Opinión

Genio, Figura y Mortaja&

Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra paciencia, Catilina? (Ia. Catilinaria, pronunciada en el Senado Romano el 8 de noviembre del año 63 a.C., por el Cónsul Marco Tulio Cicerón), como fuerte invectiva contra Lucio Sergio Catilina. Su pronunciamiento logra abortar la conjura de éste que tenía como objetivo final la subversión total de las estructuras del Estado romano e incluso la destrucción de Roma y el asesinato de los ciudadanos más representativos del partido aristocrático. 

No fue poca cosa la que consiguió Cicerón, al atajar un complot en contra de las instituciones políticas centrales del Estado romano. ‘Mutatis mutandis’ (cambiadas las cosas que haya que cambiar), hoy, en México, confrontamos un tema nada menor en el SNTE, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, bajo la presidencia de su Comité Ejecutivo Nacional por la maestra Elba Esther Gordillo. Emanado del pacto revolucionario, el sindicato de maestros ha vivido épocas de luces, en la co-fundación del sistema educativo y político mexicano. Junto con los sectores obrero, campesino y popular,  fue pilar de la modernización del Estado corporativo de masas que se instauró como transición del estado nacional oligárquico que enseñoreaba la Nación, y pasó luego a una fase de estado nacional desarrollista promotor del efímeramente llamado “milagro verde mexicano”. 

Llegado el año 2000, en que se instala el primer gobierno de alternancia política, de signo derechista bajo el Partido de Acción Nacional, con Vicente Fox Quesada. Sin embargo, pronto quedó de manifiesto que los antiguos pecados y errores del partido institucional no eran privativos de su burocracia, pues se hicieron extensivos a la generación del relevo panista. La maestra Gordillo escinde al SNTE de su matriz priista, y lo convierte en maquinaria electoral a favor del Lic. Felipe Calderón Hinojosa, a quien acompaña en la presidencia de la República, como aliado de su política educativa. Lo esencial permaneció inmutable: la misma hegemonía neoliberal, que gravita en torno de los países capitalistas centrales o hegemónicos, que finiquitó al Estado nacionalista tradicional, solo que ahora aplicando a ultranza su proyecto desnacionalizador, en la era de la globalización. 

Después de deponer, en el año 1989, y sustituir al pretendido líder “vitalicio” del SNTE, Carlos Jongitud Barrios, con el beneplácito del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, la flamante lideresa Elba Esther Gordillo se hizo con la cúpula del sindicato; de la misma manera con que aquel había desplazado a su antecesor Manuel Sánchez Vite. Hoy, el SNTE gravita sin su base histórica real, más como un membrete –eso sí, sumando cuantiosísimos emolumentos económicos y aun políticos-, que como un auténtico gremio de clase, representativo de las masas trabajadoras de la Educación. Esta entelequia opera faraónicamente en la escena política de México en el siglo XXI, y acompaña los desfiles triunfales del modernísimo Estado Desarrollista Burgués, nuestro México actual, según lo define la teoría del análisis social, al día (“the state of the Art”), respecto del Estado en América Latina. 

El Estado neoliberal en esencia es ser excluyente de clases subalternas, gremios, corporaciones y de la misma sociedad civil, en general; ¿cómo podrá una figura como el SNTE ser al mismo tiempo cabeza de gremio y compartir el poder fáctico –en lo político y en lo económico- de cara al capitalismo dirigente de los países centrales hegemónicos? El célebre politólogo Antonio Gramsci designa esta última función como dictadura, y a la función que forma y desarrolla a la sociedad civil, “ideología hegemónica”, en ésta los intelectuales tienen un papel central, pues se convierten en los auténticos “educadores” de las otras clases sociales, a las que liberan de la dictadura del poder económico y político dominante. 

En verdad, la suerte está echada. Desde aquel abrazo con el entonces secretario de Educación, Ernesto Zedillo Ponce de León, la Mtra. Elba Esther Gordillo aceptó la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica en mayo de 1992, bajo el monitoreo decisivo del presidente Salinas, y con ella la descentralización del sistema educativo mexicano hacia las entidades federativas; fue el primer acto de vaciar el sindicato de su base histórica; de ahí a des-potenciar al magisterio de su capacidad cohesionadora, ocurre su real desmembramiento ante los designios de los poderosos depredadores políticos que dictan políticas desde Wall Street, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el mismísimo Banco Interamericano de Desarrollo, así dice la teoría social. Hoy, la base magisterial instrumentada como máquina electoral está al servicio del poder económico y político, y no al servicio de la “ideología hegemónica” de la sociedad civil, en términos de Gramsci. 

Por tanto, el liderazgo de Elba Esther Gordillo hace tiempo que entró en su cuenta regresiva; y los derechos civiles de millones de mexicanos están en entredicho. Paradójicamente, un apasionado promotor de los derechos civiles ha muerto, el senador Edward M. Kennedy por Massachusetts, y desde el centro hegemónico mundial, se lee en su página web: “Por todos aquellos cuyos cuidados han sido nuestra preocupación, el trabajo continúa, la causa permanece, la esperanza aún vive y el sueño nunca debe acabar”.  In memoriam. 


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Francisco Javier Chávez Santillán

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