Opinión

Campañas bufonas

Faltan 40 días más uno para las elecciones del 5 de julio próximo y nomás las campañas políticas de los candidatos no levantan. Habrá que darles viagra o algo parecido. De no ser porque los partidos y los candidatos han emprendido una auténtica cruzada para apropiarse de cruceros, vallas y espectaculares, los ciudadanos ni cuenta nos daríamos que estamos en temporada de ofertas y remates, y eso hubiera estado mucho mejor. Nos hubiéramos evitado la pena ajena de verlos y escucharlos muy de vez en cuando, pues sólo ofertan lugares comunes y banalidades, y en devoción ciega a la mercadotecnia, rematan al mejor postor la ideología, la declaración de principios y el programa de acción de su propio partido. Pragmatismo puro, hueco, estéril, ayuno de colesterol. Como dijera Joaquín Sabina, las musas se fueron de vacaciones.

Brillan por su ausencia las ideas, las propuestas, las plataformas. Nos opacan, nos enferman, nos indigestan con sus imágenes bufonas. ¿Qué sería de los candidatos y sus campañas sin el photoshop? Me gustaría ver un rostro adusto, enojado, encabronado con la realidad que vivimos, y no un rostro complaciente y bonachón. Como ya bien lo ha señalado Tomás Dávalos en otro medio, padecemos el bombardeo inmisericorde de un “pastiche de sonrisas”, sonrisas estúpidas por maquiavélicas, por cínicas. Todos iguales, cuales fotocopias de 20 centavos, como copias piratas de tres por 15 pesos. ¿De qué sonríen, se puede saber? ¿Les parecen hechos simpáticos la corrupción y la impunidad de nuestra clase política, la opacidad y la carencia de rendición de cuentas de nuestros gobernantes, la crisis económica y el desempleo que nos asfixia, la pobreza extrema y la desigualdad, el clima de violencia e inseguridad en el que vivimos, el desastre educativo en el que crecen y se forman nuestros hijos? ¿De eso sonríen imbéciles? ¿O de las faltas de ortografía de su propia propaganda política?

En vez de escuchar y leer lemas de campaña banales y ambiguos, a los ciudadanos nos gustaría saber qué piensan y opinan los candidatos acerca de temas fundamentales para la vida democrática y el desarrollo económico y social de nuestro país. Por ejemplo, saber qué opina y a qué se compromete el cerebro financiero del Patronato de Fomento al Futbol, Raúl Cuadra, sobre la revocación de mandato, el plebiscito, el referéndum y la consulta popular; sobre la democratización y autonomía sindical y la obligación de transparentar los contratos colectivos de trabajo, así como el origen y destino de los recursos económicos y materiales de los sindicatos; sobre la necesaria transformación del salario mínimo en un salario social que cubra todas las necesidades básicas de los trabajadores; sobre la prohibición del uso de recursos públicos para apoyar el deporte profesional televisado; sobre el cobro obligatorio de “cuotas voluntarias” en las escuelas y la creación de un Ombudsman educativo que represente los intereses de los padres de familia; sobre la creación de una Ley General de Cultura; sobre la obligación del Estado de invertir más recursos en la investigación científica y el desarrollo tecnológico; sobre la soberanía alimentaria y energética del país.

La discusión y el debate de este tipo de propuestas harían menos escandaloso el despilfarro de nuestros impuestos a través de las campañas políticas. Sobre estos y muchos otros temas debería fincarse el discurso de los candidatos y no sobre promesas imprecisas y confusas.

Me imagino que el señor Cuadra y el resto de los candidatos tienen (o deberían tener) la capacidad y voluntad para hacerlo. ¿Será? Es el momento de probarlo, los ciudadanos se los vamos a agradecer con mucho gusto.

La verdad, es que nuestro mañana, nuestro porvenir, es más de lo mismo. Parafraseando al genial guatemalteco-mexicano Tito Monterroso, podemos decir sin temor a equivocarnos, que los pobres son cada día más pobres, los políticos más ricos y los ricos más numerosos. ¿O no?

Pilón. Lo que no dice el diputado taurófilo, es que la deuda pública del estado (gobierno estatal, organismos descentralizados y municipios) ascendía en diciembre de 1992 a 714 millones de pesos y que en mayo de 1998 se había reducido a sólo 229 millones. Para eso sirvió la desincorporación de la plaza de toros, para sanear las finanzas públicas y no seguir pagando millonarios réditos con recursos que debían ser destinados al desarrollo social y la educación. ¿Cuál es la realidad de las finanzas públicas actuales? ¿A cuánto asciende hoy la deuda pública estatal? Pregúntele a su apá.


Vídeo Recomendado


The Author

Enriquerodriguez

Enriquerodriguez

No Comment

¡Participa!