Cultura

[Especial] 13 ideas acerca de la literatura de terror en México / Algunas precisiones sobre el terror en México

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Literatura de terror en México

Por Rodolfo JM / Iván Farías


13 ideas acerca de la literatura de terror mexicana

Rodolfo JM

  1. Si bien es posible distinguir con claridad una estirpe de autores que ha cultivado exclusiva y constantemente la narrativa de terror, sobre todo en países de habla inglesa, también es posible encontrar sus huellas en otras geografías.

  2. En México los escritores se han caracterizado históricamente por su tendencia al costumbrismo, sin embargo existe una constante macabra que se refleja no sólo en la narrativa sino en la poesía e incuso en la pintura.

  3. Tenemos a nuestros escritores “excéntricos”, esa lista que incluye entre otros a Juan José Arreola, Amparo Dávila, Francisco Tario y Guadalupe Dueñas. Todos ellos escribieron al menos un relato que incluye elementos que podrían enmarcarse sin problemas dentro de la narrativa de terror. Pero también lo hicieron Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y Elena Garro, escritores consagrados.

  4. Aura, de Carlos Fuentes, y Pedro Páramo de Juan Rulfo, son el ejemplo perfecto. Aura es una historia de terror sobrenatural, y Comala es un pueblo habitado por fantasmas.

  5. En la literatura nacional hay cierto estigma sobre los mal llamados subgéneros literarios, familia en la que suele incluirse al terror, la ciencia ficción y el policíaco. A los que se acusa de lesa literatura, o en el mejor de los casos, mero entretenimiento.

  6. México es un país con una tradición oral muy rica. De las historias que nos contaron nuestros mayores, historias que a su vez escucharon ellos durante su infancia, y que nosotros seguimos cultivando, la mayoría son “de miedo”. La llorona, los nahuales, el hombre del costal, la mano peluda y las historias de día de muertos, todas forman parte de nuestra educación sentimental. En este contexto, lo natural, a simple vista, sería encontrar un campo fértil para la práctica de la narrativa de terror.

  7. Dice el escritor Bernardo Esquinca, y dice bien, que México es un país cuya historia cuenta con marcados elementos de religiosidad y superstición; un país al que le ha costado mucho trabajo reconciliarse con su pasado, y quizá esto redunde en la poca atención que sus autores han dado a lo sobrenatural.

  8. Aventuro una hipótesis complementaria: La cercanía histórica entre los intelectuales y el Estado, en particular con los gobiernos “de la Revolución”, ha institucionalizado el costumbrismo en las letras nacionales. Un escritor que no se ampara a dicha sombra es un “excéntrico”.

  9. Aunque el ninguneo prevalece, los autores nacidos en México a partir de 1960 han comenzado a revertir esta situación. Se trata de autores que escucharon las historias de los abuelos, que han leído a los clásicos universales e hispanoamericanos, pero que también crecieron con un televisor en casa y que han visto al menos una película de monstruos gigantes. Para ellos la cultura pop es parte vital de su ecosistema.

  10. A propósito, los monstruos más famosos (el vampiro, el hombre lobo, el zombi –el monstruo moderno por excelencia) han sido asimilados por la cultura popular, y si bien todavía protagonizan relatos de terror no siempre es el caso. No es raro encontrarlos en comedias y parodias de todo tipo.

  11. Es importante reiterarlo: la literatura de terror no descansa necesariamente en los monstruos, aunque estos sean un elemento importante; tampoco depende del extrañamiento ante lo sobrenatural, o lo cósmico. El miedo quizá sea la emoción humana más básica, el miedo a lo desconocido, a la enfermedad, a la oscuridad y al dolor. Algunos de los mejores textos de terror que se escriben en la actualidad son los que exploran estos miedos.

  12. La literatura de terror que se está escribiendo en México hoy día goza de buena salud. Aún es poca, pero es lo suficientemente variada y original para demostrar que no se trata de ninguna moda ni de una adaptación de lo que se hace en otros países.

  13. Algunos de los libros mexicanos contemporáneos que me parece reflejan mejor lo dicho son: La ruta del hielo y de la sal (José Luis Zárate), Los niños de paja, Demonia (Bernardo Esquinca), Fantásmica (Carlos Bustos), Olfato (Andrés Acosta), El mecanismo del miedo (Norma Lazo), El diablo me obligó (FG Haghenbeck), El libro de las pasiones (Mario González Suárez), La noche caníbal (Luis Jorge Boone), De oscuro latir, Entonces las bestias (Federico Vite), 7 esqueletos decapitados (Antonio Malpica), El abismo: asomos al terror hecho en México (Rodolfo JM).

Foto Pablo Melgoza Navarro

Foto Pablo Melgoza Navarro

Algunas precisiones sobre el terror en México

Iván Farías

Durante las pasadas “Jornadas de Astronautas y Detectives” acontecidas en San Luis Potosí en el marco del Festival de las Letras 2012, Rodolfo JM y quien esto escribe, llevamos a cabo una mesa sobre la literatura de terror que se produce en nuestro país. Para no repetir ideas y desarrollar algunas otras que creo importantes (y que fueron tergiversadas en la nota de La Jornada del sábado 12 de mayo) es que escribo este texto complemento al de mi colega y amigo Rodolfo.

La literatura de terror es un producto anglosajón en sus orígenes. La razón es muy simple. Pese a que muchas culturas tienen leyendas que hablan sobres seres sobrenaturales, espectros y monstruos, es decir, sobre la incursión de lo irracional en lo racional; sólo una cultura que se presume moderna y basada en la ciencia puede provocarle miedo la infiltración de la tradición mágica en su entorno. Para ahondar más sobre esto recomiendo leer Vudú, magia y brujería, del antropólogo Douchan Gersi.

Un ejemplo paradigmático es Drácula. La incursión de un personaje venido de un sitio donde la brujería, los relatos de fantasmas chupasangres y dictadores sanguinarios son cosa común a un entorno supuestamente científico, donde reina la democracia y las leyes, les produce un espasmo a los ingleses. Esto se incrementa cuando nos enteramos que este ente le habla a los más bajos instintos del ser humano: a la libido de las señoritas y el deseo de poder de los lacayos.

El relato terrorífico en un principio conlleva este enfrentamiento. Luego fue cambiando, pero mucho de él sigue vigente. El miedo consiste en subvertir las reglas. En nuestros países latinoamericanos y en especial en la realidad mexicana, el escribir sobre terror no fue una necesidad debido a que las leyendas y relatos de aparecidos paleaban esto. Además de que, escribir sobre dichos temas bajo el realismo imperante, implicaba el ninguneo o el ostracismo.

Los norteamericanos fueron los primeros que adaptaron a su realidad entes como los vampiros, los zombis y ofrecieron otros como el serial killer y los monstruos lovecranianos. Ellos, junto a los ingleses, han brindado nueva vida cada tanto tiempo al terror.

La literatura de terror en nuestro país tiene pocos años, pero muchos precursores. Hubo algunos cuentos, algunos personajes, pero no es hasta hace unas tres décadas que surgen los primeros autores que gracias a la televisión, las ediciones de Roca en español y a que el canon literario se ha relajado que muchos han salido del closet del realismo para narrar lo que en verdad les apasiona. Los escritores estamos viendo que hay una veta inacabable de temas para el género.

Los autores que antologa Rodolfo en el libro El abismo: asomos al terror hecho en México son la punta de lanza, el frente en la batalla de aquellos que se atrevieron a decir: “sí, a mí me gusta y escribo terror”, frente a un aparato burocrático que privilegia el realismo (cualquier cosa que sea y signifique).

A los nombres que propone Rodolfo, sólo agregaría tres: Adrián Díaz Enciso (La Sed), Arturo J. Flores (Cuentos de Hadas para no dormir, Martini para suicidas) y Carlos Camaleón.

Ya quiero leer los libros de la generación que me precede. Si ésta es buena, la siguiente será mejor. Eso es seguro.

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Nota bene:

Rodolfo JM es miembro del consejo editorial de guardagujas, suplemento literario de este periódico, cuentista y antologador, agradecemos su confianza al enviarnos su texto y el de Iván Farías, junto con la siguiente nota:

El pasado 12 de mayo apareció en la edición nacional de La Jornada la nota “En México, a los escritores de terror les pesa reconocerse como tal”: Rodolfo JM [http://goo.gl/4xJDv ], en donde se dejaba constancia de una plática (Los artefactos del miedo, literatura mexicana de terror) que sostuvimos Luis Carlos Fuentes, Iván Farías, y un servidor durante las “Jornadas de Detectives y Astronautas” del Festival de Letras de San Luis Potosí. Al enterarme de la nota, vía redes sociales, sin dudar repliqué el link entre mis conocidos. Grave error, ya que lo hice sin leerla. En cuanto la leí mi entusiasmo se desmoronó. Lo primero que me sorprendió fue la omisión de Luis Carlos Fuentes. Tampoco se mencionaba ni uno solo de los autores y libros recomendados. Lo siguiente fueron las declaraciones de Iván y mías. Hay partes donde se me adjudica lo que dijo Iván, y viceversa; en otras se mezclan cosas dichas en distintos momentos de la conversación, como si fuesen parte de una misma idea. El resultado es un texto en el que da la impresión de que los dos tipos que hablaban lo hacían para burlarse de la literatura de terror, la hecha en México y la hecha en otros países. Ignoro a qué se debió la edición tan “extraña” de la nota, y no tengo interés en hacer polémica, pero me preocupa que esto suceda.

Transcribo aquí un texto breve con algunas de las cosas que dije, no de manera textual, por supuesto, pero sí mejor ordenadas y con más sentido que lo que se publicó el sábado. Ojalá accedas a publicar esta réplica, creo que vale la pena, más que por la aclaración, porque daría a los lectores  una idea más justa y completa de la literatura de terror hecha en México.

¡Participa!