Opinión

Muera la Historia ¡Viva el Estadio Victoria!

En la primera mitad del siglo XX, alguien (unos dicen que fue el ingeniero Elías Torres) formuló la leyenda del beso como explicación histórica de la independencia de Aguascalientes con respecto a Zacatecas (1835). A cambio de un beso, Su Alteza Serenísima otorgó la libertad a los aguascalentenses. A partir de entonces esa explicación se ha dado por válida en el imaginario colectivo y se ha reproducido de manera permanente, incluso desde las esferas del poder. Por ejemplo, a través del escudo del estado de Aguascalientes, creado en 1946; en su descripción podemos leer, que en el primer cuartel (de los tres de que se compone), se plasma “a su derecha una cadena de oro que bordea unos labios que significan la libertad y el surgimiento de Aguascalientes como Estado independiente”. 

Posteriormente, en los murales que el chileno Osvaldo Barra pintó en los muros de palacio de gobierno allá por 1961, en el que está ubicado al fondo en la planta baja, conocido como Aguascalientes en la historia, el muralista plasma una escena en la que se ve a Santa Anna tasajeando con la mano izquierda la geografía nacional y con la derecha entregando una paloma (que simboliza la libertad) a la dama encumbrada que le está dando un beso en la mejilla. Dicha escena en el mural causó la indignación del periodista Mario Mora Barba y de la “intelectualidad” mocha de la época. ¿Cómo era posible que se insinuara que los aguascalentenses le debiéramos nuestra libertad a un villano, mejor conocido como traidor a la patria? ¿Por qué esa insinuación no provocó escándalo 15 años antes cuando esa misma insinuación se formuló en la creación del escudo estatal?

La verdad no peca pero incomoda. En ese entonces Santa Anna todavía no mutilaba a la nación, pero la elite política y económica aguascalentense sí traicionaba los principios y las causas del liberalismo –aquellos días representadas por Tata Pachito- a cambio de su separación de Zacatecas. La verdad es que nuestra independencia está fincada sobre la traición a los principios y las ideas políticas del liberalismo de la época. No recuerdo quién, pero alguien que sabía de lo que hablaba, dijo que el fin justifica los medios. Tal parece que a partir de entonces, la negación (por no decir traición) es el sino de las coaliciones gobernantes que los aguascalentenses hemos tenido a lo largo de nuestra historia.

El historiador Jesús Gómez Serrano (versión contemporánea de un anacoreta clionáuta)  dedicó  uno de sus múltiples libros a describir, comprender, interpretar  y explicar dicho acontecimiento histórico, y sus resultados no aparecen en ningún libro de texto gratuito ni de educación básica ni de educación media. Ignorancia pura de nuestros “genios de la educación”, cuya destreza radica en inflar y maquillar cifras y arrastrarse ante los designios de una cúpula sindical ignara y corrupta, fiel espejo donde ellos mismos se miran e identifican.

Durante nuestra segunda modernización política y económica  (es decir el Porfiriato, la primera fue la conocida como de las reformas borbónicas), en nuestra capital se instaló  la Gran Fundición Central Mexicana (propiedad de los Guggenheim, a través de la American Smelting and Refining Co.), misma que se benefició de las riquezas minerales de Asientos y Tepezalá y la mano de obra barata de los mexicanos aguascalentenses. A finales de la década de los 20’s del siglo pasado, la GFCM cerró sus puertas y se fue a San Luis Potosí, dejando a miles de trabajadores y sus familias en el desempleo y el desamparo. En seguida llegó la Gran depresión mundial.  Ese hecho histórico está registrado en nuestra historia ¿alguien lo conoce? ¿Alguien sabe de sus consecuencias? ¿Aparece en los libros oficiales de historia local? Mil a uno a que nuestros gobernantes ni siquiera conocen (ni les interesan) esas historias. ¿La conoce el titular de la Sedec?

Ochenta años después seguimos apostando a lo mismo, beneficiar al capital trasnacional a costa de la pobreza de miles de paisanos. Los “bondadosos” paros técnicos de nuestra (?) industria automotriz (Nissan) pueden presagiar el cierre y el traslado a otra región más barata y explotable. ¿Qué pasara cuando miles de trabajadores y sus familias pierdan su fuente de trabajo e ingresos? Seguramente todos ellos encontraran trabajo en el Estadio Victoria, en la Megavelaria San Marcos, en el Parque Tres Centurias, en los antros de la Feria, en el Cristo Roto de San José de Gracia, en la Arena Azteca, en la pista Nascar o como extras en una película de Diego Lanas. ¡Genial! Gobierno de clase mundial.

A la derecha, a los panistas cuyos ancestros están con Agustín de Iturbide, Maximiliano, Victoriano Huerta, Diego Fernández de Ceballos y Vicente Fox, y para los priístas sin ideología ni principios, les repugna recordar y celebrar nuestro pasado, de ahí sus dificultades para festejar el Bicentenario y sus intentos de mutilar nuestra historia en los planes de estudio de la currícula educativa oficial. Ellos quisieran colocar en las efemérides histórico-cívicas de nuestro calendario, el 15 de agosto, fecha memorable por ser el natalicio de nuestro mandarín redentor. Por eso, ante las críticas y protestas por la mutilación que tratan de imponer a través de los libros de historia, como única respuesta de Alonso Lujambio, Fernando González y Oscar Ponce, fruto de su ignorancia y sus intereses, sólo tenemos pretextos retóricos vertidos en muecas y pujiditos, estúpidos y eufemísticos, que sólo reflejan su ignorancia y su buen gusto por los trajes y las corbatas de moda, ¡totalmente Palacio!  

Todos sabemos que entre otras, una las funciones de la historia es legitimar al poder en turno. Lo que no sabe la derecha, a pesar de sus intentos por cambiar el registro de la memoria histórica, es que todavía no tienen el Poder, sólo tienen uno de los tres poderes, están engolosinados, enajenados y no saben qué hacer con él. Todavía no saben, más allá del enriquecimiento personal y familiar, es que el poder sirve para gobernar.  

El politólogo e historiador José Antonio Crespo, autor de un libro fundamental (“Contra la historia oficial”) no sólo para historiadores sino también para los profesores de educación básica y media superior, señala que: “Suponer que por ignorar la verdadera historia de su país los mexicanos serán mejores ciudadanos equivale a pensar que los niños se convertirán en mejores adultos si jamás se les desengaña sobre la verdadera identidad de los Reyes Magos”.  Y sin embargo, así piensan nuestras ex-simias autoridades educativas. Como México no hay dos.

Pilón. ¡Viva el Estadio Victoria!  ¡Muera la Historia y el conocimiento!


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Enriquerodriguez

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