Minotauros y siameses

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Santiago Mora

“Todos los instintos que no se desahogan hacia

fuera se vuelven hacia adentro”

Friedrich Nietzsche

Explorar el desasosiego del alma humana, su confusión y miseria, es la materia prima de la cual parte Andrés Vázquez Gloria para ofrecernos un universo particular de seres marginales, sombríos, informes y de ojos melancólicos. Adentrarnos en su obra es hacer un recorrido por un arte primigenio, como el que podemos apreciar en las cuevas de Altamira, enriqueciéndose, según me parece, con claras influencias de la serie negra de Goya y sus caprichos, entre otras manifestaciones plásticas que se han atrevido a representar lo grotesco, que nos refleja la monstruosidad de lo humano, instalándose entre el eclipse de la razón y el delirio del cuerpo.

Los modelos del artista plástico aguascalentense son esos seres que habitan entre nosotros y que tratamos de ignorar y marginar: vagabundos, enfermos mentales, enanos, prostitutas, aquellos seres que preferimos dejar en el lado de la otredad.

Sostiene José Miguel Cortés, en Orden y caos, un estudio sobre lo monstruoso en el arte, que “la sociedad tiene miedo de todo aquello que parece extraño y raro, de lo que se escapa de la norma”, ya que “el sujeto ante lo informe, desordenado y caótico percibe un peligro que se cierne sobre su integridad, que pone en duda su seguridad y no puede soportarlo”. Lo diferente nos distancia, pero al mismo tiempo nos atrae, despertando en nosotros sentimientos encontrados.

Vázquez Gloria pone el dedo en la llaga mostrándonos un espejo en el que no nos queremos reconocer. A través de su obra nos adentramos en el laberinto de Creta de la naturaleza humana, donde habita la dualidad de lo sublime y lo grotesco.

En los minotauros y siameses del artista podemos apreciar su más reciente búsqueda de la otredad y lo informe como forma de representación de los entresijos de la condición del hombre.

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