Opinión

Ante el dolor de los demás

De la escritora norteamericana Susan Sontag, fallecida en años recientes, es el ensayo  escrito en el año 2003 y que da origen al titulo de estas líneas. 

Sontag  fue, quizá, una de las últimas voces críticas a los regímenes de gobierno  de Estados Unidos.  Fue reconocida al otorgársele el premio Príncipe de Asturias de las Letras, justo un año antes de su muerte. 

La recuerdo en sus colaboraciones y entrevistas en La Jornada desde hace varios años: intransigente en sus principios, se erigió en voz universal de los inconformes con las políticas internas y externas de su país. El mundo intelectual sintió la orfandad en el 2004, año de su desaparición. Quedan sus obras. 

“Ante el dolor de los demás” es un ensayo centrado, fundamentalmente, en la influencia que tiene en el imaginario colectivo las imágenes fotográficas del desastre que provocan las guerras, la devastación, la muerte. 

Dice Sontag: “el problema no es que la gente recuerde por medio de las fotografías, sino que tan sólo recuerda las fotografías.  El recordatorio por este medio eclipsa otras formas de entendimiento y de recuerdo”. 

Añade más adelante: “en la vida moderna –una vida en la cual lo superfluo reclama nuestra atención –parece normal apartarse de las imágenes que simplemente nos provocan malestar”. Y más aún: “tales imágenes no pueden ser más que una invitación a prestar atención, a reflexionar, a aprender, a examinar las racionalizaciones que sobre el sufrimiento de las masas nos ofrecen los poderes establecidos. ¿Quién causó lo que muestra la foto? ¿Quién es el responsable? ¿Se puede excusar? ¿Fue inevitable? ¿Hay un estado de cosas que hemos aceptado hasta ahora y que debemos poner en entredicho?”. 

Finalmente agrega: “La frustración de no poder hacer algo relativo a lo que muestran las imágenes quizá puede traducirse en la acusación de que es indecente contemplarlas o de que es indecente el modo en que se difunden”. 

Estas reflexiones vienen a propósito de una revisión de algunas fotografías difundidas por los encargados de las oficinas de comunicación, tanto de gobierno estatal como municipal, en las últimas dos semanas, en las cuales en una franca competencia de ambos por dar la nota del día, aparecen en todos los diarios locales. 

Los gobernantes, ya sea en primera persona como titulares o como consortes cuando la nota es del DIF respectivo, aparecen en primer plano “regalando a los más pobres” ya sea despensas, útiles escolares, litros de leche, etc.  Obsérvese  con un poco de detenimiento las gráficas donde lo que domina es el rostro alegre y de satisfacción de los funcionarios; los brazos extendidos y ansiosos de los “más pobres”, esperando allegarse la dádiva, al más puro estilo de los damnificados por desastres naturales en Asia menor o África Central. 

Sin recato alguno, declaran que seguirán dando ese tipo de apoyos a la población porque la situación así lo demanda. El colmo lo fue aquella fotografía en la cual el gobernador se muestra lanzando pelotas a la multitud y cuyo pie de foto indica que quienes obtengan una de ellas, podrían intercambiarlas por algún regalo. 

Me trae a la memoria una leyenda del pueblo minero de Real de Catorce, en el norte del estado de San Luis Potosí: en su época de esplendor en la cual, antes de la construcción del famoso túnel de Ogarrio, se presentó el ruiseñor mexicano Ángela Peralta en función especial para los dueños de las minas. 

Los pianos de cola debieron de ser llevados al pueblo atravesando cerros a lomo de mula.  Pasada la tertulia musical, se daban a la diversión amarrando a la cola de mula bronca y fueteada, una talega con monedas de oro para que los trabajadores mineros intentaran hacerla suya. Por supuesto que la diversión consistía en ver como peleaban entre ellos, a veces hasta la muerte, para erigirse en ganadores de la talega.  Reitero que es una leyenda y cualquier semejanza con las pelotitas intercambiables por regalos es coincidencia. 

Previo a la revolución Francesa, María Antonieta, esposa de Luis XVI, insensible como era, ante el reclamo de la población por falta de harina y de trigo para elaborar pan, suelta la famosa frase, atribuible a ella, “si no tienen pan, que coman pasteles”. 

Parece ser que la postura de los gobernantes modernos en México, ante la pobreza extrema de grandes sectores de la población, es la de réplica de María Antonieta.  Simplemente que esperen en sus colonias que ya llegarán las brigadas encabezadas por los gobernantes a repartir talegas de oro y pasteles. 

La competencia es feroz.  Por una parte, “convocan” a los viejos de la ciudad a celebrar el día del abuelo.  A una, dicen, acuden 25,000 y a otra 5,000. A la primera, con baile y cena para todos y a la segunda con despensas, en descarados eventos electoreros y administradores de las miserias de los llamados eufemísticamente adultos en plenitud. 

Las fotografías de cada uno de los eventos son elocuentes. Se dejan besar y abrazar. Los discursos son insoportablemente cursis y más falsos que una moneda de tres pesos. 

Repito la última de las preguntas que se hace Susan Sontag: ¿Hay un estado de cosas que hemos aceptado hasta ahora y que debemos poner en entredicho?  

¿Qué hacer ante el dolor de los demás?

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http://detrasdelmostrador-ags.blogspot.com 


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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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