Opinión

La cofradía de la estupidez

El estado de Chihuahua se ha colocado en el imaginario colectivo como la entidad más violenta e insegura de la República.  Ciudad Juárez, lamentablemente reconocida por los cientos de feminicidios, que han permanecido impunes por colusión u omisión de las autoridades. En su época de mayor incidencia de los asesinatos de mujeres, el delegado de la PGR y posterior procurador del estado, Arturo Chávez Chávez, caracterizó su función por su inmovilidad y falta de interés en resolver un solo caso.

Al contrario de investigar para dar con los autores de los asesinatos, materiales e intelectuales y ante las presiones de poderosos grupos y personas de aquí y de allá (al otro lado de la frontera), optó por la fabricación de posibles culpables. Ante la debilidad de sus acusaciones, finalmente no tuvo mejor ocurrencia que culpar a las mismas víctimas, las mujeres, recomendando discreción en su vestir para no despertar bajos instintos.

Así de imbécil, a pesar de su fracaso como procurador estatal,
recientemente fue premiado y elevado al cargo de procurador General de
la República, a propuesta del gerente de Los Pinos. Fue ratificado en
el Senado y aprobada la propuesta.  La bancada del PAN, partido al que
pertenece, votó en bloque su ratificación, importándoles un soberano
pepino sus pobres antecedentes o más bien, tapándose un ojo ante el
negro historial del sujeto en cuestión.

Una de las defensoras de su actuar, a pesar del antecedente de las
mujeres agraviadas y con ellas sus familias, lo fue Teresa Ortuño
Gurza,  a quien importándole poco su condición de genero e identificada
en su estupidez extrema y dogmatismo rastrero exaltó y elogió las
supuestas virtudes del ahora procurador general.

Teresa Ortuño Gurza es senadora de la República por el estado de
Chihuahua y como si no tuviera suficiente este estado con sus graves
problemas de seguridad, tiene que llevar a cuestas la vergüenza que
causan los dislates  de su representante en la cámara alta.

Desde 1982 ha sido ya cuatro veces diputada, dos localmente y dos
federales, amén de haber sido funcionaria federal como delegada de
SEDESOL durante seis años; toda una vida pegada a la ubre del erario
público. De un muy bajo perfil académico, combinaba sus actividades
legislativas impartiendo cursos en instituciones eminentemente
religiosas como la propia Arquidiócesis de México, el Colegio Salesiano
y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana. De ahí su
obnubilado dogmatismo.

Ahora premiada por el sistema como senadora de la República,
pertenece a las comisiones de Relaciones Exteriores Europa, a la
Belisario Domínguez, a la (¡horror!) de Derechos Humanos y, lo que es
más aberrante, a la de Educación, misma que preside (Kafka se revuelca
en su tumba reclamando derechos de autor sobre el absurdo). Aparte, se
da tiempo para ser guía de turistas, particularmente mujeres, en la
residencia de Los Pinos y en el senado (aquí quién reclama es Viajes
Bojorquez, por intromisión en sus actividades).

Esta senadora de marras acaba de vomitar  una de sus acostumbradas
babosadas en su carácter de presidenta de la comisión de educación, en
el marco de un reconocimiento al IPN y en respuesta al  respetuoso
reclamo de Rivera Villa, que hace a nombre de las instituciones de
educación superior, tratándose de la intención del ejecutivo de
disminuir los recursos a la educación en México. Previamente el rector
de la UNAM, alertó sobre los riesgos que corre el país si se concreta
en la Cámara de Diputados la reducción de recursos.

No se refleja más que idiotez en la respuesta de la retrógrada e
inquisitorial senadora al expresar las siguientes perlas: “las
instituciones de educación superior deben apretarse el cinturón”,
“donde lloran está el muerto”, “todavía le pueden sacar carnita a su
actual presupuesto”. Y para rematar, se atreve a expresar que “hay
algunos políticos a los que les falta visión”. ¡Genial la presidenta de
la comisión de educación! Aparte de su oligofrenia manifiesta, es lo
suficientemente cobarde al negar lo que dijo. ¡Ay senadorita! Si se
distingue en algo del resto de la población es justamente eso, su
exacerbada imbecilidad.

Pero no está sola la senadora. El metrosexual  y modosito secretario
de Educación Pública, Alonso Lujambio, ujier de la maestra Gordillo, su
gato pues, salta en defensa de la medieval legisladora, cubriéndola de
epítetos elogiosos. Sí, el doctor, el académico, el ex consejero
ciudadano de la época de oro del IFE, el investigador, autor de
múltiples ensayos y no pocos libros, elogiando y legitimando los dichos
y el actuar de la legisladora.

No hace mucho, en entrevista televisiva, le pregunta Andrés Reyes al
Obispo Arturo Lona Reyes: ¿A qué le tienes miedo? y la respuesta
inmediata, sincera y espontanea: A los pendejos, porque son muchos.
Extraordinaria respuesta que resume en mucho la actuación de los
referidos a pesar de sus cargos y títulos.

El mal ejemplo cunde. En nuestra pequeña aldea amenaza la intención
de reducir el presupuesto a la UAA, violentando la ley. Insanas
intenciones de asfixiar financieramente a la institución que
recientemente ha recibido los más altos reconocimientos, de cancelar
posibilidades de desarrollo a los jóvenes universitarios bajo riesgo de
aumentos de colegiaturas, disminución en el otorgamiento de becas y
créditos educativos, parálisis en  proyectos de infraestructura e
investigación. Intenciones alejadas de la realidad que penosamente
orilla a deserciones de alumnos brillantes, aún en grados avanzados.

El reclamo generalizado de la población es una reducción
presupuestal pero en los privilegios, en el gasto corriente, no en
programas de salud, seguridad, infraestructura y menos, mucho menos en
educación. El presupuesto de gastos enviado al Congreso del estado no
privilegia en ningún sentido tales reclamos.

Aún cuando algunos  legisladores locales, la única Universidad que
conocen es la avenida que lleva el nombre de la institución, deben ser
conscientes de la gravedad de la iniciativa presentada, que no
repliquen el discurso de la senadora Ortuño, que tengan claro que la
viabilidad social del estado se finca en la educación como catalizadora
de los varios problemas que nos agobian día a día, que no echen mano a
la pistola al escuchar la palabra cultura.

Han salido a la calle los estudiantes.  No los cuenten, no importa
la cantidad. Valoren el despertar de una clase joven que hace uso de
sus derechos pacíficamente. No busquen quien o quienes supuestamente
están detrás de la movilización. La causa es más que justa. Desoírlos
es complicar el futuro de todos. Ahora esperamos la acción de los
maestros de la institución, (el rector ya ha fijado su postura de
defensa), de los familiares de los estudiantes, de las organizaciones
sociales que sepan ser solidarias, en fin de la sociedad en su
conjunto. Respaldo total e incondicional.

Diputados y diputadas: laven un poco su desprestigio social y
olvídense de discursos panfletarios y huecos. Demuestren por esta
ocasión que son representantes populares y que no se manifiesten
después electoreramente porque “hay que cubrir bachecitos de 200
millones de pesos”. Díganle NO a las invitaciones a pertenecer a la
cofradía de la estupidez.

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http://detrasdelmostrador-ags.blogspot.com

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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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