Opinión

Votos con nombre y apellido  ll

(Mensajes  para los partidos y otros más)

COFIPE.-Artículo 12, inciso 2: “En la aplicación de la fracción III del artículo 54 de la Constitución, para la asignación de diputados de representación proporcional, se entenderá como votación nacional emitida la que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos que no hayan obtenido el dos por ciento y los votos nulos”

Durante el escrutinio y cómputo, el día de la jornada electoral, no se aplica el artículo que precede sino en la suma de los totales de distritos de la circunscripción que corresponda para cada uno de los partidos contendientes. Los votos emitidos considerados nulos son separados y colocados en  sobre ex profeso.

Es claro que los votos emitidos por candidatos no registrados, son registrados como votos válidos.  En consecuencia, tienen incidencia, aunque sea mínima  y poco definitoria, en la asignación de los diputados por el principio de representación proporcional, vulgo pluris.  Antes de ir a dar a la estadística en forma inmediata, como los votos nulos, el voto por candidatos no registrados tiene una significación  que habremos de interpretar más lejos de la protesta y con visión más periférica.

El debate se acentuó en la última semana. Prácticamente no hubo quien se sustrajera al tema, tanto local como nacionalmente. La batalla dialéctica escogió como tema central la acción ciudadana de nulificar el voto y que con arrebatos intelectualoides de más de uno, lo han llamado “voto blanco” cuya figura jurídica ni siquiera  existe en nuestras leyes; el voto en blanco, se tipifica como voto nulo si es que no cae en manos de un mapache que lo convertiría en voto efectivo a favor del partido que represente.

Apólogos de la anulación  argumentan su molestia hacia los candidatos y los partidos que los postulan.  Molestia bien cimentada dada la avaricia de inteligencia de una buena mayoría de ellos. Dedicados a mentir, a engañar, a prometer, a esconder su verdadero rostro y verdaderas intenciones, mendigan el voto con sonrisas fingidas. Hasta en las fotografías con la gente translucen su falsedad al repartir besos y abrazos a niños y ancianos.  Ellos y sus dirigentes, así como la clase gobernante son los verdaderos culpables de las intenciones de anulación de voto.

En 1997, en elecciones llamadas intermedias, como la actual de renovación del congreso de la unión, quedaron registrados 844,762 votos nulos, un 2.83 % de la votación total emitida. En el año 2003, esta cifra incrementó a  896,649 anulados, representando un 3.36 %.  El grueso de las anulaciones se dieron  en Tabasco, Chiapas y Oaxaca.  La lógica nos dice que las causas de nulidad se debieron a desconocimiento en la forma de votar en comunidades a las que poca difusión llega.

De permear más la intención de anulación, ésta se dará mayoritariamente en centros urbanos y no se podrá interpretar algo diferente a la protesta ciudadana. Como postura política, es totalmente legítima.

En dimensiones menores pero no menos significativas,  en 1997 se computaron 13,811 candidatos no registrados y  16,359 en el año 2003. Representaron 0.05 % y 0.06 % de la votación total emitida, respectivamente. Precisamente, lo significativo radica en que, en   el caso de los votos nulos, se interpretan acciones comunes y concurrentes y en el caso de los votos por candidatos no registrados, se entiende que hablamos de personas.

Los detractores de la anulación del voto, en un descuido de análisis de las causas que incitan a ello, se han dado a la tarea de buscar los orígenes de la iniciativa a fin de descalificarlos. Que si surge desde los propios partidos para conservar sus participaciones porcentuales a través del voto duro de cada uno de ellos; que si surge desde lo mas recalcitrante de la izquierda radical o la ultraderecha para justificar acciones posteriores contra o a favor el poder establecido. A cambio, todos, sumados los líderes empresariales y algunas organizaciones civiles tuteladas, sacan del disco duro el discurso del combate al abstencionismo y no anulación.

Discursos gastados y rebasados como el de convocar a que no se deje que otros decidan por nosotros.  Pregunto:  ¿alguna ocasión hemos decidido nosotros, como ciudadanos, las políticas públicas? , ¿alguna vez hemos sido consultados por los diputados o senadores sobre el sentido de su voto en la cámara?, ¿alguna vez nos han pedido opinión los funcionarios estatales o municipales sobre sus acciones de gobierno?, ¿votar significa que verdaderamente estamos decidiendo e incidiendo en las políticas públicas?, ¿de verdad el ciudadano es “su majestad” como en forma por demás cursi se le ha adjetivado?……..por favor!!!!!

Como propuesta alternativa, insisto, para una articulación posterior a este proceso electoral, surge el voto, válido como se ha explicado, por candidatos no registrados.  Mándese el mensaje a la clase política que requerimos el fin de castas que se reparten el poder; a los partidos políticos, recordarles que son entidades de interés público y que la ciudadanía no estamos  conformes con la pobre oferta de candidatos; a los candidatos que llegarán irremediablemente a la cámara que se necesitan verdaderas reformas y no los queremos aquí los fines de semana declarando sandeces y vomitando dislates; al IFE que renueve su discurso y gaste menos en campañas insulsas, pero sobre todo que se deje de comportar como apéndice de gobierno.

Para no pecar de ingenuidad, he de reconocer que ni los votos nulos, ni la abstención ni el voto por candidatos no registrados variarán la composición, casi definida, de la próxima legislatura, pero se convoca a hacer el ejercicio para siguientes procesos electorales.  Esto todavía no se acaba.

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Fernando Rivera Ibarra

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