Opinión

Liderazgo para la necesaria reforma fiscal

El proyecto fiscal para el año 2010, que actualmente está en discusión en el Congreso Federal alebrestó el avispero de la discusión sobre las cargas tributarias y en relación a él se han agarrado muchos para llevar agua a su molino, tratando de explotar la ignorancia general sobre la materia y utilizando el tema tan sólo para sus intereses. Ello acontece tanto del lado de los que apoyan, como de los que cuestionan. 

 

El traje estaba planchado cuando se dio la aprobación del proyecto en la Cámara de Diputados, faltando su aprobación en el Senado y se podría haber considerado ya de mero trámite el paso de dicho proyecto tributario por el recinto senatorial, pues su aprobación podría haberse dado por hecho. 

Pero he ahí que hubo una declaración anticipada e imprudente que quiso cargar la culpa de las nuevas cargas tributarias a algunos actores políticos que por colgárseles ese milagrito verían sensiblemente afectada su imagen con vista a futuros procesos electorales y se alborotó peor aún el avispero y se vino abajo el proyecto, cambiando el panorama tributario para los contribuyentes y el panorama político para los políticos. 

Todo por unas cuantas palabras que imprudentemente se anticiparon en el proceso legislativo entre Cámara y Cámara; si se hubiera esperado escasamente una semana para hacer dicha declaración, la habría podido haber hecho aún más fuerte, más impactante, con un peso demoledor para los destinatarios a quienes se pretendía cargar la culpa de los aumentos de impuestos. Y no habría habido ningún inconveniente ya para que se viniera abajo el proyecto. Se tendrían los impuestos en la bolsa –bueno, listos para entrar a las arcas nacionales- y las culpas endosadas a quienes realmente les pesaría políticamente que el pueblo los tuviera por hacedores de todo el peso de los nuevos impuestos. 

Pero todo cambió y seguirá cambiando. Este asunto va a ser tumba de muchos y plataforma de lanzamiento para quienes sepan entender el momento. Es de destacarse –y lo entenderá quien tenga sensibilidad política para interpretar el actual sentir social- que este asunto del aumento tributario cobró tan inusitada atención en el pueblo en general, que puede convertirse en una bandera para construir futuros en el terreno político. Todo es cosa de saberlo entender y de tener capacidad y valor y ganas de aventarse con la bandera. Conozco a algunos que puede ser que lo entiendan y lo hagan. 

Tan sencillo es el planteamiento, que podemos decir que este asunto de la reforma fiscal para 2010 puede ser decisivo para la elección presidencial de 2012, tanto a lo interno de los partidos, como en la votación popular para elegir al próximo mandatario nacional. Quien tenga oídos y quiera oír, que oiga. 

El aumento a los impuestos cobró tanta relevancia en el sentir popular, que difícilmente podrá diluirse o desaparecer del todo en el ánimo popular, en todos los estratos políticos, económicos y culturales. Por ello, este asunto y este momento es propicio para tomar banderas y ejercer liderazgos. 

Después de la reforma educativa que es indispensable en este país, la siguiente más necesaria es la reforma fiscal, no como instrumento de distribución de riqueza, sino como instrumento que permita la generación de riqueza. No se trata de hacerle al Robin Hood –quitarle a los ricos para darle a los pobres- ni hacerle al “Hood Robin”, o sea, quitarle a todos para no darle a nadie. No. La política fiscal no puede ser entendida como un instrumento distribuidor de riqueza, pues no se trata de dar pescados, sino de enseñar a pescar. La política fiscal debe orientarse al establecimiento de un sistema fiscal que no abrume a la población ni con el tamaño de las cargas ni con las dificultades laberínticas que hoy se tienen para su cumplimiento. 

Los políticos hacendarios y también los grillos que nada saben ni entienden de estos asuntos -a veces requieren tanto estudio, que más bien son propios de doctores en ciencias… pero ¡ocultas!- le tienen terror al tema tributario, además de que les da flojera echar a andar la creatividad para crear un sistema fiscal apropiado, sencillo y rendidor acorde a la realidad mexicana. Contrariamente a la lógica económica, siguen pretendiendo aumentar las cargas tributarias y con ello arruinando las posibilidades de desarrollo de la vida económica nacional, además de hacer más complejo y complicado el laberinto de las disposiciones fiscales. No hay que olvidar el no muy bien entendido –ni siquiera por los ministros de la Corte- principio de prohibición de una tributación exorbitante o ruinosa que está implícito en el artículo 31, fracción IV, de la Constitución Federal, elevado a rango de garantía individual. Hay que mencionar que precisamente la noticia del fin de semana pasado, en materia tributaria extranjera, fue que en Alemania, ante la crisis económica, el gobierno optó decretar una considerable baja de impuestos. 

La reforma fiscal es imperiosa y ella debe empezar por una reforma constitucional en la materia, partiendo del sentir nacional para convertir en norma fundamental –es decir, hacer constitucionales- una extensa serie de bases y principios trascendentales y necesarios, que den solidez a la construcción de un sistema tributario moderno, claro y efectivo. Un sistema que acote el poder tributario del estado y que no resulte agresivo para la economía de los contribuyentes, que no genere indefensión para los causantes pero también que propicie su observancia efectiva por los gobernados obligados a contribuir para el gasto público. Bajas cargas y fácil cumplimiento; esa es la fórmula. Así, se incrementaría la recaudación fiscal. 

Ni la gente del pueblo, ni los políticos del centro ni los grillos de los estados le dirían que no a una reforma fiscal de este corte. Hay quien pretende abanderarla y pienso que por ello podrá considerarse aspirante serio a la presidencia de la República. Nos vemos la semana que entra, si dios nos da vida y otros no nos la han quitado. 

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guillermacias

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