Opinión

CINEFILIA CON DERECHO / PRESUNTO CULPABLE III: IMPLÍCITOS Y SILENCIOS

Rubén Díaz López

Frente a los políticamente correctos que salen a defender a capa y espada el documental Presunto Culpable, sobre las voces que, desconociendo los mínimos razonamientos jurídicos, gritan ¡censura! es importante ir más allá, sumarse a las miradas críticas que de manera brillante (Julio Hernández -La Jornada- y Fernando García Ramírez -Letras Libres-)  han centrado sus plumas en aquello que no dice el documental. Máxime ahora que los productores del filme han utilizado una extensa campaña mediática, incluso se han valido de la ya revocada suspensión que el juzgado de distrito dictó en contra de la película, para catapultarla sobre la base de la victimización y el sospechosísimo que tanto gustan en este país.

    No es la pretensión señalar la postura que asumieron los directores, clara y justificadamente es subjetiva, tenían un propósito en adoptar la narración como lo hicieron. Sin embargo, cuando en el discurso se utilizan implícitos o silencios intencionales que podrían cambiar el argumento, descontextualizaciones de momentos y circunstancias, entonces ese subjetivismo válido, se pervierte.

    Hay muchos puntos que criticar, pero, como colofón de los artículos anteriores donde se analizaron las cintas Más allá de la Duda y El hombre equivocado nos centraremos en dos argumentos que son apropiados para continuar con el debate del sistema de justicia penal: la descontextualización del juez y la mediatización de los procesos penales.

Bajo la línea argumental utilizada, faltó contextualizar al juzgador, porque el público debería saber que tiene miles de casos, cientos y cientos de voluminosos expedientes que le hacen materialmente imposible seguir todos los juicios; y no se trata de justificarlo, sino que se comprendan otras aristas que hacen complejo el problema. El propio Juez puede ser engañado, como en El hombre equivocado, donde se le hacían llegar elementos falsos, incluso en Más alla… los propios agentes investigadores estaban sujetos a ardides. Y esta situación nos lleva a otro implícito falso que proyecta la película: todos los jueces, todo el país, todos los procesos están igual de viciados ¿Podemos creer que en verdad todas las autoridades están coludidas para inculpar a inocentes? ¿Son un enorme complot para mantener sojuzgados a honestos sólo por el placer de hacerlo?

El documental no sólo no hace mención, sino que -peor aún- hace uso de un prejuicio del sistema penal: la condena previa y mediática. Un sistema de justicia debe pugnar porque no se litigue en los medios de comunicación, por evitar sentencias a priori. Incluso, dentro del poder judicial hay un viejo apotegma que señala que sólo se habla a través de las resoluciones y no de declaraciones en la prensa. Sin embargo, la cinta utiliza estos recursos para estigmatizar y condenar: la edición de las imágenes para resaltar aspectos convenientes a su postura, sobreponer una risa de burla sobre la imagen de un juez y ministerio público para hacer énfasis no en su incapacidad jurídica, sino en una presunta intención malévola; llegar al aspecto sensible y no lógico, al centrarse no en el argumento del juez para condenar, sino en el llanto de los familiares frente a la sentencia; en suma condenar a priori a través de la televisión. Lo que me parece más grave: transformar en un teatro el juicio, como lo hizo un abogado contratado más que para ser defensa, para crear un drama judicial donde más vale la pose y la actuación que el pensamiento, donde -fuera de toda ética jurídica- puede ofender a los testigos. Surge otra duda interesante ¿Queremos en verdad así nuestros juicios, televisados por empresas que se abrogan el determinar cuándo un juez es justo y cuándo injusto? Y es que mediatizar la justicia nos lleva a contradicciones como las que suceden hoy en día con Presunto Culpable: es la misma prensa que se desgarra las vestiduras para que no sea censurada y que ataca y acusa a la justicia de corrupta, que la que exige a diario a la policía más detenidos, más condenados, que increpa a los jueces que por la duda razonable liberan a presuntos responsables.

El documental hace en general una condena integral al sistema, lo que nos lleva a otro implícito quimérico, se deja en el espectador la idea de que sólo basta modificar la ley para resolver la problemática. Nada más lejos de la realidad, pues cuando exista el nuevo sistema, el mismo juez va a atender el mismo número de casos y entonces el resultado podrá ser técnicamente igual, esto es, un sistema parecido al de Estados Unidos, donde se cometen de igual forma violaciones de derechos, como el caso que analizábamos la semana pasada en El hombre equivocado.

Presunto Culpable es una cinta que se tiene que ver, hay aspectos interesantes desde el punto de vista jurídico y cinematográfico. Sin embargo, es necesario evitar santificarla cual impoluta visión de la realidad, el sesgo, la crítica, son el verdadero motor que podrá reformar el sistema de justicia penal en México.

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Rubén Díaz López

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