Cultura

Yo Leo

Muchos son los placeres del melómano, tanto del degustador de música seria como del de música popular. El primero, el más obvio, es el de la escucha de su particular lista de obras ineludibles, necesarias; junto a él, el del descubrimiento, un amante de la música siempre busca más, nuevas experiencias, semejantes a su gusto o, quizá, radicalmente opuestas y, por ello, más sorpresivas. Junto a éste suelen darse otros gustos que, en gran parte de los casos, suelen acabar por convertirse en monomanía: coleccionismo irredento, mayormente versiones del mismo tema, con variaciones que resultan irreconocibles para el no entrado en materia, una colección de datos que no interesan a nadie que no esté entrado, muy entrado, en materia y, eso en menos casos, leer compulsivamente sobre música (de hecho, son pocos los verdaderos melómanos que no leen sobre su pasión o no son verdaderos).

Y también es verdad que son pocos los libros, serios claro, que se publican sobre música, pocos al menos comparados con otras disciplinas artísticas: pintura, teatro, arquitectura, danza incluso. Y menos aún los que llegan hasta las estanterías del país, de la ciudad. Aun así, valdría la pena arriesgar unos cuantos que, además de inteligentísimos están muy bien escritos.

The Glenn Gould Reader, recopilado por Tim Page, es una colección de escritos del genial pianista canadiense, es una lectura obligatoria para todos aquellos para los que la música está tanto en la composición como en la interpretación. El estilo del libro, párrafos cortos, extractos de conversaciones, artículos, comentarios, reseñas, ayuda mucho a una lectura salteada, contrapunteada le hubiera gustado a él, que siempre resulta iluminadora, sobre todo en frases falsamente crípticas, como “El propósito del arte no es la liberación momentánea de adrenalina sino la construcción gradual, a lo largo de toda la vida, de una estado de asombro y serenidad”. Complemento perfecto para éste es The rest is noise. Listening to the twentieth century de Alex Ross, el incisivo crítico de música del New Yorker, que traza un recorrido por las vicisitudes de la música seria a lo largo del siglo pasado, reparando la injusticia que señalaba un crítico al decir que mientras que Pollock o Eliot son cultura general, pocos, ninguno no sería exagerar, de los compositores contemporáneos no son igualmente famosos, aun siendo tan influyentes como ellos en su ámbito.

Rastros de Carmín (Anagrama) de Greil Marcus es, sobre todo, un volumen, bastante largo y denso por cierto, que explica qué era punk antes del estallido del 77. Culto a veces, sobre todo cuando trata de vanguardias como el situacionismo y el letrismo, popular, en su recuento del ambiente y los grupos de la primera oleada punk, Marcus sitúa (como había hecho en Mystery Train con el blues y Elvis) el movimiento, peculiarmente inglés, con otros fenómenos de mayor envergadura cultural, aunque no tanto social. Tomando como base el grito de Rotten que abre “Anarchy in the UK”, “I am an Antichrist” y la irrepetible portada del “Never Mind the Bollocks” busca el sentido, social, estético y cultural, de esa declaración de principios hasta relacionarlo, con mayor o menor acierto, con los movimientos de post vanguardia, con las vanguardias clásicas, especialmente el Dada, a las teorías bajtinianas sobre lo carnavalesco y llegando, con alfileres, a los milenaristas medievales. Un libro que demuestra que el punk fue punk y mucho más que eso.

Leonard Cohen. Conversaciones con un superviviente (Lenoir) de Alberto Manzano, su traductor al español, es bastante más que lo que el título ofrece. Es una larga conversación, entre dos amigos, sobre los únicos y pocos temas que han estado presentes a lo largo de la carrera del cantautor canadiense: sexo, dios, muerte, amor, religión, política. Si Leonard Cohen siempre suena sincero, aquí logra parecerlo más aún.

Los autógrafos de los Beatles de Juan Agüeras Allende (Milenio) es una de esos libros que sólo un fanático puede escribir y que consiste en una biografía del grupo de Liverpool que se basa, ¡únicamente! y con un despliegue gráfico impresionante, en los autógrafos conocidos que conservamos de los miembros del grupo. Otro modo de leer la carrera de uno de los grupos más decisivos del la música moderna. Pero, eso sí, una rareza inservible para quien no esté tan obsesionado con ellos.

Y, claro, Los Planetas. La Verdadera Historia de Jesús Llorente. Sólo para fanáticos.

Banda sonora

“¿Cuánto tiempo vamos a emplear / simplemente en buscar / esas pequeñas cosas / que nos dan la felicidad? // Habitación realmente pequeña / comiendo pastel de manzana / viendo caer las migas / sobre esos discos / que tanto nos gustan. // Las luces se han vuelto a encender/ iluminando a toda esa gente / que nos mira desde un cartel.” (“Habitación realmente pequeña”, Los Negativos).


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