Opinión

Paz y Amor

Con el encabezado de esta entrega finalizamos la entrega de la semana anterior y da vuelo a un hecho particular que, como muchos otros de la época, no han sido olvidados a pesar del tiempo transcurrido, por su trascendencia en la juventud de aquellos años, entre la que estoy inscrito.

Hoy decidí dar descanso, tanto a los lectores como al grupo de políticos que se destacaron en la semana anterior, aunque ellos no descansaron en sus desaciertos y sus acostumbrados dislates. Tiempo sobra para ocuparnos de ellos y motivos no faltan. Vale.

La copia numerada con el 72450 de la edición limitada a 140000 de “Woodstock, 3 days of peace and music, the facts” esta en mi poder. La atesoro como pocas cosas, probablemente con tanto celo como mis libros y otras selecciones musicales. En principio y fin, porque ha sido un obsequio de mi hijo único , sabedor de mis gustos geronto musicales.

La copia en cuestión esta compuesta de cuatro DVD de lo que llamaría una historia sociológico-rockera dado que los dos primero de ellos están mezclados con las presentaciones de artistas y los testimonios de varios participantes directos e indirectos del festival.  Entrevistas que magistralmente inserta el genio cinematográfico y melómano Martin Scorcese, apoyando al director de los filmes, Michael Wadleigh. Los otros dos discos incluyen canciones y artistas que no habían sido incluidos en ninguna otra presentación anterior.

Vienen acompañados los discos con réplicas de los boletos de entrada, una copia fiel del numero que la revista Life dedica y en la cual presenta en su portada el dibujo emblemático y representativo del festival de la paloma posada en el puente de una guitarra sostenida por una mano. Igualmente incluyen réplicas de varias chucherías como los mensajes que fueron pegados en una especie de periódico mural.

Como agregado, no podía faltar la hoja de la numeralia con algunos datos irrelevantes como el número de policías que vigilaron el evento o los teléfonos públicos instalados  o cuántos radios se utilizaron o cuantos pacientes fueron atendidos por 18 doctores.

15, 16 y 17 de agosto de 1969; justo y exactamente hoy hace 40 años. Una juventud de espíritu pacifista en reclamo por la guerra en Viet Nam que buscaba romper con el “estabishment”, manifestándose a través de la música y porque no decirlo así, el uso de drogas para lograr un estadio superior de espiritualidad.  Era la época de las comunas, de la erradicación del odio, la negación a reclutarse e ir a la guerra y como catalizador principal, la música.

Aún no se acababa de asimilar en Estados Unidos la violencia materializada en los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy  en 1968 o los logros técnicos por el arribo a la luna un mes antes, la guerra en Viet Nam distaba en su término.  Esta última fué también tomada como bandera en México solidariamente con la juventud americana.

Era impensable, en aquellos ayeres que nos llegara la información como ahora, al momento que se generaba; sin embargo, la difusión fue lo suficientemente efectiva. Aún recuerdo las primeras versiones musicales que escuché del festival en una grabadora enorme de dos carretes. Sin edición pero con calidad, considerando ahora los avances tecnológicos. Aparte, había que escucharlos en la clandestinidad para no ser víctimas de la intolerancia que privaba en ese entonces en nuestros mayores.

Joe Cocker, The Who, Jefferson Airplane, Crosby, Stills & Nash, Santana, Joan Baez, Arlo Gutrhie, Ten Years After, John Sebastian Canned Heat, Richie Havens, Sly  & The Family Stone, entre otros muchos más, nos hacen un recorrido musical representativo del rock, el soul, el blues, el folk a través de más de cinco horas.

Mención aparte merecen las actuaciones de dos de las joyas , ya desaparecidas por sendos “pasones”, Janis Joplin con su  célebre “Work Me, Lord” y por supuesto la de Jimi Hendrix con su no menos célebre “Purple Haze”. Los dos en un visible estado de éxtasis musical.

Los testimonios de los lugareños de Bethel y sus cercanías, insertados entre canciones, dan idea de cómo reaccionaba la sociedad americana ante ésta nueva manifestación de los jóvenes que buscaban un cambio social. Las respuestas son lo suficientemente reveladoras de que no sólo los jóvenes buscaban un giro en el entramado social.  Contaban con el respaldo de padres de combatientes que veían un movimiento de intenciones sanas y el rechazo de otros con espíritu racalcitrantemente nacionalista y ultra conservador.

Es claro que éste festival fue lo suficientemente importante en los jóvenes sesenteros, ahora también sesenteros, pero por frisar los sesenta años (evidentemente no es lo mismo los años sesentas que los sesenta años) y que significó un cambio de actitud, adicional a los giros que se habían establecido un año antes; la tolerancia hizo su presencia.  A partir de ahí, todo fue diferente.

Dato adicional y ultimo, que refleja que cuando hay dirección y conocimiento de lo deseado, se puede lograr pacíficamente.  No hubo en Woodstock un solo registro de actos de violencia.  Se registro una muerte por sobredosis entre una asistencia calculada en quinientos mil.

Amor y Paz fue la consigna;  ¿queda algo de eso?


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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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