Opinión

La sombra de “Incitatus” en el Senado

Nadie, absolutamente nadie ha acusado de asesino al recién ratificado Procurador General de la República, Arturo Chávez Chávez previamente propuesto al Senado por el señor de los pinos, dada la facultad constitucional de aquel para aceptarlo o rechazarlo. No existió tal impugnación para que uno de nuestros Senadores, Lozano, tuviera que exonerarlo públicamente ante pregunta expresa de reporteros; para que no diga que se descontextualiza el comentario, ahí están los testimonios en la prensa escrita local.

No, el señor Chávez no es el autor de las muertas de Juárez, ni
material ni intelectual; el señor simplemente era el encargado de
investigar, aprehender y presentar a los juzgadores a los verdaderos
asesinos.  Justo durante su gestión como procurador del  estado de
Chihuahua, el número de asesinadas se incrementó de manera alarmante y
se disminuyó la investigación y en consecuencia aprehensión de los
asesinos.  El asunto del egipcio, supuesto asesino serial,  no fue más
que un montaje para tratar de acallar el reclamo social.

Hubiera sido bueno que nuestros Senadores leyeran el testimonio de
Sergio González, en su libro “Huesos en el desierto”, auténtica
investigación que le costó el acoso y daños físicos en su persona.  En
conferencia dictada hace algunos años en la UAA a propósito de la
presentación del mencionado libro, expresó, sin que nadie lo rebatiera
por lo contundente de sus argumentos, la colusión entre empresarios
poderosos de ambos lados de la frontera con mafias de la prostitución,
las drogas y el tráfico de menores ante la complacencia de las
autoridades entre las cuales se cuenta a Francisco Barrio y Arturo
Chávez.

No señor Senador, no se le acusa de asesino sino de “omiso”; de
minimizar el grave problema de las muertas, recomendando, con tufo
moralino y doctrinal, que para evitar problemas, las jóvenes no
deberían salir de sus casas una vez oscureciendo el día y si así lo
hacían, que no usaran mini falda.¡¡ Menuda forma de combatir la
inseguridad!!

El otro apólogo del ahora ratificado Procurador General, Senador
Camarillo, no encontró mejor argumento que decir: “Yo conozco a Arturo
hace muchos años y es una persona muy capaz, honesta y responsable.  Él
presentará documentos sobre su actuación como Procurador de Chihuahua
donde actuó apegado a la ley” (tampoco se descontextualiza: ahí están
las entrevistas radiofónicas).

El Senador Camarillo, descalificó, es más, ni siquiera aludió los
reclamos de los familiares de las víctimas, organizados pacíficamente
exigiendo justicia;  justicia que saben se aleja con el reciente
nombramiento.  No tomó en cuenta las recomendaciones de derechos
humanos que no atendió Chávez; tampoco consideró a los organismos
internacionales que revelan la responsabilidad administrativa del ahora
Procurador General en los feminicidios.

No señor Senador, no se le acusó de no ser cuate suyo, sino de
irresponsable en la procuración de justicia en Chihuahua.  Se desgarró
Usted las vestiduras en rabiosa defensa del libre ejercicio profesional
(en la misma entrevista radiofónica) cuando se le inquiere sobre el
despacho para el cual trabaja el abogado Chávez. Defiende  Usted y con
razón,  la libertad  que tiene cualquier profesionista de trabajar con
quien desee, especialmente cuando se desempeña como particular fuera
del servicio público. Es impecable el razonamiento.  Pero también aquí
omitió la importancia del particularísimo hecho de que ése ejercicio,
un litigio, es contra el Estado del que ahora será el fiscal. ¿Podrá
conciliar intereses el nuevo Procurador, los de su despacho y los del
Estado?  Yo no le otorgo ningún beneficio de duda puesto que el
despacho en el que trabaja, cuya cabeza es Diego Fernández de Cevallos,
ha demostrado que su interés es única y  estrictamente personal. Muy
legal pero totalmente amoral.

Serán los siameses, ahora con el añadido de los verdes,
corresponsables de la actuación de Arturo Chávez como Procurador
General de la República puesto que la facultad constitucional de su
ratificación, no se limita al nombramiento en si mismo, sino a sus
consecuencias futuras. Volvió a funcionar el acuerdo en lo oscurito. Lo
anticipó Madero, el Senador, la semana previa: “doble contra sencillo
que se ratifica”.

Al puro estilo Pilatos, el senador Murillo evade la responsabilidad
de su decisión al endosársela totalmente al señor de los pinos, ya que
fue propuesta suya. Y franciscanamente, Francisco Labastida se resigna
por ser “el menos malo”. Por su parte el hijo pródigo del Senado,
Alejandro Zapata Perogordo da el aval a la experiencia y reputación del
ungido por ellos.

Nuevamente, los siameses desoyen a la sociedad agraviada.

En tiempos del Imperio Romano, en los inicios de nuestra era,
particularmente durante el periodo de Calígula, (hijo de la maestra de
la intriga, Agripina) emperador cruel y perverso, otorgó el título de
Cónsul de Bitinia a su caballo favorito, “Incitatus”.  Los Senadores
aprobaron el nombramiento haciendo gala de servilismo hacia el
emperador, más allá del miedo. Bien harían nuestros Senadores actuales
dar una repasada a la biografía del Emperador del polémico Gore Vidal,
escrita previa al guión de su película homónima.

Al cierre: hablando de equinos, en la familia de ellos, también se incluyen las mulas y los burros


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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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