Opinión

La corrupción azul

Hace 21 años, en 1988, con la llegada de los bárbaros del norte, los militantes y dirigentes del Partido Acción Nacional se olvidaron de la doctrina, los principios políticos y el programa de acción del partido que fundara hace 7 décadas uno de los siete sabios de México, don Manuel Gómez Morín, estrella fulgurante de la generación de 1915. Con ellos, con los bárbaros norteños hizo su arribo el pragmatismo, la complicidad y la corrupción política y económica del hasta entonces partido de la honestidad y la oposición leal. El PAN resultó ser un PRI clonado, sólo que mejorado, aumentado y perfumado con agua bendita; una caricatura posmoderna del autoritarismo y la corrupción mexicanas.  

La descomposición ética de los panistas lleva 20 años de corrupción política y por lo menos otros 9 de corrupción económica en todo su esplendor. Y tal parece que llevan prisa. Los ciudadanos no tuvimos que esperar 70 años para llegar al hartazgo blanquiazul. Apenas llevan 9 años en el poder y nomás no sabemos cómo deshacernos de ellos.

En diciembre de 1988, en una reunión celebrada en Los Pinos con el presidente Carlos Salinas de Gortari, los panistas Diego Fernández de Cevallos, Rubén H. Alvarez y Carlos Castillo Peraza hipotecaron la doctrina y la reserva moral del Partido Acción Nacional. El pragmatismo los empujó a dar un golpe de timón, amputaron su “pasado respetable” para construir con prótesis de plástico un “presente detestable”. Así, de esta sencilla manera comenzaron las historias de vida, las historias de familia y las historias del enriquecimiento inexplicable de la camorra blanquiazul.  

En los últimos 5 años, varios periodistas y analistas mexicanos y uno que otro testigo y protagonista de la política mexicana, han publicado, para documentar nuestro añejo y compasivo pesimismo, varios libros que dan cuenta de estas historias de corrupción azul. Son historias que hablan de los Fox (Vicente, sus hijos y sus hermanos), los Sahagún (Marthita y sus hijos los Bribiesca), los Calderón (Felipe y sus cuñados los Zavala), y los amigos de todos ellos: los Rojas, los Korrodi, los Muñoz, los Azcárraga, los Salinas Pliego, los Hernández, los Servitje, los Mouriño, los Martínez y un largo etcétera.

En 2005, casi en los estertores del foxismo, las periodistas Arelí Quintero y Anabel Hernández  (Premio Nacional de Periodismo 2002) publicaron La Familia Presidencial. El gobierno del cambio bajo sospecha de corrupción (Grijalbo). Al año siguiente, en 2006, la misma Anabel Hernández nos ofreció su documentado Fin de fiesta en Los Pinos (Grijalbo). En estos dos primeros libros aparecen menciones del señor gobernador de Aguascalientes, el ingeniero Luis Armando Reynoso, en ámbito amistoso con El Cebollón, alias Manuel Bribiesca, hijo de Marthita Sahagún. Ese mismo año, el experimentado periodista José Reveles (Premio Nacional de Periodismo 2001) en plena campaña calderonista dio a la luz pública su libro Las manos sucias del PAN. Historia de un atraco multimillonario a los más pobres (Planeta). En 2007, una vez consumado el fraude electoral del año anterior, el periodista Jenaro Villamil y el abogado Julio Scherer Ibarra nos entregan La guerra sucia de 2006 (Grijalbo). Casi al mismo tiempo Salvador Camarena (editor de la revista Chilango, ganadora del Premio Nacional de Periodismo 2005 en reportaje de investigación) y Jorge Zepeda Patterson (Premio María Moors Cabot 1999 de la Universidad de Columbia) dan a conocer su texto El Presidente electo. Instructivo para sobrevivir a Calderón y su gobierno (Planeta). Mientras que los exfuncionarios foxistas Rubén Aguilar y Jorge Castañeda llamaron nuestra atención con sus revelaciones en La diferencia. Radiografía de un sexenio (Grijalbo). Por su parte, el académico, analista y editorialista Ricardo Raphael nos sorprendió con una rigurosa disección de Los socios de Elba Esther (Planeta). En el 2008, los periodistas Arturo Cano (La Jornada) y Alberto Aguirre (Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2007), abonan a la historia de la corrupción mexicana con su investigación sobre Doña Perpetua. El poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo (Grijalbo). Ese mismo año, la periodista Anabel Hernández vuelve a la carga publicando Los cómplices del presidente (Grijalbo). Y los libros más recientes, de este mismo año, Daniel Lizárraga (Premio Nacional de Periodismo 2007) nos entrega La corrupción azul (Debate), revelaciones sobre los cuantiosos recursos públicos recibidos por Vicente Fox y Felipe Calderón mientras tomaban posesión de su cargo; mientras que de Jesusa Cervantes podemos leer Los hijos de Martha. Historias de impunidad (Debate). Todos ellos libros de historia inmediata, entre otros que no tengo a la mano.

Lo más seguro es que pronto aparecerán los libros dedicados a los Gómez del Campo, parientes de Margarita Zavala, beneficiarios de las guarderías subrogadas, una historia más de la corrupción azul. Sería deseable que continuaran las historias acerca de las dependencias subrogadas por Felipe Calderón a Elba Esther Gordillo y a las cúpulas de los partidos: la SEP, el ISSSTE, la Lotería Nacional, el IFE. También sería deseable que comenzaran a publicarse las historias de la corrupción azul aquicalidense, hay muchas historias por contar, desde un equipo profesional de futbol, su casa club y su estadio, pasando por la compra venta de terrenos y oxidados juegos mecánicos, hasta la pujante industria de la piratería. No por intuidas dejarían de ser sorpresas que nos daría la vida.

Todas estas historias y las que faltan por contar, son para tomarse en cuenta el próximo 5 de julio a la hora de emitir nuestro voto. Votar en blanco o anular nuestro voto es avalar la corrupción blanquiazul y la tricolor. No a la complicidad pasiva. Voto de castigo.

Pilón. Ahora resulta que las inepcias de la inepta burocracia municipal, sacan de la porfiriana chistera arellanista, la jalada esa de “La Historia mágica de Aguascalientes” y su mamila “Pozo de los sueños”. No tienen ni la más ramera idea de lo que son las políticas públicas (en turismo y cultura, por lo menos). La historia es memoria colectiva de lo real acontecido, no ideas calenturientas de frijolitos mágicos, lámparas maravillosas y pozos de los deseos, propias de analfabetas funcionales. Pero lo entendemos, el primero que arrojó una moneda al pozo de los sueños fue Gabriel… y sueña con ocupar la mansión Rincón Gallardo. Así ¿cómo?


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Enriquerodriguez

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