Opinión

“Combate a lo imprevisto”

En términos de táctica, se entiende por ‘combate a lo imprevisto’ aquel en el cual, a diferencia del que se pasa de un combate ofensivo al defensivo, las dos partes deciden atacar o realizan movimientos sin conocer las intenciones del otro, y entran inopinadamente en contacto. Esta forma de combate sin un plan preconcebido está considerada como la más compleja: y más que ninguna otra forma exige de los estrategas rapidez, imaginación, espíritu de decisión y recursos de sobra”. Alexandre Soljénitsyne (1918-2008), “El Roble y el Becerro”, Seuil, 1975. 

 

Esta descripción pinta de cuerpo entero la situación por la que atravesamos en nuestro país, intentando sortear la crisis mundializada por la que ya transitamos un año, y sobre todo el debate parlamentario y público –porque es de interés nacional-, para definir las políticas económicas que habrán de regir el año fiscal entrante y, con ellas, la vida cotidiana de la nación entera. Vemos en el escenario, prácticamente a todos los actores públicos de peso que finalmente son los tomadores de decisiones, enfrascados en un “combate a lo imprevisto”. El presidente Calderón Hinojosa, puso el cascabel al gato, con su iniciativa de elevar a 17% el IVA vigente en México, y sumar otro 2% al ISR, amén de impuestos adicionales a los servicios de telecomunicaciones, internet y entretenimiento televisivo de  paga, entre otros incrementos. 

El análisis del Poder Legislativo al que sometió esta propuesta del Ejecutivo, ha derivado en una confrontación no solamente entre bancadas partidistas tradicionalmente antagónicas, sino que simultáneamente ha involucrado a fracciones internas de los partidos sobre lo que parece ya un completo reborujo de la iniciativa formal. Si al 2 le quitamos 1, parecerá menos agresivo, dirán algunos más componedores del entuerto; pero, a otros más radicalizados ya sea hacia las derechas o hacia las izquierdas, les parece un insulto a las clases populares, medias, medias altas y aun pudientes; porque argumentan o bien la inaceptable carga fiscal para sus emporios y empresas consagradas a la creación irrestricta y patriótica de plazas de trabajo que hoy escasean por millones; o bien la ya intolerable carga esclavizante de los impuestos a la cada vez más reducida base de contribuyentes cautivos de la hacienda federal. Quizá por todo ello, el incremento porcentual del IVA, por ser de aplicación universal a los consumidores –sean nacionales o extranjeros- parece ser una salida olímpicamente perfecta, n’est ce-pas? 

Y, aunque nuestro secretario de Hacienda parece entender mejor el inglés norteamericano que el francés euro-unionista, al grado que pide respetuosamente a sus maestros que ya son galardonados con premios Nobel de economía, que no opinen en contra sin conocer de cerca la coyuntura actual de México; de las tendencias macroeconómicas franco-europeas sus opiniones están a millones de Euros-luz, pues la fracción del Capital Financiero hasta el día de hoy no se toca ni con el pétalo de una rosa, aunque en Estados Unidos ya se advirtió que aquellos capitales depositados en el extranjero y no declarados, habrán de ser tasados con severo rigor luterano y con ejemplaridad victoriana. 

Hace muchos años, y ya registro las seis décadas, que no escuchaba a un presidente de la República exclamar con emocionada reclamación el hecho de que existan empresas (léase: empresarios) que prácticamente no pagan impuestos, por lo que exhiben una grave falta de solidaridad con el resto de sus compatriotas. Muchos de ellos, ya mostraron airadamente el perfil de su brillante y bien formada dentadura, prometiendo acciones, efectivamente, a “l’improviste”. Aquellos que hoy se dicen blandir las banderas liberales o de “izquierdas” se oponen sistemáticamente al cobro de más y más gravosos impuestos, al tiempo que exigen más y copiosos programas sociales, que amplíen el rango rector estatal de la economía y que por lo tanto se acreciente la res-pública y se disminuya la res-privata. Totalmente en contrario, los actuales conservadores o militantes febriles de las “derechas” ilustradas o no, muy pragmáticamente demandan que los caudales de su res-privata sigan creciendo exponencialmente, para que en un momento imprevisto de la historia esas aguas altas dejen caer en cascada la gran cauda voluminosa de su riqueza, como un cuerno de la abundancia sobre el resto de sus cristianos mortales. 

Y mientras tanto se sigue tratando de restar al 2 menos 1, o simplemente de no tocar los presupuestos empresariales, o no reducir los subsidios a los mexicanos que están por detrás de la línea de la pobreza, o finalmente de sí ser solidarios pagando sacrificada y esforzadamente los impuestos. Los gobernadores también buscan su momento de gloria y tratan de negociar la mejor partida de ministraciones federales posible, pero en muchas de las 32 localidades como la nuestra todavía no sabemos en qué se gastó la riqueza del erario estatal. Todos queremos un nuevo México, pero estamos entreverados en un encarnizado combate “a lo imprevisto”. ¿Qué fracción o grupo de este complejo contingente de actores será el que tenga mayor rapidez, más imaginación, mejor espíritu de decisión y, finalmente, más recursos de sobra para hacerse con el triunfo? Lo cierto es que de poco servirá cantarle a un triunfador, si el resto de la patria se hunde… ¿de qué combate estamos hablando? 

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Francisco Javier Chávez Santillán

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