Opinión

Miguel Ángel Barberena Vega (1a Parte)

El próximo sábado, su familia y amigos oirán una misa y asistirán a una velada para conmemorar el décimo aniversario de la muerte del ingeniero Miguel Ángel Barberena Vega, gobernador de Aguascalientes de 1986 a 1992. Fui su cercano colaborador los seis años de su gobierno, durante el cual, nuestro estado tuvo un importante avance en su desarrollo, continuando, primero, con la inercia positiva del gobierno de Rodolfo Landeros, a quien sucedió, e imprimiéndole su propia circunstancia a través de diversas obras públicas, bienestar social y equilibrio político. De esas acciones y de su estilo personal de gobernar, vamos a tratar en estas entregas, dedicadas a las nuevas generaciones que encuentran dificultad en informarse, aunque no sea con rigor histórico o científico, de nuestro pasado más o menos reciente, y más difícil aún, de enterarse de los entretelones, anécdotas y realidades del acontecer público de un tiempo de los que, limitado por el espacio,  parte voy a contar; por eso, porque nadie los cuenta.

El ingeniero Miguel Ángel Barberena Vega (MABV) nació en Jesús María el 4 de agosto de 1928 y murió en Pabellón el 16 de junio de 1999. Fue técnico-político quien ingresó a la Armada de México en 1947, en la que llegó a ser Contraalmirante, y se graduó con honores como Ingeniero Geógrafo Naval , siendo abanderado de la escolta, un mérito difícil de obtener y que siempre ponderó. En 1955 fue becado por la Universidad Veracruzana, su alma Mater, para cursar un posgrado en Ingeniería Nuclear en la Universidad de Michigan.

Al regresar, en 1961, fue designado director del Instituto de Ciencias de la Universidad Veracruzana y en diciembre de 1962, según Wikipedia, es invitado por el Instituto Politécnico Nacional para hacerse cargo del Centro Nacional de Cálculo en la Ciudad de México, donde instaló en 1963, una IBM-709, la computadora más grande de América Latina en su tiempo. Es, en la Marina, donde MABV adquiere su recio carácter que, para bien soportando tempestades y para mal intolerando ineficiencias, le acompañarán toda su vida.

Ahí termina prácticamente su etapa técnica, pues al año siguiente se incorpora de lleno a la administración pública, como director de Ferrocarriles en Operación de la SCT, y en 1970 a la política nacional como Senador de la República por nuestra entidad, mientras que, asimismo, se integra a la política partidista como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, llegando a ser su secretario general bajo la presidencia nada menos que de Don Jesús Reyes Heróles, quien funge como su ideólogo y padrino político hasta cruzarse en el camino con Miguel de la Madrid Hurtado.

Quién pudiera imaginar que, años después, el sucesor de MABV, Otto Granados Roldán, fuese también ahijado ideológico del autor del liberalismo mexicano, y por el contrario, antagónicos del maestro Reyes Heroles, lo fueron los ex gobernadores profesores, Olivares Santana y Esparza Reyes.

Recuerdo, sobre Don Jesús, aquel fin de año de 1984 cuando, entre amigos, fuimos a celebrar el fin de año al restaurant Carlos & Charlies y, sentado a la diestra de Otto, me platicó: -Don Jesús tiene cáncer, va a esperar a que pase el 15 de mayo y va a renunciar a la SEP–, de la que era Secretario y Otto su particular- . Sentí que se me movía el piso. No alcanzó, Reyes Heroles, a llegar al día del maestro y murió en Denver el 19 de marzo siguiente.

El camino a la gubernatura, lo inició propiamente MABV el 7 de julio de 1985, al ser electo diputado federal por el segundo distrito. En su campaña, como es obvio, se presentó en los medios de información. En El Heraldo de Aguascalientes, su dueño, Don Mauricio Bercún, argentino-mexicano claridoso como no ha habido otro, le cuestionó: -¿Y quién va a votar por usted?, MAVB, asumió el golpe. Al terminar su gobierno, cuando yo fungía como jefe de prensa, me consta que el informador más amigo de MABV era: Don Mauricio Bercún. El ingeniero, y su obra, ganaron a pulso su amistad.

Fue en esta época de candidato a diputado federal, que conocí a MABV, pues yo era, a la sazón, secretario de Divulgación Ideológica del PRI estatal y si bien a mi cargo estaban los asuntos de radio y televisión, incursioné en cuestiones de prensa escrita al redactar, diseñar, mandar imprimir y distribuir, una serie de 14 entre folletos y tabloides para su campaña; todos con mensajes sencillos, directos, sinceros, de letra grande y fotos abundantes, que daban cuenta del peregrinar del ingeniero por el distrito que aspiraba a representar, contrarios a esa parafernalia lingüística de moda hoy entre nuestros políticos e intelectuales, de los cuales excepciono, de estos últimos, solo al diablo Varela y a Andrés Reyes.

Encartábamos en la prensa local dichos folletos, con lo que hacíamos campaña para todo el estado,  que si bien importaba, y tenía miga política, lo que en realidad quiero subrayar es que pagábamos un peso actual por dicho encarte y al preguntarles yo a cada director de los tres diarios circulantes su tiraje, me informaban cantidades increíbles, por lo que opté por ir a sus talleres, de madrugada, y contar el número real de sus ediciones, siendo la tercera parte de la informada. En ese tiempo tiraban unos 6 mil a 6,500 ejemplares en promedio. Hoy día me aseguran que el tiraje promedio está por la mitad.

El tiempo, inexorable, transcurrió hasta el día 30 de mayo de 1986 en el que, los leales colaboradores de Landeros y amigos entre sí: el senador Carlos Lozano, Manuel Díaz Castorena –de la CFE- y Mario mi hermano,  fieles a su candidato oficial, nos reunimos a brindar generosamente en su casa, por el candidato perdedor a la gubernatura, Miguel  Romo Medina, quien esa noche recibió la llamada de convocatoria política por parte del ingeniero Miguel Ángel Barberena Vega, candidato ganador. 

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