Opinión

Votos con nombre y apellido  III (Votos en blanco y los mapaches)

En mis dos últimas entregas (1 y 8 de Junio), me he centrado en los resultados electorales de las dos últimas elecciones llamadas intermedias, en las que se renueva la cámara baja del Congreso de la Unión, y aporto cifras estadísticas y soportes legales sobre un renglón específico que es el registro de votos emitidos a favor de candidaturas no registradas como votos validos y como expresión de protesta hacia el estado que guarda la “democracia a la mexicana”.

Se ha determinado, estadística e históricamente, la tendencia al aumento de abstenciones, al igual que los votos nulos y los votos por candidatos no registrados y, en consecuencia, la tendencia a la baja, en pendiente muy inclinada de la participación ciudadana.

En términos absolutos, de acuerdo a la lista nominal, las elecciones del cinco de julio serian las de más baja participación en la historia (alrededor de 23.4 millones).  Sin embargo, la inquietud que se ha despertado a raíz de la intención manifiesta de anular votos podría revertir las tendencias. Me explico: la campaña desatada por partidos políticos, instituciones públicas y privadas, personajes de la política y los negocios, el clero, funcionarios y líderes de opinión en contra del voto nulo está provocando efectos contrarios a los deseados por ellos.

Quizá porque son los menos autorizados para lanzar la convocatoria, los de menor credibilidad. ¿Por qué habría de creerles ahora cuando no se les ha creído antes? ¿Será acaso que perciben una revancha social que hay que desactivar?

Puede ser estrategia para sacar de sus hogares a los electores a fin de abatir el abstencionismo como el enemigo tradicional a vencer. Lo significativo para ellos será reducir llanamente el abstencionismo sin importar el sentido de los votos. Los argumentos esgrimidos, son poco convincentes y algunos rayan en lo ridículo cuando se escudan en una supuesta e inexistente democracia.

Perdidos están al confundir ciudadano con elector. Me remito a lo escrito por Alain Touraine en su texto ¿Qué es la democracia? respecto al debilitamiento de un régimen tanto democrático o autoritario: “El retroceso de los Estados, democráticos o no, entraña una disminución de la participación política y lo que justamente se denominó una crisis de representación política.  Los electores ya no se sienten representados, lo que expresan denunciando a una clase política que ya no tendría otro objetivo que su propio poder y a veces, incluso el enriquecimiento personal de sus miembros.  La conciencia de ciudadanía se debilita, ya sea porque muchos individuos se sienten más consumidores que ciudadanos y más cosmopolitas que nacionales, ya porque, al contrario, cierto número de ellos se sienten marginados o excluidos de una sociedad en la cual no sienten que participan, por razones económicas, políticas, étnicas o culturales”.

Continúa Touraine: “La democracia así debilitada, puede ser destruida, ya sea desde arriba, por un poder autoritario, ya desde abajo, por el caos, la violencia, y la guerra civil, ya desde sí misma, por el control ejercido sobre el poder por oligarquías o partidos que acumulan recursos económicos o políticos para imponer sus decisiones a unos ciudadanos reducidos al papel de electores”.

Parecería que Touraine se inspiró en México durante el presente proceso  electoral. No es así, pero los conceptos por Él descritos se ajustan a nuestra realidad ciudadana actual. De ahí su universalidad. No espero que la clase política actual, salvo muy contadas excepciones, lo aprecien.

Regresando a nuestra realidad, tengo la impresión que, como van las campañas, no habrá modificaciones sustanciales en las previsiones de porcentajes que obtendrán los partidos o candidatos. No nos salvaremos de ver en la cámara a diputados y diputadas, ahora candidatos y candidatas, indeseables. Se percibe una alta posibilidad de que ocupen una curul quienes se lanzaran a la candidatura para gobernador el año próximo. Ergo: buscan el voto para ejercer un cargo de representación por solo seis meses, no por tres años, o sea, la cámara como trampolín para sus apetitos personales y de camarilla cubre espaldas.

¿Y así piden votos? Cuánta razón asiste a Alain Touraine y al movimiento ciudadano que convoca a la anulación del sufragio.  Pero cuidado.  Se ha intentado desviar la atención con la idea de “voto  blanco” o “voto en blanco” que igual es nulo.  Hay que estar conscientes que hay una clase, despreciable por naturaleza, llamada mapaches, que tiene habilidades adquiridas para convertir –como buenos alquimistas- un voto en blanco en un voto a favor de su partido.  Esa especie no ha desaparecido y estarán activos.

Quien decida acudir a votar, deberá estrechar rutas para desactivar  la acción de éstos sujetos que cobran en varios partidos.  La mejor forma de cerrarles caminos es utilizando la boleta, ya sea eligiendo un candidato, anulando o votando por candidato no registrado.  Me inclino por ésta última opción.  Quien, en su distrito, encuentre su opción de representación, manifiéstelo así.

En nuestro Estado, en 1997, se registraron 7 mil 679 votos nulos y en 2003, se incrementó a 9 mil 31. En el caso de candidatos no registrados, en los mismos procesos, pasó de 93 a 186 votos por candidatos no registrados.  ¡Y solo son tres los distritos!

Ya son cuatro los candidatos de los que tengo certeza que NO votaré por Ellos.  Me acerco a la opción de candidatos no registrados.

Mensaje a la clase política: si no han encontrado a los conspiradores promotores de los votos nulos y candidatos no registrados, les doy una pista: el espejo.

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http://detrasdelmostrador-ags.blogspot.com


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Fernando Rivera Ibarra

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