Opinión

¡Dignidad ! 4/10

¿Cuánto vale la dignidad humana? El costo quizá sea la capacidad de supervivencia de un ser humano y su familia, traducida en un lugar digno para vivir, en alimentos de calidad, vestimenta adecuada al clima, acceso a la educación y la cultura, así como al descanso y la recreación necesarios.

¿Cuál sería la peor pesadilla? Imagine el apreciable lector que descansa plácidamente un fin de semana. Está usted cómodamente recostado disfrutando de su película favorita en compañía de sus hijos. Inesperadamente aparece por la puerta de la habitación su esposa con el rostro pálido, discretamente le hace una seña para que la siga. Sin convencerse del todo abandona su cómodo sillón y le sigue, esperando enterarse de algún problema doméstico pero… su esposa se limita a señalar el televisor en dónde se transmite la “nota informativa de último momento” avisando (casi festinando) que su fuente de trabajo ha sido “extinguida” y que usted se acaba de quedar sin empleo, sin seguridad social y sin ingresos para pagar su modesta casa de interés social.

¿Qué precio tiene su prestigio personal? Usted seguramente será una
persona, que como yo,  gana con su propio esfuerzo y en su caso el de
su esposa, el sustento diario. Usted como yo, habrá sorteado una y otra
tentaciones pensando en el buen nombre que heredará a sus hijos. A
usted como a mí le indigna saber que hay por la calle los criminales y
delincuentes más cínicos que navegan tranquilamente en el sistema de
 impunidad mexicana en donde UNO de cada CIEN delitos denunciados se
resuelven. Lo que no sabe, lo que jamás podría imaginar es que algún
día aparecerá su rostro en la televisión, que será tachado de
“defraudador de la nación” por formar parte de un contrato colectivo de
trabajo convertido hoy en tipo penal; que será exhibido como un vulgar
asaltante que va de casa en casa demandando “mil quinientos pesos” a
los usuarios de luz; acusándole de ser el destinatario de un subsidio
que NUNCA pasó por sus manos y menos aún por las de su familia.

La respuesta a las tres anteriores preguntas la tiene una sencilla representación numérica: 4/10.

Cuatro de diez. Es la representación de la dignidad, que va más allá
de la humana necesidad. Cuatro de diez es una razón que atemoriza. Por
ello en algún noticiero nocturno, eligieron representarla como “tres de
cada cinco”, intentando reducir la proporción de la vergüenza que
causa.

Cuatro de cada diez. Es una razón que afrenta. Por que aún tomando
el gobierno federal, la decisión de desaparecer así sin más una empresa
pública, en la época del año en que resulta casi imposible conseguir un
empleo, debido al cierre de ejercicios y proyectos. En la época del año
 en que más se necesita un ingreso extra para solventar los gastos
navideños. En la época del año en que las condiciones climáticas
generan mayores desembolsos en salud y aún en la época del año en que
las vacaciones escolares demanda un gasto mayor en recreación. Aún así,
el cuatro de diez permaneció con la frente en alto… y las manos
vacías.

Cuatro de cada diez. Es el número de trabajadores que no acudieron a
recibir la ignominia de una dádiva tomada del dinero público, para
sepultar el derecho a un trabajo digno, bien remunerado y estable, a
cambio de su firma estampada en una “renuncia voluntaria”. En el resto
de la representación hay SEIS. Si, hay seis trabajadores cuya voluntad
se vio forzada por la necesidad de sus seres amados.

Entre los “seis de diez” se encuentra un joven trabajador cuya
esposa iría a parir los primeros días de diciembre y que no tuvo
opción. Entre ellos se encuentra una asistente con 14 años de
antigüedad que siendo madre soltera y viviendo con su madre, es la
única fuente de ingresos en su hogar. Entre ellos se encuentra un
trabajador de línea que en varias ocasiones sufrió accidentes
laborales, entre ellos una caída grave y una quemadura severa que
dejaron secuelas en su salud, cuya hija depende de una diálisis semanal
que ahora pagará con su mal llamada “liquidación” puesto que perdió su
afiliación al IMSS y con ello su acceso a las clínicas y hospitales de
ese Instituto.

 

Volviendo a los “cuatro de de cada diez” puedo decirle que no son
diferentes a los otros. A ellos les espera la navidad más amarga, el
enero más desesperado. Un futuro de estigma social, por portar la
“máscara vergonzante” de haber sido trabajador de Luz y Fuerza del
Centro. ¿Más vergonzante aún que la un secuestrador o la de un
violador? ¿Más vergonzante que la un traficante o asesino? ¿Más
vergonzante aún que la un saqueador del país? ¿Más vergonzante aún que
la un funcionario que cometió peculado o que se enriqueció ilícitamente
con el dinero del pueblo? Pues si. Más vergonzante, ya que las
instituciones en México tutelan y procuran los derechos humanos de los
presuntos y aún de los declarados delincuentes, pero no velan por el
prestigio público de un trabajador al que hoy se le exhibe como el
enemigo público de la nación.

 

*Profesionista de origen campesino, activista social, catedrático y político.

 

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Isidoro Arméndariz

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