Opinión

Paso de Monstruos

Un grupo de amigos gestores culturales: Fernando (SLP), Emma (Nayarit), Olga (BC), Arturo (DF), Laura (DF), Mónica (Medellín) y yo; nos propusimos como proyecto la creación de un espacio público de representaciones simbólicas que propicien la reflexión crítica sobre las monstruosidades que quitan el sueño a los “políticamente correctos” habitantes de nuestras comunidades inmediatas (ciudadanos, políticos, legisladores, funcionarios públicos, sacerdotes, etc.). Concebimos lo monstruoso no solamente como lo grande e impresionante, ni sólo como lo extraordinariamente feo o deforme, o demasiado bello, sino todo aquello que de acuerdo al sentir de los receptores de nuestros mensajes, sea diferente o esté fuera de sus paradigmas, sus prejuicios, costumbres, pruritos, lugares comunes o contextos sociopolíticos, provocándoles angustias, temores, apañes, pena ajena y rechazos. 

 

El proyecto lo denominamos Paso de Monstruos, Foro Itinerante para el debate de Monstruosidades. El proyecto se llevará a cabo, como ya se mencionó anteriormente, en los espacios públicos, privilegiando en un primer momento la calle, los cruceros del tráfico vehicular (semáforo en rojo: alto o pausa para mirar otras realidades y reflexionar; semá-foro viene del griego y significa señal luminosa que lleva o comunica algo; es decir, nosotros vamos a provocar -comunicar- la reflexión a través de señales incómodas y momentáneas), para posteriormente incursionar en otros espacios públicos como los parques y jardines, los centros comerciales, las universidades, las paradas del transporte público, los atrios de los templos, los accesos a los estadios y a los complejos de cines, etc. Haremos de estos sitios y lugares públicos, hendiduras urbanas, umbrales e intersticios espaciales y temporales para propiciar la reflexión a través de la libertad escénica creativa. Nuestro objetivo intencional es, a través de breves representaciones simbólicas y escénicas, romper, desgarrar, trastocar y/o cambiar los paradigmas sociales de aceptación y rechazo, a partir del debate, la discusión, la provocación deliberativa de diversas monstruosidades. Asimismo, se trata de desacralizar y desolemnizar los espacios y las prácticas tradicionales de las artes y la cultura, al tiempo que se ofrece un mensaje más allá de lo puramente estético o lúdico. 

Otro objetivo intencional, complementario o adicional al anterior, es contribuir a la formación de ciudadanía, coadyuvar en la construcción de ciudadanos más críticos, más informados, más participativos, más demandantes, que abandonen su papel de meros consumidores pasivos de las realidades económicas, políticas, sociales y culturales que cotidianamente se nos ofrece o impone a través de los distintos aparatos ideológicos, tales como la escuela, la religión, la política, la moral, las buenas costumbres, la prensa, la radio, el cine y la televisión. 

A través de las artes escénicas (performance, teatro callejero, marionetas) y teniendo como escenarios estas hendiduras urbanas, queremos simbolizar nuestras monstruosidades para reflexionar críticamente sobre ellas. Emergerán a la superficie de las conciencias de los transeúntes citadinos, para no desaparecer por un buen rato, monstruosidades tales como la discriminación (económica, social, religiosa, de género, de preferencias sexuales), el racismo y el etnocentrismo, el machismo, la violencia intrafamiliar, el consumismo, la corrupción política y sindical, la connivencia con el narcotráfico y la delincuencia organizada, la destrucción del medio ambiente, la baja calidad educativa, el menosprecio y la mutilación de nuestra historia y cultura, los prejuicios sociales, la concepción de la pobreza como fatalidad del destino, etcétera. Se trata de representar, concientizando con ironía y sátira -a la manera de Goya con sus grabados Los Caprichos, Los desastres de la guerra y Los Disparates- nuestros defectos y deformaciones sociales. Monstruosidades puestas en la escena callejera por actores, mimos, bailarines, músicos, cuentacuentos, saltimbanquis y marionetas, con un lenguaje diferente, novedoso y atractivo (sobre todo atractivo) que deje marca y huella en la mentalidad de los espectadores itinerantes, los aparentemente nómadas inconcientes de la urbe. Se busca situar en el caos del paisaje urbano y en la enajenante y vertiginosa vida cotidiana, espacios y expresiones de arte y cultura que propicien la toma de conciencia acerca de nuestras múltiples y variadas problemáticas sociales. Las puestas en escena podrán ser complementadas con exposiciones efímeras de fotografía y pintura, montadas en los camellones o glorietas de la traza urbana utilizada, y con la entrega de pulseras, postales y folletos alusivos a la monstruosidad representada. 

Obviamente el proyecto requerirá de apoyos para las puestas en escena, sobre todo en lo que se refiere a recursos económicos (vestuario, maquillaje, escenografía y utilería móvil, sonido, impresos, transportación, etc.), por lo que para garantizar la viabilidad del proyecto, se procurarán fondos provenientes de asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales, concurso de proyectos institucionales (siempre y cuando no comprometan los contenidos del proyecto), la comercialización de souvenirs, fotografías, carteles, postales, folletos, playeras y otros recursos provenientes de otros eventos también auspiciados por el propio grupo en espacios tradicionales. 

Como la intención es la difusión y propagación del pensamiento crítico y reflexivo, las formas expresivas y los contenidos podrán ser, sin restricción jurídica o legal alguna, fácilmente pirateables, reproducibles y compartibles por cualquier medio audiovisual o electrónico, sólo otorgando el crédito correspondiente al grupo, señalando la fecha y el espacio. El grupo mismo propiciará la difusión de sus performances o puestas en escena a través del internet (página web, e-mail y blogs), la televisión (cápsulas), la radio y la prensa escrita (boletines, inserciones y entrevistas). 

De vez en cuando, al frío de unas cervezas, ellos (mis amigos) y yo, nos imaginamos pequeñas utopías culturales. Mientras a Calderón y a Carstens no se les ocurra cobrarnos impuesto por echar a volar la imaginación, seguiremos haciéndolo.


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Enriquerodriguez

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