Opinión

Votar o no votar…. en blanco

Tijuana, B.C.- Estas elecciones votaré fuera de Aguascalientes por primera vez en mi vida ciudadana. Bueno, en realidad no es así del todo: ya en 2006 voté en las presidenciales desde mi domicilio en el extranjero. Y no es casual. Tengo claro que el día 5 de julio iré a votar. Pero sé que hacerlo por un partido u otro de los que piden el voto bajo las graves circunstancias por las que atraviesa el país es casi un ejercicio suicida.

Según encuesta de Berúmen publicada hoy (15 de junio de 2009) por El Universal, la tendencia para anular el voto crece hasta rozar el 10% de los posibles sufragios.

Dicen algunos amigos y compañeros de trabajo acá: yo voy a anular mi voto en protesta contra la clase política completa…. lo mismo opinan connotados académicos, personas tan disímbolas como Denise Dresser, Sergio Aguayo o Diego Valadez, sólo por citar figuras emblemáticas del activismo político o el derecho en este país… también opinan así Néstor de Buen, Arnaldo Córdova, o Alejandro Martí; sólo por citar a unos cuantos. ¿Cómo es que tantas personas han acabado convergiendo en lo mismo dentro de una sociedad tan disímbola, fragmentada y desigual como la mexicana?

Pues porque al parecer los mexicanos estamos verdaderamente hartos de nuestros partidos políticos, y ese hartazgo de décadas lo estamos empezando a sacar…. ¿por qué precisamente ahora?

Tal vez por la grave corrupción pública y privada, la rampante impunidad, la enorme falta de legitimidad de las autoridades electorales, la pobrísima oferta política de los candidatos, la evidente y tradicional imposición de personajillos con negros antecedentes en todos los partidos sin excepción (no hablo del caso de Aguascalientes porque resulta paradigmático) o el “sospechosismo” de fraude. Todas las anteriores son muy buenas razones para no votar…. de allí el alto grado de abstención que se prevé, siguiendo tendencias históricas –que también son internacionales, y revísese si no el alto grado de abstención registrado en las recientes elecciones europeas, aunque obviamente por razones muy diferentes a las que mueven a la abstención en México- que no hacen sino crecer elección con elección, directamente en proporción al desaliento, descontento, desinterés y apatía que parecen despertar los políticos y sus candidaturas entre la mayoría de la población. Y no le faltan razones a los ciudadanos para estar tan hartos…. hasta la página española de Internet 20 minutos recoge una lista con ¡los peores gobernadores de México!, ¡qué apretada contienda!, nombres como los auténticos señores feudales Ruiz, Marín, Reynoso o García se han ganado a pulso un lugar en las peores páginas de la historia política mexicana, y eso es sólo por hablar de este nivel de gobierno, donde los municipios no salen mejor librados… como desde luego tampoco el gobierno federal; pues hablamos de una crisis sistémica y muy profunda. No cabe más que observar la reciente e inaceptable tragedia de Hermosillo para tener un claro ejemplo del “mal gobierno” así a secas, sin partidizar el doloroso asunto de los 46 infantes fallecidos.

Hay que señalar enfáticamente que acudir a votar y anular el sufragio no es ni puede ser lo mismo que no acudir a votar. Pero, ¿que significa realidad votar anulando el sufragio?, se puede decir que se ejerce un legítimo derecho ciudadano, puesto que el voto es según nuestra Constitución, libre y secreto.

Así, las normas electorales prevén claramente esta posibilidad. El artículo 273 del Cofipe precisa en su numeral «2» que el voto nulo es «aquel expresado por un elector en una boleta que depositó en la urna, sin haber marcado ningún cuadro que contenga el emblema de un partido político; y cuando el elector marque dos o más cuadros sin existir coalición entre los partidos cuyos emblemas hayan sido marcados». Por tanto, el voto nulo es en principio, y salvo prueba en contrario, un voto legal en toda la extensión de la palabra.

Sólo por hablar de la estadística, en 2006 hubo 1 millón 33 mil 665 votos nulos (más que la diferencia entre el primer y segundo lugar en la contienda). Así que esto no es ninguna novedad electoral.

Entonces parece claro, en primer lugar, que no es lo mismo abstenerse que anular el voto; pues lo primero implica declinar o no ejercer un derecho ciudadano, omisión, que por lo demás, no está sancionada por las leyes. Lo segundo implica precisamente ejercer ese derecho ciudadano bajo un supuesto previsto por la ley, con objeto de no hacerse cómplice de la farsa electoral que en comunión de intereses montan cada tres años gobierno y partidocracia.

Algunos “líderes de opinión” de dudosa reputación y antecedentes pretenden equiparar a los que se abstienen, (opción válida, pero que no comparto) con los que anulan su voto. Nada más falso, porque como hemos explicado, no es lo mismo. Otros señalan que votar en blanco siempre favorecerá a las opciones más nefastas; a lo que otros contestan que eso será exclusiva responsabilidad de quienes les sufraguen. Ambas posturas llevan algo de razón.

Así las cosas, reconozco que la posibilidad de beneficiar en lo inmediato a los sectores más retardatarios parece alta. Cabe entonces la pregunta: ¿qué legitimidad democrática tendrán unos “representantes populares” elegidos con más o menos el 30% de los votos posibles?

Está claro que muy poca, pero la suficiente para seguir desgobernando municipios, estados, congresos y legislaturas. Así, serán los representantes legales, pero no los representantes mayoritarios, y mucho menos legítimos. Asumir una posible cifra de entre el 10% y el 15% del padrón en votos nulos sería un golpe muy duro a la partidocracia y al IFE, y el primer paso de la ciudadanía en México hacia la liberación de su corrupta “kakistocracia” (el gobierno de los peores), como la llama Granados Chapa.

 

Con todo, cabe la prudencia, pues cualquier generalización es peligrosa. Cada distrito en el país es diferente. Si usted conoce personalmente al candidato(a), de su distrito por su trayectoria y sus antecedentes y su compromiso social y le inspira confianza, vote por él. Si por el contrario los candidatos de su distrito son imposiciones “cupulares”, como se dan varios casos en muchísimos distritos, anule su voto sin ningún miedo ni remordimiento. Sin duda, así hará patente su rechazo a la burda manera en que está siendo conducido el país por la mayor parte de sus autoridades políticas…y el mensaje llegará claro y fuerte a unos “cínicos vestidos de legalidad”, es decir nuestros inefables políticos, aunque nada indica que vayan a cambiar motu proprio en el corto plazo. No quepa duda que no cambiarán por iniciativa propia. Habrá que obligarles a golpe de deslegitimación pacífica, y anular deliberadamente el voto es un primer paso de muchos que como sociedad estamos urgidos a dar, visto lo visto.

Al final, siempre nos quedan el 39 y el 41 constitucionales. Recordémoslo para los tiempos futuros.

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Enrique F. Pasillas

Enrique F. Pasillas

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