Opinión

Opciones y Decisiones / Sueño de reyes

Sábado 23 de Julio, 2011

¿A qué se parece un doctorado? La respuesta es más elusiva de lo que parece y lo más seguro es que nos parezca muy fuera de lo común de los intereses primordiales de los mexicanos y de los aguascalentenses.

Seguramente, en nuestro imaginario colectivo, nos evoca la imagen del científico del siglo XIX con librea, sombrero de copa, monóculo y pipa. Quizá prevalece el retrato del médico con bata blanca que manipula modernísimos aparatos de diagnóstico y nos impresiona con el costo exorbitante en dólares que ha pagado por ellos. También salta a la imaginación el ingeniero de vuelos espaciales, manipulando como un virtuoso los complejos teclados de los controles de mando de un centro informático y saturado de monitores que emiten imágenes de lo que ocurre en vivo. Los expertos en el análisis físico, bio-químico y matemático serían el prototipo contemporáneo del hombre de ciencia que acumula doctorados y publicaciones en decenas de idiomas extranjeros.

Si nos atenemos a las cifras oficiales, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología,  Conacyt, reporta que aproximadamente se gradúan unos 1,442 universitarios a nivel de Doctorado, lo cual está lejos de la meta que se tenía propuesta de 2005, de egresar 5 mil graduados de doctorado en el país. Y, a partir de entonces, se estima que el incremento anual de esta cifra es de un 16 por ciento. Tales cifras son menos halagüeñas cuando se comparan con otros países: Brasil egresa 7 mil 623 doctores en el mismo periodo. Y de acuerdo con la Encuesta de Graduados de Doctorado del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología 2004, México estaba muy lejos de Estados Unidos, que produce anualmente 40 mil doctores; Corea, 7 mil 623; España, 6 mil 436, y Canadá, 3 mil 990.

Además, también se eleva la critica que únicamente el 8.3 por ciento de las universidades del país se asocian con instituciones extranjeras y que solamente un 41 por ciento de los programas de este nivel, de un total de 544 existentes, se registran ante el Conacyt, según datos de su Informe General del Estado de la Ciencia y la Tecnología 2004.

Los datos actualizados al año 2010, en números absolutos, muestran una tendencia a incrementar gradualmente, pero la proporción se mantiene estacionaria, de manera que no ocurre un cambio significativo de la tendencia histórica. Y esto debe cuestionarnos, pues se requiere un salto cualitativo para poder posicionar a México en una plataforma más competitiva, en materia de ciencia y tecnología, frente a los países centrales y altamente tecnificados, entre los que se incluyen: Brasil, Rusia, India y China.

Siguiendo la estadística oficial, los datos reportados por el 4º Informe Presidencial, 2010, indican que las becas destinadas a los recursos humanos de posgrado, apoyados por el Gobierno Federal se incrementaron, ya sea para estudiar tanto en el país como en el extranjero, a un total de 50,492 estudiantes que cursan posgrados. Cifra que es superior en 11.9% a la del año anterior. De manera que uno de cada cuatro estudiantes de posgrado es becario del Gobierno Federal. Siendo que el 99% de las becas es otorgado por las secretarías de Educación Pública (SEP), Salud, Comunicaciones y Trasportes, y el CONACYT, incluidos los centros de investigación que coordina.

Y se asegura que en este año, el CONACYT mantendrá más de 35 mil becas para estudios de posgrado, cifra 16.3% mayor a la registrada el año pasado. Y reporta como timbre de orgullo que ocho de cada 10 estudiantes becados por el Gobierno Federal son por este consejo; resultando que en 2010 el 68% de los graduados de posgrado corresponden a las áreas científicas e ingenierías, lo que da cuenta del acceso del capital  humano a oportunidades de formación de calidad en áreas estratégicas.

Y, sin embargo, ser doctor –en razón de posgrado- dentro de la escala superior de la formación universitaria; probablemente es algo menos impactante mediáticamente o de bajo perfil mercadológico de la multimedia para impactar al público. Existen decenas de posgrados a nivel de doctor, para comenzar, en las ciencias del hombre, por eso también llamadas humanísticas, que van desde la Filosofía a la Historia del Arte; o el Derecho, la Administración y la Economía incluidas dentro de las Ciencias Liberales, y quedan comprendidas dentro del espectro de ciencias que estudian el comportamiento, los niveles organizacionales, de sobrevivencia, la destreza expresiva y el goce artístico del ser humano en cuanto que tal.

A este conjunto se asocian las increíblemente mal comprendidas Ciencias Sociales que se abocan a entender y transformar la estructura y la dinámica de los grupos humanos que conforman a la sociedad contemporánea. De manera que un doctorado también se parece al estudio del hombre en cuanto hombre, para elevar su calidad de vida, su capacidad de hacer viable su presencia en el planeta Tierra, hacer más equitativo y sustentable su hábitat y abrirle oportunidades reales de evolucionar hacia mejores estadios de desarrollo integral. También a esto se parece un Doctorado.

De manera que el doctorado sí debiera ser un grado deseable para muchísimos más mexicanos e hidrocálidos, pues en la medida que crecemos en conocimiento estamos en mejores condiciones de alcanzar el ideal de los pensadores antiguos: vivir en paz, sin violencias de ningún tipo –porque el conocimiento acarrea la temperancia y la prudencia-  y con ello mayores posibilidades de alcanzar aquel ancestral sueño, que ya se nos ha olvidado, de ser verdaderamente los reyes de la Creación.


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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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