Opinión

Gigantes segados

 mano derecha de la última cuadra de la avenida Colosio con rumbo poniente, poco antes del Superama, se encuentra una pequeña muestra de lo que nos podría deparar el futuro, a Aguascalientes y a México: la desertificación y el desastre ecológico. ¿Cuántos al haber transitado por esa cuadra, se habrán percatado, con pena, de la tragedia acontecida?

Se hallan allí 19 “muñones” de árboles talados.  Algunos deben haber sido muy altos y frondosos, ya que lo que queda de ellos alcanza los 25 ó 30 centímetros de diámetro. ¿Por qué los talaron?,  ¿quién lo hizo?, ¿quién lo permitió? ¡Son los “gigantes segados”!

 

La respuesta surge a la derecha de los muñones: una serie casi interminable de placas metálicas con el registro de lo que debe ser una empresa de publicidad: “Gráfica”, junto con un número telefónico. ¡Los árboles fueron talados para “vender” publicidad, para ofrecer productos a los conductores de automóviles y a los pocos transeúntes que por allí caminan!  ¡La sociedad de consumo por encima de cualquier consideración ecológica!

El panorama de destrucción ecológica  no es privativo de ninguna área de la ciudad de Aguascalientes en particular.  La tala se repite a lo largo de las aceras de las avenidas, calles e incluso camellones.

No son sólo los “taladores furtivos” los que ocasionan el daño a los árboles.  Cada vez que le toca dar “mantenimiento” a los árboles en calles y parques: a menudo se arrasa con la mayor parte de las ramas, y quedan sólo los “esqueletos” de lo que fueron árboles.  ¿Venderán la madera después los empleados?

Con la tala que a un ritmo furioso está desolando nuestra ciudad, y los bosques del estado, se frustra la promesa de vida de los árboles: lluvia, oxígeno, abrigo, refugio y hogar de pájaros y otras criaturas.

En Aguascalientes, el desierto literalmente se está comiendo nuestro territorio.  En los últimos años el ritmo de deforestación por tala ilegal y erosión de suelos se duplicó, debido fundamentalmente a la tala clandestina y a los incendios. El 90 por ciento del suelo en el estado tiene algún grado de erosión o desertificación.

Debido a este proceso de destrucción de los bosques y de rompimiento del equilibrio con la naturaleza, durante los últimos años ha sido notable el cambio de clima en Aguascalientes.  Ha desaparecido el clima anual templado que caracterizaba a la entidad.  En su lugar, ahora padecemos fuertes fluctuaciones en la temperatura, que va del extremo calor al frío también extremo.  Esto es ¡el clima de los desiertos!

El fenómeno de la desertificación puede detectarse fácilmente en  El Llano, en el oriente de Aguascalientes.  Hasta hace apenas 20 ó 30 años esta región era el granero del estado, con grandes cosechas.  Hoy es una zona árida, semidesértica y prácticamente nula para la producción de maíz o frijol.

El promedio de lluvia en Aguascalientes durante los primeros 70 años del siglo XX era de 600 mililitros anuales.  En la década de 1980 y en la de 1990 disminuyó a 500.  En la actualidad sólo excepcionalmente rebasa los 350 milímetros anuales.  Por otro lado, el 75% del agua en la entidad es extraída del subsuelo, lo que agudiza un abatimiento de los mantos freáticos de entre 2 y 4 metros al año.  Los cinco acuíferos en el estado acusan ya signos de una severa sobreexplotación, hay escasez del vital líquido y se registra un balance hídrico negativo, producto de un acusado déficit en la recarga.

El futuro es negro.  Todo parece destinar a Aguascalientes como la nueva zona desértica del país. 

El desarrollo integral incluye cuatro elementos fundamentales: político; social; económico; cultural; y ecológico.  Si falta alguno de ellos, no hay desarrollo, sino una distorsión del desarrollo. A menudo, especialmente en tiempos de recesión económica como el actual, las autoridades, e incluso los ciudadanos, suelen relegar la ecología a un plano de importancia menor. ¡Craso error!  Si no se cuida el medio natural, cualquier país está destinado a transitar por un desfiladero, hacia el abismo de la inviabilidad.  El equilibrio ecológico es la clave para alcanzar el desarrollo integral, y para asegurar nuestra supervivencia como especie.

Los “gigantes segados” de la avenida Colosio nos advierten del peligro inminente, y del imperativo de cambiar el rumbo del proceso de desarrollo, so pena de negarles cualquier futuro a nuestros hijos.  Los aguascalentenses debemos tomar conciencia de la situación, y actuar en consecuencia.  Es urgente reforestar y hacer un esfuerzo colectivo para proteger la naturaleza. n

*Profesionista de origen campesino, activista social, catedrático y político

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Isidoro Arméndariz

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