Opinión

El pernicioso efecto “Juanito”

Rafael Acosta, salta a la fama pública una vez que Andrés Manuel López Obrador, en un acto de respuesta a las arbitrariedades del tribunal electoral, sustituyendo a Clara Brugada de la contienda por la delegación Iztapalapa del D.F., le pregunta públicamente su nombre y surge el ya famoso “Juanito”.

No está por demás recordar, para aquellos que sólo centran su atención en las acciones de multicitado Juanito y sus desafortunadas declaraciones. Clara Brugada, candidata a delegada en Iztapalapa es eliminada de la contienda por vía de una resolución del tribunal electoral del poder judicial de la federación, instancia última en materia electoral.  Resolución tardía la del tribunal y con un claro sesgo favorecedor a la candidata de la tribu perredista mayoritaria, la cual se siente heredera de los haberes y deberes de la delegación.

Dada la resolución, con el tiempo encima y la trampa al elector de que, votar por Brugada, era votar por Oliva, por la confusión consecuente al quedar imposibilitados de cambiar las boletas, tres semanas previas a la elección y con un análisis de posibilidades para dar respuesta, tanto a las autoridades electorales como a los propios electores, es que se decide optar por un candidato registrado, perteneciente a uno de los partidos del, todavía existente, Frente Amplio Progresista.

Nace “Juanito”. No como la opción sino como el conducto. El compromiso público fué que una vez obtenido el triunfo, renunciaría a la jefatura delegacional a fin de que el Jefe de Gobierno del D.F., Marcelo Ebrard, propusiera a la Asamblea Legislativa a Clara Brugada dentro de una terna y a su vez, la propia Asamblea decidiera en consecuencia a su favor. Laberintico camino, pero el único legal y pacífico.

Después de un despliegue impresionante de activistas simpatizantes de AMLO, Brugada y Acosta, con una organización envidiable para cualquier partido con sus bases, tejiendo velozmente redes de información en la población, explicando la estrategia a los votantes en doble sentido, no sólo en la aparente imposición de Andrés Manuel, sino en la respuesta al tribunal electoral, es que se llegan las elecciones del 5 de Julio, cuyos resultados conocemos de sobra.

Rafael Acosta, “Juanito”, se ha convertido en botín político para intentar dar un golpe más a AMLO. Televisoras, empresarios de las cúpulas, la oligarquía que invirtió carretadas de dinero en 2006, han desplegado una campaña de presión al delegado electo a fin de que no renuncie al cargo.  Las intenciones no son el discurso de respeto al electorado, de reconocimiento a su liderazgo (que indudablemente lo tiene por sus actividades previas). No. El objetivo es socavar el otro liderazgo, que indudablemente también se tiene.

El hecho,  inédito en nuestra peculiar forma de hacer política,  ha capturado la atención local y nacional (aparte de que está en juego nuestro nacionalismo en los tachones de once  mexicanos-¿?-reivindicadores). Están logrando su objetivo los amos del país. Se ha distraído la atención a lo sustantivo, pero el hecho en sí tiene otras lecturas.

Un gesto de hastío es lo único que arranca del ánimo de la población el hecho de la solicitud de licencia de ocho diputadas  para dar paso a sus suplentes.  Las solicitudes de licencias se plantaron el mismísimo primer día de sesiones de la cámara. Poco se ha reflexionado al respecto. Se destaca solamente que los suplentes son varones y despiertan protestas tibias de otras diputadas ante la violación a las cuotas de género. Nadie ha puesto sobre la mesa de debates el hecho que fue previamente acordado desde las campañas.  Faltan otras siete que harán exactamente lo mismo, dar lugar a sus suplentes.

Si a lo anterior le añadimos los diputados que faltan para solicitar licencia y ocuparse en hacer campañas electorales en sus respectivos estados.  Recordemos que el año próximo, el 2010, cambiarán sus gobiernos diez estados de la república, entre ellos,  Aguascalientes; un tercio del país. No sólo cambiarán los titulares de los ejecutivos estatales; muchos de ellos renovarán ayuntamientos y congresos. ¿Cuántos diputados solicitarán licencia?, ¿Cuántos presidentes municipales?, ¿Cuántos diputados locales?, ¿Cuántos regidores?, ¿Cuántos funcionarios de primero y segundo nivel y hasta tercero y cuarto?

¿Han dicho algo los dueños de las televisoras a través de sus estrellitas comunicadoras?, ¿los dueños del dinero de México o mas bien los dueños de México?, ¿Las cámaras empresariales?, ¿Los líderes sindicales?, ¿La sociedad supuestamente organizada? Son preguntas que deberán dar respuesta puntual, orientada fundamentalmente a la burla que del electorado está haciendo la clase política.  No, toda la atención es para “Juanito”.

Los ha habido, de la misma clase política que, engolando la voz ante los micrófonos, pontifican: es necesario cambiar las reglas, aprobar las reformas que el país necesita, continuar con el tránsito a la democracia, convocamos a trabajar en unidad y bla bla bla. Lenguas desconectadas del cerebro que sólo escupen estupideces que, aparte, mañana negarán que lo declararon.

Es tiempo de poner un hasta aquí a la satrapía política. No podemos ser testigos sólo de la calificación de la selección a Sudáfrica. Tenemos que ser actores. Ellos no entienden ni siquiera acudiendo a la primaria nocturna. No debemos de seguir siendo víctimas de los arreglos partidistas, de grupos económicos, de intereses de las minorías.

Los puestos de elección popular tienen tiempos claramente definidos en las constituciones locales y la general. Los diputados locales y federales , fueron elegidos para tres años, los senadores para seis, los presidentes municipales y su planilla de regidores, para tres. No debemos votar por quien deja trunca su gestión para la cual fue mandatado. A ellos les urge acelerar su carrera política; a nosotros no.

¿Acaso vamos a seguir en el onanismo mental de que sólo hay un “Juanito”?

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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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