Opinión

Universidad acosada II

Existe una gran cantidad de funcionarios de gobierno que estudiaron en la Universidad Autónoma de Aguascalientes su licenciatura, muchos de ellos también la maestría y algunos más incluso hasta el doctorado; otros tantos estudiaron diversos diplomados y sus especialidades. No hay dependencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial que no cuente con egresados de nuestra universidad. Todos ellos ostentan en sus tarjetas de presentación el grado académico que los acredita como profesionistas competentes para desempeñar el cargo público que les confiaron: Licenciado, Maestro o Doctor. Anteponen a su nombre el grado académico y después de su nombre colocan el cargo que ocupan. Así de sencillo, sin el grado académico otorgado por la universidad no hubieran tenido la oportunidad de destacar en la administración pública. Gracias a su paso por las aulas de la universidad pudieron acceder al conocimiento, las habilidades y las destrezas que hoy forman su mejor capital profesional, suscribir un campo de desarrollo profesional, y también pudieron acceder al empleo, al salario remunerador y las prestaciones laborales, al reconocimiento y prestigio social que ello confiere (“soy secretario de…”, “soy director general de…”, “soy jefe de departamento de…”). Son lo que la universidad les dio, lo que la universidad les ayudó a forjar, a ser; la universidad les arrimó el hombro. Hoy, cientos, quizá miles de hijos de esos funcionarios y servidores públicos estudian y construyen su futuro en la universidad, cuentan con un hombro generoso en el cual apoyarse. Nobleza obliga.   

La Universidad Autónoma de Aguascalientes, es decir la institución
de educación superior que formó este capital humano, requiere para
consolidar su viabilidad y supervivencia, algo más que el desdén y la
indiferencia de sus miles de retoños, algo más que el desprecio de unos
cuantos egresados que por treinta monedas hoy la sacrifican a la
mezquindad política. Hoy, como hace treinta y seis años al nacer, la
universidad merece pequeñas y grandes muestras de solidaridad, demanda
con legítima autoridad moral, que el esfuerzo pionero de un puñado de
profesionistas con visión de largo alcance no sea tirado por la borda;
que la sordidez y la tacañería política no trunque el sueño que miles
de padres de familia tuvieron y tienen de retener a sus hijos y no
verlos partir a otras latitudes en busca del estudio y la superación
profesional.

Hoy, la Universidad Autónoma de Aguascalientes forma parte del
proyecto de vida de miles de jóvenes; jóvenes que sueñan con
incrustarse en la vida profesional y productiva de nuestra sociedad,
con ser parte activa y protagonista de su desarrollo. Ellos y la
Universidad merecen de todo nuestro apoyo y respaldo. No consintamos
que la ingratitud y el revanchismo paranoico de la burocracia cancelen
su futuro. No permitamos que la miopía política desdibuje su horizonte
y los ofrende temeraria e imprudentemente a la cooptación y
reclutamiento de la delincuencia y el crimen organizado.     

Si es cierto que Aguascalientes es la tierra de la gente buena, la
Universidad y los jóvenes, nuestra universidad y nuestros jóvenes,
merecen algo mucho más que indiferencia y apatía, merecen toda nuestra
solidaridad. Nobleza obliga.

Pilonzote. La tarde-noche del sábado entré a Sanborns con la
intención de comprar una revista que acompañara amenamente la ingesta
de los sagrados alimentos. Para mi sorpresa me topé con un libro
espléndido, que inmediatamente compré (109 pesotes): Poesía eras tú, de
Francisco Hinojosa, editado por Almadía. Se trata de una narración en
verso (antipoemas los llama el autor), acerca de una relación de pareja
cuya vida cotidiana está teñida por la política; él es un diletante de
la poesía y ella una legisladora, dueños de un marranero. El humor
negro, acompañado de los comentarios y la crítica social que
caracterizan a la obra del autor, hacen que de cada una de las 110
páginas brote espontáneamente la sonrisa y la carcajada. Sea uno
aficionado o no a la buena literatura, la verdad, el libro no tiene
desperdicio. Para muestra, dos ejemplos:

Secuestro. Anoche soñé que te secuestraban / mi dulce Zaharaí / fue
un sueño vívido / que me sigue atormentando en la vigilia / un comando
con vestimenta militar / llegaba a nuestro humilde domicilio / sacaba
armas de fuego / amor / y te metía en una camioneta / de ésas que nunca
podré comprar / con mi salario / sufrí mucho al ver cómo te llevaban /
y me dije para mis adentros / “debiste tener una pistola / para
defenderla” / también soñé que llamaban para pedir rescate / y que no
me alcanzaban, vida mía, los ahorros / te cortaron primero un dedo /
luego el otro / y así siguieron / hasta que te quedaron dos / ay, amor,
qué injusticia / y yo sin pistola para enfrentar / a los maleantes / y
sin dinero para pagar el rescate / con ocho dedos muertos / guardados
en el refrigerador / y el alma deshecha / pero / al despertar y sentir
tu respiración / y saber que estabas conmigo / viva y entera / me dije
“ya esta suave / compraré un arma” / porque / mi vida / no quiero que
te vayan a secuestrar / ni siquiera en sueños.

Legisladora. Supe, amor mío, / que ganaste un puesto de elección
popular / la felicidad me embarga / por ti y por tus electores / y
gracias a que te conozco / sé que legislarás con entrega y valor / para
que los votantes se sientan representados / olvida por un rato las
tareas domésticas / que para eso soy tu pareja / y concéntrate en la
comisión legislativa que te asignen / escucha demandas ciudadanas /
asiste a las sesiones / sube a la tribuna / pronúnciate / escucha al
presidente de tu bancada / sé tú misma / y sobre todo / legisla,
legisla, legisla / que por ello nuestra cama no sentirá un vacío /
todas las noches que veles legislando / que por ello te pagarán un
sueldo / y te darán bonos y viajes y celulares y choferes / y trata, mi
amor, de no corromperte / trata de ser honesta / porque tú, diputada /
mujer de leyes y convicciones / abogada nuestra / eres nuestra voz en
el Congreso / aunque yo no haya votado por ti / perdóname / pero nunca
pensé que llegaras a ganar.


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Enriquerodriguez

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