Opinión

Y ahora… El 2010

e queja el diputado Jesús Martínez que “la gente” sólo se acerca a las oficinas del congreso para pedir dinero (nota de Luis Enrique Rodríguez. La Jornada Aguascalientes, 11.jul.09). Si los acostumbraron a la dádiva sin esfuerzo a cambio de un voto y no han cumplido sus promesas de campaña, ¿por qué quejarse? Si les piden dinero, tienen la esperanza de salir con unas monedas; si les piden ideas, seguramente se irán con las manos vacías. Ahora resulta que los ciudadanos con los que se retrataron sonrientes y los saludaron de mano, les estorban y para sacudírselos, mejor no van a sus oficinas. ¡Vaya justificación a la holgazanería! No Sr. Diputado, hay que dar la cara y cumpla lo que prometió en campaña, aunque haya llegado al cargo por la vía plurinominal.

Te lo digo Juan, para que entiendas Pedro. Antonio Arámbula, David Hernández Vallín, Raúl Cuadra García ahí tienen justamente lo que no deben de hacer ni decir. Los tres se valieron de la necesidad de “la gente” y triunfaron por la mínima diferencia que hace un kilo de frijol, una cobija, un saco de cemento, una despensa o una promesa vana de liberarlos de la jodidez.

La ruta de la legitimación que no obtuvieron en las urnas sólo es una: legislar, recalco, legislar a favor de la sociedad; olvidarse desde este momento de proyecciones personales, de intereses de partido o grupo. Deben ustedes estar conscientes de que fueron electos para un periodo de TRES AÑOS. ¿Lo leyeron bien?… ¿no?; con todo gusto se los repito: ¡TRES AÑOS! Nada de que si el pueblo me lo pide o que si el partido me llama abandonen, como ya ha sucedido, la responsabilidad que les fue conferida en las urnas o en los encargos como funcionarios.

Quiero suponer que se dieron cuenta durante sus campañas que no despertaron un interés mayor que el que provocó el debate sobre el voto nulo. Fueron rebasados con mucho sus discursos vacíos, por el mensaje o los mensajes no tan ocultos de los anulistas que, en número, superaron a varios partidos juntos, pero que grupalmente se conformaron en la cuarta fuerza política.

Si piensan que los  anulistas es un movimiento coyuntural de inconformes por sistema o un grupo de ciudadanos rebeldes amparados en el anonimato, se equivocan rotundamente. No desdeñen una fuerza de casi dos millones de votantes cuya acción política se enfoca ahora hacia la exigencia de cumplimiento de promesas y a la elaboración de una agenda legislativa ciudadana que les será presentada en breve.

Los ciudadanos tienen un potencial de crecimiento mayor al que tienen los partidos. El grupo al que jamás han convencido los partidos, es el de los abstencionistas, que encontrarán terreno fértil en movimientos identificados con sus motivos de abstención. Ahí radicará la fuerza ciudadana no partidista. El punto tangente entre abstencionistas y anulistas es el hartazgo y el enfado por la forma de actuar de la clase política.

El referendo electoral fue más que claro en el rechazo a la política que estableció el ocupante de los pinos. Despertó conciencias que lo reprobaron en sus casi tres años de gestión. Sus acciones como jefe de campaña solo invocaron a los emisarios del pasado y tendremos que sufrir sus desaciertos en lo que resta del sexenio.  Entronizó de nueva cuenta a quienes se creyó no regresarían al poder. Solito se puso entre la espada y la pared y de paso a todos los Mexicanos.

Ha creído el presidente legal que despidiendo a su empleadito Germán lavaría culpas sin pensar que el causante de la debacle es Él mismo.  Ojala el despido retire en forma definitiva de la actividad política a quien sembró enconos y aunque no soy partidario de los premios de consolación, sería bueno buscar en un mapamundi el país más lejano a México donde ocupe una embajada.

La pareja indisoluble formada hace setenta años retoma el mando legislativo sin el contrapeso y equilibrio  que pudo significar una fuerza de izquierda comprometida que pasa a su tradicional papel testimonial, legitimador y colaboracionista. Solo basta apreciar las declaraciones del senador Navarrete que suelta las amarras a la contención en el uso de las líneas de crédito otorgadas a México.

Las cúpulas empresariales, parasitarias como las definió Alfredo Jalife, se frotan las manos y, sabedores de la nueva conformación de la legislatura, “proponen” la aplicación del impuesto a medicinas y alimentos en un uno por ciento: la puntita nada más.  El grupo parlamentario de las televisoras intentará promover la nueva ley de radio y televisión.

En fin, los mensajes enviados en todas direcciones y sentidos que se derivan de esta elección deben ser interpretados  taxonómicamente. Son muchos y variados. Por lo pronto, quienes han dado una interpretación a su inconformidad a través de su voto nulo y por candidatos no registrados ya hicieron la primera parte de su tarea; no se desestime su crecimiento con respecto a elecciones anteriores y mucho menos, no se minimice su futura articulación.

Este marco de referencia se debe tomar en cuenta para las elecciones locales de 2010. Por lo pronto, convoco a que desechemos de la intención de voto a todos aquellos candidatos que, estando ocupando un puesto de elección, pidan licencia para contender por otro puesto. Estaremos pendientes.


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Fernando Rivera Ibarra

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