tipo de acoso, de molestias, pero “las muchachitas tienen que soportar ese tipo de cosas, hay que ser tolerantes, por eso están aquí, y se espera de ellas que sirvan con voluntad, como debe ser, tolerantes, que mantengan esa voz de ángel, para que tranquilicen a la gente; no nada más hablan delincuentes, también hablan personas en crisis, en histeria. Puede ser que reporten un ataque, un accidente, y entonces es muy importante la cuestión humana, y aquí hay mucha en los operadores; su voz tiene que calmar y mitigar la pena que embarga a quien está solicitando atención, la gente está alterada, a veces son niños, y se debe tener esa capacidad para transmitir la tranquilidad que están necesitando”. 

Escuchamos la voz del interior del C-4 y nos convencemos de que, las más de las veces, la ciudadanía no sabe lo que tiene, no aprecia lo que está para su servicio; por eso no coopera como pudiera hacerlo, para un mejor resultado, pero hacen falta campañas para crear o fortalecer la conciencia de la sociedad.  

“El día que los ojos de todos estén puestos en un objetivo conjunto; cuando nos levantemos y nos tomemos una copita de humildad, sin soberbia, sin apatía, y podamos sentir honestamente; quizá entonces acabemos con la delincuencia. Ese día, quizá el equilibrio se pierda y el bien doblegue al mal”, dice Ríos, y asegura que no es utopía. “Sería una convicción netamente nacionalista, patriótica… es tan grave ver a una familia de un secuestrado… o ver a los hijos de un policía, sin padre. ¡Se rompe el corazón… porque lo mataron en la forma más vil, traicionera y corrupta!”, dice el militar director del C-4. 

¿Se le puede pedir a un policía que sea amable en una situación de crisis?, preguntamos. 

“Se le debe pedir. Se le capacita, se le adiestra para eso; ése es el chiste: que el ser policía no es ser prepotente. Ahora que vengo y los conozco, cambió mi opinión”, dice. 

¿Hay diferencia entre la mística del trabajo de los policías y los soldados? –Preguntamos, sorprendidos por las palabras de quien, como miembro del ejército, con más de 30 años en el servicio de las armas, ha vivido experiencias innumerables.  

“Los he visto y, créame: con sinceridad, es un hombre ejemplar, por eso hablo así, soy un hombre de verdades, los admiro, aunque haya algunos que traicionan, pero en pocos días, he aprendido a admirarlos, a respetarlos; y me uno a ellos, porque van por el lado bueno”. 

Es innegable la disposición de servicio de los policías, dice Ríos Contreras. “Cada uno hace exactamente lo que tiene qué hacer, y un poquito más; y con eso colaboramos a cambiar la imagen, va junto con todo”. 

De la labor del personal del C-4, reconoce que hay quienes se quejan de que no contestan las llamadas telefónicas, o que no va la patrulla, o que no va la ambulancia; y asegura Ríos Contreras, que a todo se presta atención; a la queja del público y a la razón de la queja. “Debemos tener acuerdos con todos, sobre todo con la Policía Municipal. Es la que tiene más llamadas (lógico, dado que por su naturaleza es la que tiene mayor contacto –y permanente- con la sociedad)”. Se les ha pedido a sus titulares, dijo, que aumenten el número de los operadores, para poder mejorar la atención. 

Un punto débil del C-4 es precisamente el número insuficiente de operadores municipales: es uno solo, y debe enviar información a muchos puntos de la SSPYTM; es decir, los destacamentos diseminados en la ciudad.  

La presencia de un policía en el mando de la Seguridad Pública Municipal, como lo es Jesús Manuel García Salcido, ha dado buenos resultados para la coordinación. “No tengo queja, con García Salcido ha habido buena coordinación”.  

Sin embargo, opina Ríos Contreras que, existiendo el C-4 estatal, bien puede prescindirse del C-4 municipal. Aquél cuenta con los números 066 y 089 para emergencias y reportes anónimos, y atiende todo el este, incluso la ciudad capital; éste, con el 080, tiene una cobertura limitada a su ámbito. 

¿Hace falta el C-4 municipal, habiendo éste? -Preguntamos. 

 

“No, al recibirse un informe aquí, se le transmite a la municipal, y registramos el número de patrulla que acude, qué resultado. No, no es necesario; viéndolo con ojos críticos, no es necesario, con esto funciona bien, perfectamente bien. Ellos lo tienen equipado, a la mejor le metieron una cantidad considerable de recursos, pero de aquí se puede hacer…el mismo (García) Salcido lo ha dicho, y le hemos pedido más gente, para que sea más rápido todo, más fluido, independientemente de que a ellos les lleguen (las llamadas) al 080, pero consideramos que con nuestra infraestructura, que es el cuadrante 449, lo solucionamos perfectamente bien”, respondió.  

Rosa María García, la encargada del centro de operaciones, reitera que las llamadas de emergencia pueden hacerse desde un celular, aun si carece de crédito. “Es un acuerdo nacional” y, apunta, que no entran al C-4 municipal, pero sí al estatal. “De aquí se canalizan, pero allá no, y si se requiere algún servicio de ambulancia, hay la coordinación para enviarla del punto más cercano”.  

Incluso, escuchamos que si las llamadas que se hacen al C-4 municipal, se hicieran directamente al C-4 estatal, la atención a la contingencia sería más efectiva, más rápida, porque se evitaría la triangulación. El C-4 tiene cuatro puntos de enlace para todo el estado, en lugares estratégicos que la población desconoce.  

¿De qué forma práctica sirve el C-4? -Preguntamos.  

A raíz de la operación de las cámaras de videovigilancia, ubicadas también en puntos estratégicos de la entidad, son detectados vehículos con reporte de robo, y de inmediato se inicia el “seguimiento”; se le transmite la alerta a la corporación correspondiente y más cercana, de algún municipio, si es el caso, y si posteriormente se le vuelve a ver en circulación, se procede contra quien hizo caso omiso del reporte. 

“Plataforma México tiene la información más reciente sobre vehículos robados, puede no aparecer en los controles de la Procuraduría Estatal, pero en Plataforma México, sí”, subraya Ríos Contreras. 

“Aquí, la misión no es sólo tener una imagen bonita de la ciudad, sino vigilar los puntos que tienen apoyo de cámaras”, dice el funcionario. 

Cada cámara “toma” todo vehículo que pasa, a todos los revisa, automáticamente, y si pasa uno con reporte de robo, manda un aviso. La revisión es permanente, a un promedio de 80 mil vehículos diarios. La cámara, conectada a un “cerebro”, detecta si una placa la trae un vehículo diferente para el que fue expedida, y da la alerta, que debe ser observada por los controladores del C-4. 

En nuestro recorrido nos enteramos que, en el caso del agente de tránsito asesinado al llegar a la base del destacamento Jesús Terán, el personal municipal comisionado al C-4 municipal transmitió la llamada de auxilio, pero no halló eco oportuno. No había elementos municipales suficientes en el C-4 estatal. 

La carga de trabajo obliga a marcar prioridades, y es lo que origina quejas de la ciudadanía, dice Rosi García. 

“Hay reportes que no pueden ser atendidos al momento, porque no son emergencias, pero la gente no lo entiende. En las noches tenemos muchas dificultades, porque hay quienes se quejan de vecinos ruidosos, y reclaman si no llega la unidad; pero de poco sirve que les expliquemos que hay reportes de relevancia, que deben ser atendidos primero, como son las riñas. 

No obstante, reconoce que ha mejorado la relación C-4 – ciudadanía. Algunas veces incluso –no muchas- alguien llama para agradecer el servicio. 

Otra ventaja del C-4 es que, en caso de accidentes, se da aviso al Banco de ojos, cuando se trata de donantes potenciales de córneas.  

Salir del C-4 tampoco fue fácil, de veras es un bunker. Con razón, el personal pasó por tan duras pruebas. Se investiga incluso cómo viven, y permanentemente se escudriña, para garantizar su solvencia. Talento, trato, criterio para atender visitantes, son materias importantes. 

Nos sorprende saber que hay un operador ciego, Gerardo Lara Casillas. Fue trailero, y por su costumbre de usar cortisona sin control médico, para lubricar los ojos, ahora tiene glaucoma. Cuando un médico descubrió el problema, era muy tarde. Tres meses después, perdió totalmente la visión.  

Termina la visita al C-4 estatal, se toman la foto con nosotros, o a nosotros con ellos, y nos despedimos de un teniente coronel de Transmisiones muy diferente al que nos recibió, la guardia baja, los brazos abiertos. Compartimos una mística de servicio social, un compromiso con la ciudadanía. 


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