Opinión

Los conflictos armados y la crisis de los derechos humanos

proximadamente durante el último cuarto de siglo los conflictos armados en el mundo han tenido una característica: ya no son internacionales sino intraestatales, es decir, ya no es un país contra otro, sino se gestan y se desarrollan a lo interno de los estados. Las guerras internacionales “están cayendo en desuso”, al menos por ahora. Esta particularidad motiva una reflexión: ¿Cuál es la causa o cuáles son las causas de estos conflictos que implican la guerra fraticida al interior de los pueblos y las naciones? Además de esos motivos es preciso también hacer una breve consideración sobre la afectación de los derechos humanos a partir de esos conflictos.

Entre los factores que originan estos enfrentamientos armados podemos mencionar el político (ambición de poder), el económico (intereses de grupos para defender, amasar e incrementar riqueza, incluyendo en este factor los negocios ilícitos o delictivos tales como narcotráfico y otras actividades ilícitas como la explotación ilegal de recursos naturales, los negocios producto de la corrupción y otros más) y desde luego el militar (incluyendo ejércitos y policías, medio en el cual existe una tentación nata para el acceso al poder por la fuerza) y el paramilitar (grupos armados, con ideología o sin ella, tales como gavillas, terroristas, insurgentes); también tenemos el factor social (a partir de la desigualdad de las condiciones sociales de vida: empleo, alimentación, salud, vivienda, educación y hasta en las posibilidades de recreación, factor en el cual también  encontramos los factores raciales, religiosos y de pertenencia geográfica).

La guerra –ya sea interna o hacia el exterior- es uno de los tres enemigos actuales de la humanidad, junto con el empobrecimiento galopante y el daño que la humanidad está causando al entorno natural.

Los tres inciden en la afectación a los derechos humanos. La guerra implica un daño obvio a los derechos más preciados, la vida y la libertad (libertad en su aspecto de oposición a la sumisión); el empobrecimiento afecta ampliamente los más sensibles derechos humanos de vigencia cotidiana, como son la alimentación y nutrición, la salud y desde luego la vivienda digna y la destrucción medioambiental afecta a la vida sana y a la esencia misma del aspecto material del ser humano en una vasta gama de consecuencias como son, desde una simple enfermedad respiratoria transitoria y curable, hasta daños irreparables y mutaciones y desde luego, la afectación de los recursos naturales imposibilitando o disminuyendo la posibilidad de su aprovechamiento.

La guerra tal vez sea el enemigo de destrucción más aparatosa, más impactante, aunque tal vez no sea el más dañino, paradójicamente es el que podríamos considerar como de más fácil prevención, terminación o reparación pues es el que tiene sus causas más íntimas en las fibras más negativas del ser humano, pero que son al mismo tiempo manejables, controlables y superables en su prevalencia.

Sin embargo, reparar los daños de la guerra es difícil y en ocasiones imposible; puede tomar años y mucho dolor y esfuerzo o sus heridas pueden no restañarse nunca.

Con independencia de los daños materiales que se implican en la destrucción de ciudades enteras e infraestructura, los daños que resiente el ser humano son enormes, tanto en lo material, en su cuerpo mismo, como en su espíritu y en su vida en general.

Los horrores de la guerra, desde la mera apreciación visual de escenas violentas o combates y hasta de acciones criminales, el sufrimiento de heridas y aún mutilaciones o daños irreversibles en el cuerpo, la pérdida de seres queridos y desde luego la pérdida del patrimonio, poco o mucho y consecuentemente la afectación de las posibilidades de subsistencia, pasando por el estrés que produce un ambiente de violencia extrema deben ser evitados, evitándose la guerra y en su caso, reparados de la mejor manera posible.

La cooperación internacional y la ayuda humanitaria para las víctimas de las consecuencias de los conflictos armados es y sigue siendo imperiosa. Desafortunadamente seguirá siendo necesaria, pues este tipo de conflictos es previsible que se siga presentando alrededor del mundo, no obstante los esfuerzos que se hagan por las partes, por los estados y aún por las instituciones internacionales públicas y privadas.

Es amplio el directorio de instituciones internacionales que trabajan en pro de los derechos humanos, tanto públicas como privadas y de gran proyección como de acción discreta, así como de manera específica las que trabajan en el ámbito de la prevención de conflictos armados y de actividades para evitar y reparar los daños a dichos derechos humanos como resultado de actos, actividades o acciones bélicas o relacionadas con el armamentismo o con el uso de la fuerza como actitud de imposición del poderoso sobre el débil o el súbdito.

El conflicto de Birmania (también conocido como Burma) en Asia, el de Darfur en Sudán, el de Chad, Somalia o Zimbabwe (la antigua Rhodesia) todos éstos en África, los territorios palestinos ocupados por Israel, en el Medio Oriente, ellos entre los más significativos de la problemática que vive el mundo en la actualidad y otros más son crisis que son atendidas por la acción humanitaria de muchas organizaciones tanto públicas como privadas y entre ellas una hoy pequeña, Crisis Action, que trabaja en estrecha colaboración con grandes instituciones como son Amnesty International, Human Rights Watch, Save the Children y muchas otras, aportando dicha pequeña institución  grandes cantidades de acción para la crisis.

La existencia de estas organizaciones, entre ellas Crisis Action es una muestra del sentimiento de solidaridad del ser humano con sus hermanos afectados por las consecuencias de la violencia de los movimientos armados. Sus esfuerzos revestidos de diplomacia y también de respuesta social internacional para aportar medios de prevención, de solución y reparación de la afectación a los derechos humanos, derivados de los conflictos armados, son realmente encomiables y son un ejemplo para muchos en el mundo. Nos vemos la semana que entra si dios nos da vida y otros no nos la han quitado.


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guillermacias

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