Opinión

La sopa primordial

ntes que la vida fuera en la Tierra, era el reino de la química inorgánica; hará cosa de unos 3.5 a 3.8 miles de millones de años. El atmósfera del planeta estaba compuesta de nitrógeno, amoníaco, metano, hidrógeno y muy poco o nulo oxígeno. La energía proveniente ya sea del Sol, los volcanes o de los rayos calentaban las reacciones químicas de estos gases. Cuando llovía, las gotitas podrían transportar estas reacciones químicas, a través de esos gases, hacia estanques, lagos o posiblemente el océano, formando una “sopa primordial” de aminoácidos; éstos son como los ladrillos de las proteínas, las que luego evolucionarían hacia organismos; así aparecía por vez primera en este planeta azul la química del carbono, en una palabra: la vida.

Esta teoría de cómo apareció la vida en la Tierra, fue concebida
originalmente, en el año de 1924, por Aleksander Ivanovich Oparin,
químico ruso, y otro científico llamado J.B.S Haldane, aunque por vías
independientes y ambos con fundamento en datos circunstanciales; no fue
sino 29 años después en 1953, que esta teoría fue probada 
experimentalmente. Dos químicos norteamericanos, Stanley L. Miller (de
la Universidad de Chicago) y Harold Cleyton Urey (Físico nacido en
Indiana, discípulo de Niels Bohr, y maestro de química en la
Universidad de Chicago) diseñaron un experimento para probar la Teoría
de la Sopa Primordial. El experimento consistió básicamente en someter
una mezcla de metano, amoníaco, hidrógeno y agua a descargas eléctricas
de 60,000 voltios; lo que produjo una serie de moléculas orgánicas,
entre las que destacan ácido acético, ADP-Glucosa, y los aminoácidos
glicina, alanina, ácido glutámico y ácido aspártico que son usados por
las células como los pilares básicos para sintetizar sus proteínas.
Así, pudieron inferir que la vida apareció en la Tierra como una
evolución natural de elementos simples inorgánicos, sometidos a
condiciones especiales, a la formación de los elementos primordiales
que sustentan la vida. La hipótesis inicial era plausible. (R.J.
Yancey, Mrs. Touchton, 4th Block, 4 octubre 2005)

Independientemente de que a la fecha existan otras teorías más
refinadas sobre el origen de la vida, sin descartar quienes afirman que
algunos aminoácidos aparecieron en la Tierra transportados a través del
espacio sideral por meteoritos, o emergentes del fondo del océano a
partir del sulfuro de hierro, la imaginación creadora del hombre es
capaz de remontarse a un caldo de cultivo primigenio, cabe el cual la
vida fue hecha.

Esta poderosa y fascinante imagen puede ser transportada,
analógicamente, a la formación de la sociedad humana, preguntándose por
las condiciones primigenias en las que ésta aparezca y pueda ser
viable. Encontrar sus elementos simplísimos es una tarea posible: la
comunicación, el esquema doméstico, el trabajo, la organización para
producir y para distribuir, el acceso a los satisfactores vitales para
uso y consumo, el orden normativo, el poder público, la fiesta. Que
expresados en crudo son: la palabra, la familia, las relaciones
laborales, el mercado, el consumo vital, el Derecho, la Política, la
Cultura.

Todos estos elementos son ingredientes básicos de la “sopa
primordial” social a la que aspiramos, y de su buena combinación y
composición depende el caldo nutritivo de una comunidad sanamente
compuesta y alimentada. Si uno o varios de estos elementos están en
descomposición o no aportan al todo los componentes que les son propios
y exclusivos, este caldo se echa a perder y es intragable. Por la
palabra conocemos y somos racionales, en la familia se aprende el
relato primordial del respeto y del amor, por el trabajo transformamos
la tierra en arte-facto y hacemos que prospere la cultura, en el
mercado intercambiamos los bienes y servicios que necesitamos para una
digna supervivencia, bajo el consumo asimilamos el producto social en
unidades de vida que recrean nuestra energía y construyen las
posibilidades de convivencia humana; el Derecho y la Política
potencializan el fin humano de trascender las necesidades, bajo el
orden debido y el ejercicio del poder unificador, hasta conquistar la
más noble tarea del ser humano de conocer y dominar el Universo en el
cual está presente.

La receta completa se cumple, con la suma de un ingrediente
fundamental: el tiempo, que permite la agregación, la mezcla y el
momento oportuno para conjugar virtuosamente todos esos elementos;
estamos hechos de tiempo, que Aristóteles definió como la medida del
movimiento de un antes a un después, y la vida misma es un “motus ab
intrinseco” (un movimiento intrínseco al ser). Pero el “animal
político” que somos, solo nace, crece, se reproduce y muere en
sociedad, y ésta es y debe ser organizada bajo el principio rector de
quienes organizan la vida pública; pero, si estos y estas tales no son
virtuosos y sabios como dijeran Sócrates y Platón, entonces esta polis
corrompe su “sopa primordial” de la cual se alimenta, lo que deriva
necesariamente en su enfermedad, degeneración y muerte.

De donde se debe combinar prudentemente la originalidad y la
colaboración de hombres y mujeres que ejercen la Política, pues como
dice un refrán inglés: “too many cooks spoil the broth” (demasiados
cocineros echan a perder el caldo). En nuestro México y en nuestro
Aguascalientes de hoy, no debemos permitir que los políticos nos den a
probar sopitas, o peor aún que nos den sopas de su propio chocolate, se
impone exigir la “sopa primordial” como la gran tarea que a todos nos
importa, y en ello va nuestra viabilidad de futuro; el tiempo ya llegó,
y no perdona los retrasos. ¿De qué quiere usted su sopa?


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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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