Opinión

CINEFILIA CON DERECHO // EL APANDO: ¿CENTROS DE READAPTACIÓN O RECREACIÓN SOCIAL?

La realidad de este México mágico -cada vez más mágico que México- nos provoca un cierto sentimiento de hilaridad y rompimiento, los extremos como principal característica del país se plasman en todas las cepas sociales, en todos los ámbitos, de tal forma que podemos ser “orgullosos” poseedores del hombre más rico y el más pobre del mundo, de uno de los municipios con mayor plusvalía que las comunidades más miserables con índices de pobreza sólo comparables a países en auténtica decadencia. Y esto opera igual hasta para las cárceles, la capacidad económica derivada del poder, o el poder derivado de la capacidad económica, son claramente marcadas en los otrora Centros de Readaptación Social que mutan en Centros de Recreación Social. El extremo de la indignación (a veces es tanta la indignación que provoca en realidad risa): un reo que rifaba (sic) una celda VIP, con aire acondicionado, cocina, televisión satelital, entre otras curiosidades. La clave es que no es un caso aislado, se sumó a otros cientos que han dado cuenta de privilegios y lujos que en algunas cárceles del país hacen gala los presos con obvia complacencia de las autoridades penitenciarias y haciendo claro que existe un autogobierno en muchas de ellas. Pero esos privilegios se suman al calvario que tienen que atravesar reos comunes y corrientes (por llamarlos de algún modo) pues deben pagar por todo, y entonces la pena o prisión preventiva de aquellos, trasciende a sus familiares que en las visitas sufren de igual forma el hostigamiento de los oportunistas que buscan  obtener recursos a cualquier costa. Un medio nacional daba cuenta de esto en un reportaje que publicó el día de ayer sábado, el problema lo sufren sobretodo penitenciarías sobrepobladas.

Uno de tantos daños colaterales de la guerra contra el narco y una problemática en el corto plazo que no ha sido atacada por el gobierno federal, es precisamente el hacinamiento  de las correccionales mexicanas, en especial de las que están bajo la jurisdicción de las autoridades estatales, que son la mayoría. Y es que de manera grave, la Federación genera el problema y se lo envía a los estados, tal y como ha hecho en otros temas (como la tenencia vehicular) pues ha terminado remitiendo a muchos detenidos de su lucha frontal contra la delincuencia organizada a estas cárceles locales que no cuentan con la infraestructura necesaria para hacer frente a la situación. Mientras a diario el gobierno federal nos bombardea con mensajes alusivos a la captura de más y más “criminales” lo que no nos especifica es que la mayoría de ellos son “presuntos”, que estarán en centros de detención que los estados tiene que costear y que si la autoridad no acredita el delito (como ha pasado en varios casos) saldrán libres.

¿Qué es lo que pasa con el exceso de población? Lo que todos imaginamos y vemos en los medios: autogobiernos, violación de derechos humanos, tráfico de drogas, fugas de reos, escuela del crimen, y un largo etcétera. Todo esto evoca la excelente obra artística de la cinematografía mexicana, El apando (1975) dirigida por una leyenda del cine nacional, Felipe Cazals. La película se basa en el modelo de prisión importado a México desde Porfirio Díaz, se desarrolla en ese otrora lugar de privaciones, Lecumberri El palacio negro; la historia gira en torno a tres reos, las condiciones infrahumanas en que viven, la corrupción de las autoridades que permiten prebendas a aquellos prisioneros que puedan pagarlas y el intento que hacen los protagonistas para que la anciana madre de uno de ellos les introduzca droga que les permita ganar dinero. El desenlace es fatal. Esta producción se basa en la novela homónima de José Revueltas, intelectual mexicano que vivió en dicha cárcel cuando en 1968 fue acusado de ser incitador de los estudiantes en el movimiento rebelde que sacudió al país en aquel año. El guión fue excelentemente trabajado por el propio Revueltas y el ondero José Agustín. Hay escenas memorables, con fuertes cargas eróticas y de violencia. En esta cárcel circula droga, se pueden obtener favores, todo siempre y cuando medie el respectivo soborno. Un abogado defensor le dice a su cliente que lo va a liberar, pero es necesario repartir mucho dinero entre todos los empleados del juzgado, desde el Juez hasta la secretaria. El lugar de expiación de las penas, donde debería de transformase al criminal en una persona de bien, se convierte de hecho en una escuela del crimen, reos que forman mafias al interior de la cárcel, que venden drogas, prebendas, siempre en colusión con la autoridad. El apando deja entrever la forma en que las penas trascienden a los parientes del inculpado, una pobre viejecita, cuyo pecado fue sucumbir a los ruegos de su hijo por no verlo sufrir, terminará acusada de tráfico de drogas, mientras que los directivos de la cárcel, los culpables de la corrupción, seguirán gozando de sus puestos y beneficios.

Algunos estados se esfuerzan de manera sobrehumana por no caer en esta espiral, como el nuestro, que además de la situación operativa lucha por una legislación progresista que inmiscuya los derechos humanos como eje transversal en la ejecución de las penas. La pena debe ser enfocada, como dice nuestra ley  “respetando la dignidad humana de los sentenciados”, sólo bajo ese esquema llevaremos a las cárceles a ser auténticos lugares de reinserción social.
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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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