Opinión

6 de julio, ¡Consumatum est!

Introito: No se había percibido nunca antes un catalizador tan efectivo como lo fue el debate sobre el voto nulo.

Es la madrugada del domingo 5 de julio, a unas horas de iniciar la jornada electoral.    Cuando se lean estas líneas, ya estará lo suficientemente avanzado el PREP como para determinar a los integrantes de la LXI legislatura federal. Ya habremos de conocer los rostros de quien recibirá los reclamos que durante el proceso se expresaron por parte de la ciudadanía

Al igual que usted y yo, los diputados electos estarán codificando los resultados. Nosotros, estaremos afinando la puntería para dirigir en forma ya personalizada el pliego de exigencias que brotaron durante el proceso; ellos, los electos, tendrán que refrendar de inmediato los compromisos adquiridos al calor de la contienda.

Pero no seremos los únicos que nos daremos a ésas  tareas.  Los suspirantes a ocupar alguno de los cargos en la renovación de poderes locales en el 2010, también deberán afanarse en preparar sus estrategias, a la luz de los resultados que estamos analizando en estos momentos. Estos últimos, los aspirinos, se van a encontrar con una ciudadanía más crítica, más exigente, más madura como resultado de éstas elecciones.

Sin remedio, veremos ocupando una curul en San Lázaro a personajes nefastos e indeseables, porros de sus partidos, pero habremos de reconocer que también estarán otros parlamentarios de reconocida inteligencia que aportarán el equilibrio en los debates y subirán al pleno los reclamos sociales.  De los primeros no nos escapamos, pero tampoco esperamos nada.  Ya vendrán las reformas que los eliminen.  Los segundos llevarán el peso de las iniciativas prometidas.

Es muy probable que la despedida de los actuales diputados se vea ensombrecida con propuestas que “estratégicamente” no presentaron antes de las elecciones, por considerarse socialmente inaceptables y de baja rentabilidad electoral. Me refiero a la criminal intención de debatir sobre la aplicación del IVA a medicinas y alimentos.  La bancada del PAN y sus satélites son los más empeñados en tan lesivas medidas, aunque su siamés, el PRI, terminará vendiendo caro su amor.

 Los ahora diputados electos tienen casi dos meses, antes de rendir protesta, para volver a las calles, colonias, comunidades y plantarse ante la ciudadanía, votante o no, ratificando compromisos sin entrega de despensas ni material para construcción ni cobijas. Es prácticamente imposible que lo hagan, pero por ahí debería de empezar la exigencia.

Si hemos de ver algo positivo del proceso electoral, quiero pensar que el debate sobre el voto nulo rompió inercias; no hubo mesa o reunión en la que no se debatiera el punto. Argumentos a favor y en contra hicieron que se desahogara la inconformidad hacia la clase política, que fue la de más débiles argumentos, siendo rebasada por la sociedad. El pretexto fue el voto nulo, la sustancia fue la actitud que debe modificarse por parte de autoridades y representantes.

El vehículo o correa de transmisión lo fue el recurso económico destinado a la acción política. Desde sueldos insultantes hasta prerrogativas a partidos; desde funciones ineficientes hasta excesos de prestaciones a la alta burocracia; desde una parálisis legislativa hasta la exigencia de verdaderas reformas; desde la opacidad hasta la rendición de cuentas.  Poco quedó en el olvido a la hora de los debates privados.  La ciudadanía fue sacudida en su conciencia.

Aparte de la exigencia de cambio radical en el comportamiento de la clase política, se ha reflejado también la intención de la sociedad de pasar de ser simple testigo del quehacer político a ser protagonista del mismo.  Esto se traduce como la intención de lograr una democracia participativa cerrando el ciclo de la democracia representativa.

Habrá que destacar que prevalece la vocación, por miedo o convicción, de lograr los cambios por la vía pacifica. Por si no lo entendieron los políticos, este es uno de los últimos avisos.

Parte de la agenda legislativa se discutió en corrillos, foros y paneles con los contendientes.  No acaba en la satisfacción de subir una ley de participación ciudadana que incluya las formas de plebiscito, referéndum, revocación de mandato e iniciativa popular (¡qué diría Hans Kelsen, padre de la teoría del derecho puro, después de 76 años de sus disertaciones sobre el tema!).  Hacen falta también reformas fiscales, laborales, electorales, judiciales, económicas; en suma una verdadera reforma del estado.

Mucho darán qué hablar en el 2010 los interesados en ocupar algún cargo de elección, aunque justo el día de hoy ya estarán creando sus estrategias; algunos ya empezaron hace mucho.  Deberán tomar en cuenta que el electorado ya no es igual en su actitud.

Por lo pronto, ya los tenemos; veremos qué hacer con ellos. Por lo pronto, habrá que traerlos a mecate corto recordándoles que somos sus mandantes. ¡Faltaba más! n

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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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