Opinión

Las Drogas IX

Visto desde un enfoque cultural -por ser parte fundamental de la historia de la Humanidad- la historia del vino es apasionante; sólo veremos unos cuantos puntos esenciales y otros curiosos.

Es tal la importancia del vino de uva en todo el mundo, que sólo a éste se le puede llamar vino a secas; si no es de uva, se debe mencionar el nombre del fruto con que se elabora; ejemplo: vino de cereza, vino de mora, vino de naranja, etc.

Se cree que la raíz originaria del término “se encuentra próxima a la palabra sánscrita vana (amor) que también dio origen a la palabra Venus… Tal relación semántica estaría dada por la antigua creencia en los poderes afrodisíacos del vino.” Aparte de amor, la palabra vana también significa “adorabilidad” y “deseo”.

Hace unos cuatro mil años, los griegos adoptaron a una deidad de nombre Dioniso, cuyo origen se desconoce -seguramente reflejo del Osiris egipcio, divinidad dos mil años más antigua- como dios del vino, la agricultura y el teatro, artes que enseñó a la Humanidad; entre otros nombres que también se le asignaban está el de Eleuterio -que significa “el libertador”- ya que por medio del éxtasis del vino, generalmente acompañado de la música, el canto, la poesía, la danza, los juegos de habilidad e inteligencia o la simple conversación -desde la llana hasta la filosófica- liberaba al espíritu de las tristezas terrenales en los famosos simposia (plural de simposio, que se traduce como “banquete” o, más específicamente, como “reunión de bebedores”). Recordemos “El Banquete”, de Platón.

También “encarnaba la promesa de la resurrección de los muertos” porque al igual que muchas plantas como la vid, Dioniso -conocido como Baco en la mitología romana- “moría cada invierno y renacía en la primavera”, en que se celebraban grandes fiestas en su honor llamadas bacanales, en clara alusión a la fertilidad que hace posible un nuevo ciclo de vida.

Los romanos adoptaron el invento nórdico de madurar el vino ya no en ollas de barro, sino en barricas de roble; su más entusiasta difusor en Europa fue Julio César, en el siglo primero a. C.; posteriormente lo imitaron las órdenes monásticas, que hasta la fecha producen excelentes marcas de vinos (como la catalana Priorato, o la francesa que lleva el nombre del fraile Pérignon, quien inventó el Champagne) o licores (como el Benedictino); de hecho fueron los monjes los que popularizaron el gusto por el vino y la cerveza, hasta convertirlas en las bebidas alcohólicas más famosas en el mundo entero.

Toda una corriente pictórica y musical llamada arte báquico surgió del paisaje y las costumbres relacionadas con la producción del vino y sus celebraciones -como la vendimia por ejemplo- en la que bien podría incluirse también la poesía hamriyya árabe.

A manera de conclusión de este tema, podríamos afirmar que el vino es una invención fundamental en la historia, fuente a su vez de formas y costumbres artísticas y culturales invaluables, aún de aquellas por las que muchos fueron quemados en las hogueras de la Santa Inquisición por considerarlas producto del demonio, pues bastaría con recordar el códice de cantos atrevidos y hasta licenciosos compuestos por monjes benedictinos del siglo dieciocho, que actualmente forman parte del repertorio clásico de la música sinfónica: Carmina Burana (Canciones de Bura o Beuem, Austria) popularizados a mediados del siglo pasado por Carl Orff.

La destilación alcohólica

Los problemas para la Humanidad empezaron cuando se inventó el procedimiento para producir alcohol puro.

Al descubrir el proceso de la destilación hacia el siglo diez d. C., los árabes inventaron el alambique (al-inbiq), llevados por la necesidad de extraer esencias para perfumes y medicamentos; entre otros productos se encontraron con una sustancia que obtuvieron de los jugos fermentados que les dio muy buen resultado en ambas actividades, al que bautizaron como: “al-khwl” o “al-ghawl”, término que significa “El espíritu” -del que procede la expresión “bebida espirituosa”- y que se hispanizó como “alcohol”. (Continuamos la semana próxima).

Aguascalientes, México.

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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