Opinión

Votos con nombre y apellido IV (Mejores partidos y mejores ciudadanos)

Estamos a tan solo 14 días de la jornada electoral.  Si los candidatos decidieran hoy mismo dar por terminadas sus campañas, pocas personas se darían cuenta, dado que son pocas personas que aprecian que estén en plena campaña electoral.  Es más, varios candidatos bien pudieron no haber empezado y, seguramente, pocos hubieran notado su ausencia como pocos han notado su presencia.

Arranques inciertos y timoratos por la mediatizada influenza, nunca pudieron o nunca supieron cómo sobreponerse a las limitantes externas a la norma escrita. Se encasillaron en la tradición; brigadas esquineras y ruidosas, entrega de volantes que poco o nada dicen sobre agendas legislativas, promesas de redención irrealizables, virtudes que presumen y nunca les han sido reconocidas, simpáticos y buena onda, preocupados por el rescate de valores perdidos y un rosario interminable de mentiras.

Ante su incapacidad, no escaparon a la tentación de soportar sus discursos en la descalificación del adversario.  Han acudido a entrevistas a los diferentes medios electrónicos ya sea en debate o en presentaciones individuales y en un desesperante desperdicio del recurso usaron el tiempo aire en aleccionar a sus cercanos para saturar de llamadas telefónicas y recibir felicitaciones “espontáneas”. Me recuerda a la  “Claque” descrita por Emile Zolá en su magistral novela “Naná”. Aplaudidores pagados que, no importándole que Naná era una pésima actriz y sólo lucía su hermoso cuerpo desnudo, le lanzaban hurras eufóricos en cada intervención hablada, aunque no escuchaban lo que decía.

Los candidatos y sus partidos fueron relegados del imaginario colectivo por eventos que atraparon la atención de la sociedad:  la selección de futbol venció pero no convenció, atrévete a soñar ocupa el tema familiar, Irma Serrano puede ir al bote, el necaxa se queda en el victoria.  Estas frivolidades resultaron, si no más interesantes que las campañas, sí dieron más que hablar.

Al mismo tiempo, se presenta la tragedia de Hermosillo. La sociedad se irritó en extremo al descubrir el grado de corrupción imperante en los tres niveles de gobierno. Se duda que los consignados el sábado anterior sean los verdaderos culpables de la desgracia. La impunidad campea nuevamente.  45 vidas de niños víctimas de la podredumbre oficial.  Otra vez 45, como en Acteal, hace doce años. ¿Cuántos años pasarán aquí?

Para rematar, los candidatos son rebasados con mucho por el tema que captó la atención  de un buen sector de la sociedad: el movimiento “anulista” del voto y la variante del voto por candidatos no registrados.  El movimiento crece día a día y los candidatos y sus partidos sólo se han dedicado a matar al mensajero. Descalifican al botepronto al movimiento sin plantear una contrapropuesta atractiva y argumentada más allá del ejercicio del derecho ciudadano.

No es una “jalada” como estúpidamente lo dijo la chachalaca. Es asunto serio. Se le teme a su crecimiento como opción pacífica de protesta.  Y resulta digno de análisis el hecho de la preocupación que causa en los partidos sobre el número posible de anulistas que se estima podría llegar hasta un 10 % de la votación.   Hagamos un ejercicio simple: si acude a las urnas un 30 % como se cree sucederá, entonces un diez por ciento de ellos, significarán  alrededor de 2’300,000 votos nulos, sin contabilizar los votos por candidatos no registrados, que son votos validos.

Hay una preocupación extrema sobre esos ciudadanos que en forma razonada sumarían tan solo un 3 % de la lista nominal y un 2.1 % de la población total.  Sin embargo, el enemigo tradicional, motivo de arengas sin fin para abatirlo, el abstencionismo, pasa a segundo plano aunque signifiquen 54’200,000 ciudadanos.  ¿Por qué preocupan mas 2.3 millones que 54.2 millones?, ¿Qué tiene esa minoría que preocupa tanto a partidos y autoridades?.  Las buenas conciencias y hasta el clero católico, han convocado a votar, aunque sea por el menos malo.  Ahora resulta que no ir a votar es mejor que ejercer el derecho, al menos por la omisión del tema.

Me aventuro a pensar que, aunque lo nieguen lideres y autoridades, que una parte de esos 2.3 millones busquen los mecanismos de articulación, como ya se está planteando. Una fuerza de esa cantidad y ahora  de esa calidad, sería un verdadero contrapeso social para partidos y autoridades de los tres niveles de gobierno.

Algunos dirigentes de partidos temerán por su posible pérdida del registro.  Si ésto se diera,  pues es la voluntad del electorado, mismo que en su oportunidad les otorgó el registro. Los habrá que están lejos de esta posibilidad pero que no deben desdeñar la voluntad que expresen los votantes.

Nadie ha pedido que desaparezcan los partidos políticos. Tendrán que dejar de verse el ombligo y volverse a acercar a la sociedad de la cual emanan. Deben tener nuevamente presente que los partidos no son propiedad de sus militancias sino instrumentos de la sociedad.  Que no pueden seguir negándose sistemáticamente a efectuar y promover las reformas, a que acepten mayor competencia a través de partidos políticos locales a normar en el congreso las candidaturas independientes. No pueden seguir en la opacidad en el manejo de los recursos públicos. No los ha caracterizado la transparencia ni la democracia al interior.

El tiempo se agota al igual que la paciencia.  La acción de votar nulo o por candidatos no registrados es la expresión social  que se perfila en sus últimas instancias pacíficas. Ojalá no se desdeñen para que no se den llamados a sorpresa por acciones no deseadas en el futuro.

Y para abonar al tema, el martes  23 en el auditorio T. Chávez del centro de estudios avanzados de la UAA compartiremos ideas en el foro “la sociedad frente al voto nulo”. La cita es a las 18:00.

En tanto, he llegado a la conclusión de que ya son cinco los candidatos por los que no votaré. Quedan dos opciones aunque empiezo a pensar en quien se haga acreedor a mi voto, aunque no esté registrado.


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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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