Opinión

Érase una vez: la medicina bancaria

Así como en la educación, existe una “medicina bancaria”, entendida como práctica médica centrada en la apropiación de la utilidad económica –obtenida del bolsillo del paciente-  más que en lo estrictamente curativo o preventivo de la ciencia médica. Sin embargo, educarse o no educarse como curarse o no curarse son falsos dilemas, porque ambos son medios para alcanzar un bien superior, y no son fines en sí mismos.  Me curo, para tener una mejor calidad de vida y una elevación de mi bienestar integral; me educo, para realizar mejor el potencial enorme de mi ser como persona humana y en ello aspirar ascender a una escala superior de hominización a la que tengo derecho como el ser humano que soy, sin adjetivos, en cuanto que tal.

Investigaciones pioneras apuntan en este sentido “anti-bancario” de la escuela y de la práctica médica, como ha sido el caso de Ivan Ilich, que desarrolló su trabajo en el CIDOC, Centro Intercultural de Documentación, en la ciudad de Cuernavaca, estado de Morelos, a partir de los años 60’s. Y cuya obra señera y auténticamente fundacional se titula: “Hacia el fin de la era escolar” (CIDOC, Cuaderno Núm. 65). En sus páginas iniciales se responde a la pregunta: “¿Por qué debemos abolir la trata escolar?”- A lo que se responde: “La escuela ‘escolariza’, mientras dice educar”, (…) la escuela –lo mismo si es grande o pequeña, o si es pobre o rica- logra siempre hacer de las personas que asisten a ella, gente “escolarizada”. Y este es un problema nada menor, porque: “ha llegado a convertirse en la razón de ser del propio proceso”; y lo más siniestro de este proceso es que a la postre, se engaña dolosamente al estudiante haciéndole creer que “la mera prolongación de la escolaridad entraña necesariamente una mayor formación y triunfo social”. Y “con el mismo triste acierto, identifica el cuidado de la salud con el tratamiento médico…”. ¿Nos dice algo el pavoroso desempleo o empleo simulado de nuestros jóvenes profesionistas? ¿De verdad el cuidado de nuestra salud depende de hospitales “gran clase”, de cirugías innombrables –e hipotecarias de por vida- y de medicamentos inalcanzables por vergonzosamente caros e inaccesibles?

Las respuestas a ambos falsos dilemas, afortunadamente están siendo respondidas por genuinos científicos de ambas disciplinas. Tal es el caso de enfermedades como la hipertensión arterial y la diabetes. En México, se registran cada hora seis muertes por diabetes, 10% de los adultos, es decir 5.6 millones padecen esta enfermedad, además de que más de un millón ignora tenerla. Los gastos de atención y prevención en 2007 eran a nivel mundial entre 215 y 375 billones de dólares, y las personas que no tienen acceso a los servicios de salud se ven obligadas a erogar de sus bolsillos 25 por ciento de sus ingresos anuales; el dilema es o caer en la pobreza extrema, o de no atenderse sufrir una muerte prematura. Lo cual muestra el más vil servilismo –mercantil y escolarizado-, que es “darwinismo social”: la supervivencia del más apto.

El caso de las enfermedades citadas, han sido investigadas por científicos como el Dr. Louis Ignaro, a quien fue otorgado el Premio Nobel 1998, por sus estudios pioneros en bioquímica sobre el Óxido Nítrico,  y de cuyos resultados pudo obtener una formulación de ingredientes basados en la nutrición celular, capaz de optimizar la producción de este componente fundamental por nuestro propio cuerpo. Igual lo sitúa a la vanguardia en ciencia cardio-vascular. Su aportación consiste en dejar claramente establecido que el Óxido Nítrico es una de las moléculas más importantes del cuerpo humano, crucial para el bienestar. De manera que la diferencia entre la salud y la disfunción dependen en gran medida del nivel y actividad del óxido nítrico en tu cuerpo; su presencia contribuye también a la longevidad. En realidad es un gas que actúa en el cuerpo como un mensajero, llevando y trayendo mensajes que regulan la actividad de las células; y éstas de órganos tan vitales como son los pulmones, el hígado, los riñones, el estómago, los genitales y desde luego el corazón. En gran síntesis, su actividad ayuda a relajar y a dilatar las células de la sangre, permitiendo que éstas puedan alimentar eficientemente al corazón y los tejidos del cuerpo entero; además de ayudar a mantener los niveles saludables de la presión sanguínea. Inclusive, el sistema inmunológico se beneficia del Óxido Nítrico en el combate de las toxinas, proveyendo así un fuerte sistema de defensa interno.

Y lo mejor de todo, el Óxido Nítrico se produce en y por nuestro propio cuerpo mediante una alimentación adecuada, ejercicio físico, e incrementarse bajo fórmula de complemento alimenticio. Los ingredientes que lo favorecen son: L-arginina (publicitada como hormona del crecimiento); L-citrulina, en el ciclo de la Urea, es un aminoácido que potencia la respuesta inmunológica; D-Alpha Tocopherol o vitamina E que actúa como antioxidante en servicio de la síntesis del hemo, parte esencial de la hemoglobina de los glóbulos rojos; L-Taurina, ácido abundante, antioxidante que propicia la generación del óxido nítrico, y mejora el rendimiento durante el ejercicio físico; Ácido ascórbico o vitamina C, antioxidante soluble al agua, que combinado con los anteriores fortalece la producción del óxido nítrico.  El Ácido Alfa Lipoico,  considerado como el “antioxidante universal” y actúa de manera potente contra las sustancias metabólicas tóxicas, consideradas “basura metabólica”; el Ácido Fólico, que es una vitamina del complejo B9, esencial para la vida ya que ayuda a prevenir defectos de nacimiento en el cerebro y la médula espinal; el Calcio Folinanto, que promueve niveles saludables de homocisteína, misma que en concentraciones grandes es de alto riesgo cardiaco, porque se acumula en la pared arterial e incrementa el riesgo de aterosclerosis; el Lemon Balm o Toronjil, yerba perenne de la familia de las mentas, que actúa como un elemento calmante e hipotensivo, y dolencias funcionales gastrointestinales, entre otros efectos. Ponga precio a estos ingredientes, su ingesta, y le sorprenderá lo barato que resulta mantener nuestra salud, sin llegar al nivel curativo, prohibitivo de la economía familiar. n

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Francisco Javier Chávez Santillán

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