Opinión

Dineros públicos en (pre) campañas

No es difícil imaginar en qué piensan, si es que se dan algún tiempo para ese ejercicio o más bien, si es que tienen esa  facultad, algunos políticos. Basta escucharlos en los programas radiofónicos o televisivos a los que asisten, o leer en la prensa nacional y local sus declaraciones.  No importa el tema que aborden.  Creen saber de todo y de todo declaran.  Es vital para ellos que los medios se ocupen de sus personas bajo el prurito de que es preferible que hablen de ellos aunque sea mal, pero que no los ignoren.

Van a todas. Dictan conferencias magistrales en universidades
patito. Se hacen simpáticos frente a sus auditorios para que los
reconozcan como uno más de la comunidad. A los empresarios los
tranquilizan con sus teorías económicas y sociales y a los estudiantes
les abren el mundo y lo ponen a sus pies.  Sus vivencias personales son
ejemplo a seguir por la sociedad en su conjunto puesto que son modelo
de éxito y superación.

Tienen afanes redentoristas y se erigen en guías y en la luz al
final del camino tormentoso por el cual transitamos.  Sueltan, a la
menor provocación, frases que han de convertirse en cabeza de los
diarios.  Con su presencia y sus disertaciones queda redefinido el
quehacer político: hasta que ellos llegaron, cobró sentido el gobierno.

Convocan puntualmente cada semana a conferencia de prensa para que
los boletines las adjetiven como “ tradicional “ y los medios
reproduzcan, todos, sin cuestionar una coma.  Reconocen como ratoncitos
Skinnerianos, condicionados por los estímulos, el efecto tremendista de
sus declaraciones. Fijan posiciones y se autoafirman en el cargo que
ostentan.

Con una exposición permanente en los medios, ya sea como políticos o
socialités, acarrean tras ellos una cauda de  fotógrafos y 
camarógrafos que llevarán registro gráfico puntual del evento en que se
encuentren, buscando el mejor ángulo y la sonrisa más sincera. Están
más que prestos a dirimir diferencias por la vía mediática no importa
si son de su mismo partido.

Y así, los días transcurren y la película es la misma aunque hay una
que otra variación sobre el mismo tema.  Ahora tienen algunos
ingredientes adicionales a lo tradicional  de donde asirse para
mantenerse en el imaginario colectivo; la crisis (que llegó de fuera,
¡faltaba más!), la guerra al narcotráfico (que se va ganando aunque no
parezca) y la mejor joya discursiva del momento: el combate a la
pobreza, que se abatirá con nuevas cargas impositivas.

No sólo construyen puentes y pasos a desnivel sino su carrera
política y candidaturas a cargos superiores, abandonando el actual, en
uno de los casos y otro más su salida con caminos pavimentados mejores
que un libramiento o una pista de carreras.

 Mantener esa presencia cuesta dinero y mucho. Dinero que no sale de
sus bolsillos (los de ellos), pero sí de los nuestros. En primera
instancia, no son ellos quienes construyen su futuro sino los causantes
con su aportación impositiva. Ha sido imposible cuantificar con
precisión el gasto en comunicación que ejercen los gobiernos estatal y
municipal a través de sus propias oficinas y  del resto de las
dependencias de cada uno de ellos. Lo que sí se puede evidenciar es
que, con todo y crisis (que por supuesto, vino de fuera) no hay recato
ni medida en su erogación. Todo del erario.

Como ratas que salen de las alcantarillas, habrá funcionarios
menores que, emulando a sus patrones, empezarán a aparecer en los
medios con declaraciones estridentes para colocarse en el ánimo
colectivo y luego las bases de sus partidos y la ciudadanía les ruegue
que sean candidatos a diputados o presidentes municipales. Por
supuesto, también el costo lo absorberá el erario.

Para rematar, se mandan hacer sondeos de opinión o encuestas o como
quiera que se le llame, para medir el nivel de aceptación que se tiene
en la población. Inventadas o no, encargadas o con personal de las
dependencias oficiales, también se pagan con recursos públicos. Si les
favorece, entonces habrá que publicarlo con su consecuente costo
agregado y por supuesto el consabido boletín o conferencia de prensa.

Esa es la clase política que tenemos, ¿Es la que queremos?.
Rotundamente NO. Para nuestra desgracia es la que tenemos. Todavía
estamos a tiempo de escoger la que queremos.

Seamos vigilantes estrechos de su quehacer y evaluemos sus
conductas.  Sepamos diferenciar la intención y  la función; una es
personal y la otra es, por mandato, obligatoria en su cumplimiento.
Estemos atentos al papel que desempeñarán los representantes en la
cámaras frente al paquete económico; ellos ya conocen la postura de la
población, su representada,  para que direccionen su voto en su
beneficio (el de la población no el de ellos). Si acceden a votar por
las soluciones “dolorosas pero necesarias”  encarémoslos y cobrémonos.
La oportunidad es nuestra para el 2010.

¿Verdad que no es tan difícil imaginar qué piensan, si es que se dan
algún tiempo para ese ejercicio o más bien, si es que tienen esa
facultad, algunos políticos?

Al cierre: Envío a la  diputada Nora Ruvalcaba Gámez un abrazo
fraterno con motivo del fallecimiento  de su señora madre. Su entereza
la conducirá a una pronta resignación.

 

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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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