Opinión

¿De qué está hecha la vida?

omó el curso de las edades de grandes civilizaciones hasta llegar a la historia contemporánea poder responder a esta pregunta. Fue el año de 1962, en que el Premio Nobel de Medicina y Fisiología se concedió a tres científicos, por su “descubrimiento de la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico, ADN, que contribuyó a la comprensión de los procesos básicos de la vida”, (Edward Frankel, “DNA el proceso de la vida”. 1964). Estos tres científicos son: los doctores ingleses, Francis H. C. Crick de la Universidad de Cambridge y Maurice H.F. Wilkins del Kings College de Londres; y el doctor estadounidense James D. Watson de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

Curiosamente, para encontrar este misterio de la composición de la vida, la base de la que partieron, junto con un importante número de colegas investigadores, fue de la observación y análisis bioquímico del virus del mosaico del tabaco, TMV (por sus siglas en inglés), de acuerdo con las investigaciones pioneras del doctor Heinz Fraenkel-Conrat (1955), como bioquímico en el laboratorio de virología de la Universidad de California, para explicar cómo se infecta el tabaco con este virus, que causa manchas amarillas en sus hojas y por ello el nombre de “mosaico”. La descripción de este virus es muy simple: está en forma de barra, parece una especie de tubito de paredes gruesas con un alambre dentro, enrollado como un serpentín; la cubierta está hecha de proteína y la delicada fibra de adentro es un ácido nucleico. De ahí al salto científico monumental del descubrimiento de la molécula de la vida formada por una “doble hélice”, compuesta por los ácidos ribonucleico y desoxirribonucleico. Estableciendo que, en los organismos vivos, el ADN se presenta como una doble cadena de nucleótidos, en la que las dos hebras están unidas entre sí por unas conexiones denominadas puentes de hidrógeno. Hasta aquí la respuesta de la ciencia.

En nuestra experiencia vital, como hombres y como mujeres, responder la pregunta inicial toma otros derroteros. Narro dos historias personales, siguiendo sus propios hilos nucleares, que sorprendentemente también se enlazan en una espiral, y plantean idéntica pregunta: ¿de qué está hecha la vida? – Primer protagonista, el día 25 de noviembre de 2007, sale de regreso de su trabajo en la Ciudad de México, camino a Cuernavaca por la carretera vieja; le ocurre un gravísimo accidente al estrellarse contra un autobús, presenta estallamiento del páncreas, permanece dos meses en terapia intensiva, tres más en piso de hospital, y un año en total para su recuperación; se le intervino bajo estado grave con 5 cirugías. Ahora lucha por reconstruir su vida familiar y social. – Segundo protagonista, el día 1º de julio de 2008 a las 6:00 a.m., ingresa de emergencia al hospital por causa de una peritonitis generalizada. Es operado de urgencia esa misma noche, a partir de las 9:30 p.m. hasta las 2:30 a.m. del día 2, se le declara en estado grave y es tratado en terapia  intensiva, cerrando la anterior cirugía del abdomen hasta el décimo día, en que se le practica una colostomía, extiende 2 días más su estancia en UCI. En noviembre se le opera por una fistulectomía, y finalmente la operación de resección del 60% del colon dañado por diverticulitis y cierre de la colostomía se lleva a cabo en febrero de 2009, la recuperación total se alcanza a fines de abril. Ahora se reincorpora a su vida normal activa.

Ambos protagonistas se conocieron, a mediados de los ochentas, y colaboraron juntos en trabajos de consultoría y desarrollo de recursos humanos. 25 años después, se reencuentran al paso de un 2008 en que ambos experimentan una experiencia cercana a la muerte, Jorge Andere –hijo del cronista deportivo Tony Andere- y quien esto escribe experimentan este drama vital. ¿De qué está hecha la vida? A nivel molecular es crítica la unión del ADN que informa genéticamente la configuración que adoptará el ARN y ambos sintetizan maravillosamente la molécula de vida. A nivel macro, dos personas por accidentes distintos enfrentan una situación vital límite extrema; su vida pendió del hilo delgado que no rompió su cadena, en palabras del médico: “requiero de un buen pulmón, menor peso y un corazón fuerte”, lo demás diosito lo proveerá, pero tenemos que actuar. Estas actitudes y acciones decisivas sustentan la vida y abren a la pregunta: ¿Qué espera dios de nosotros, que nos da el chance de vivir? n

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Francisco Javier Chávez Santillán

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