Opinión

El criminal expolio de México

En la sala de los tesoros de la catedral de Sevilla en España, se tiene en exhibición una enorme custodia, construida en oro y plata  e incrustaciones de pedrería preciosa. Se cuentan por miles las partes que, ensambladas, dan forma a la pieza en cuestión. La lámina con el texto descriptivo, colocada frente a la vitrina, da cuenta que el oro, materia prima de buena parte de la pieza, es de origen americano, en específico, de Bolivia y de México, llevado a España en el siglo XVI.

Durante la pasada semana se publicó en los diarios de circulación nacional, el descubrimiento de bandas, perfectamente organizadas, dedicadas a “ordeñar” ductos de combustible propiedad de Pemex. La noticia se publicó como un descubrimiento reciente y como si fuera un hecho inédito. Se presume, según las notas, que hay altos funcionarios involucrados en el tráfico ilegal del combustible, sin descontar la colusión de personal sindicalizado de niveles directivos.

Dos hechos similares. Épocas  diferentes. Alrededor de 500 años de tiempo transcurrido. No ha habido pausas aunque sí muchas prisas, particularmente en tiempos de memoria reciente, en las acciones que están dejando o ya dejaron exhausto a nuestro país.  Los métodos han variado, pero los hechos y sus descripciones eufemísticas tienen el mismo fondo.

Consideremos primariamente la explotación desmedida y desordenada de los recursos naturales, hasta el agotamiento; llámese petróleo, minerales, agua, tierras fértiles, bosques, fauna, medio ambiente, etc.  Los beneficios de dichas explotaciones son para un grupo selecto de privilegiados nacionales y extranjeros.  El perjuicio, por supuesto, para grandes sectores de la población.

La política económica neoliberal ha tomado sólo una treintena de años para colocar al país en situación de bancarrota: la planta productiva está diezmada, la infraestructura industrial obsoleta a no ser por algunas plantas de inversión extranjera, los servicios pobres y escasos, nula tecnología nacional, servicios otrora responsabilidad de gobierno y ahora concesionados a particulares con niveles bajos de calidad.

Los recursos obtenidos por la venta de empresas en poder del estado se esfumaron y no quedó huella material de un posible beneficio colectivo; la práctica desaparición de los excedentes petroleros en los años recientes, el adelgazamiento del estado mimetizado en una burocracia obesa e ineficiente, los excesivos recursos destinados a una estructura política partidaria, las enormes dietas a un poder legislativo que no corresponden a un esfuerzo de trabajo, son parte de la cañería a la que fueron a dar las riquezas de México.

El principio económico de la escasez de los recursos adquiere dimensiones preocupantes dado que la esencia misma del principio de la administración eficiente se ha perdido. La falta de visión de estado, falta de previsión, las  miras cortoplacistas y coyunturales han  puesto al borde del abismo y al filo de la navaja a gobiernos estatales y municipales que, acostumbrados a extender la mano a su proveedor financiero federal e incapaces de buscar alternativas de solución a sus problemas económicos, ponen sobre la mesa el argumento fácil de suspensión de servicios básicos tales como el de la seguridad. O llegado el caso, no faltó la propuesta por demás ridícula, de implementar “paros técnicos” en el  gobierno estatal.

Nadie, absolutamente nadie, ha siquiera mencionado que ante la crisis, lo conducente es una verdadera “austeridad republicana”.  Se viene planteando desde hace más de tres años. No la contemplan por el simple hecho de que su promotor principal, Andrés Manuel López Obrador, la tomó como bandera de campaña en el 2006.  Hay evidencia suficiente de que desde las cúpulas económicas y políticas rehúyen el término por su origen; minimizan (¿desdeñan?) los efectos de reducir los sueldos de la alta burocracia, de eliminar privilegios y prerrogativas a funcionarios, de eliminar regímenes fiscales de excepción a los grandes grupos empresariales.

El saqueo ha sido incontrolable y sigue sobre los despojos. Dicen que no hay dinero y sin embargo, se gastan fortunas inmensas en la imagen personal de los políticos, con cargo, por supuesto, al erario publico. Esgrimen pueriles argumentos de utilización de créditos como si éstos no fueran exigibles. Nos venden espejitos con puentes y distritos financieros que nos colocarán a la altura de ciudades del primer mundo.

Y como bien dicen que el que se quema con leche hasta al jocoque le sopla, pues desde el primero de enero de 1994 seguimos esperando que nos abran la puerta al llamado primer mundo. Para esto, es necesario primero detener el despojo desmedido o criminal expolio de México.

La desviación de recursos y la falta de políticas sociales eficientes ha producido cinco millones mas de pobres en los últimos tres años, se perderán 710,000 empleos en lo que resta del año, el cierre de empresas es alarmante y se pronostica un decrecimiento del PIB del 8 % este año; y la clase política, esperando que Estados Unidos salga de su crisis. Mientras tanto, el activismo en Aguascalientes por las elecciones del 2010 mantiene olvidados y ausentes esos problemas.


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Fernando Rivera Ibarra

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