Opinión

Opciones y Decisiones / Jóvenes a la carga

Tras las manifestaciones de repudio de un importante contingente de estudiantes de la Ibero, Campus Santa Fe, al candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, en su visita del día 11 –de los que transcurren- a las 11 horas, se activó la red neuronal de la juventud estudiante de México para enviar un vertiginoso mensaje digital urbi et orbi, sobre la verdad de su posición política en contrapartida de la aparente complacencia del cuarto poder, de los medios masivos de comunicación dominantes.

Bienvenida sea esa definición, aunque sea explosiva de parte de jóvenes, potenciales electores, porque ya venía siendo ominoso su letargo participativo y su silencio electoral, si no su radical indiferencia a la vida política del país. Con todo y el IFE, credencial de elector ultra segura, Trife y Código Electoral recargado. ¡Ah! Y mega multimillonario presupuesto.

No hace falta indagar mucho en los resultados electorales de pasadas elecciones, principalmente haciendo el corte estadístico a partir del año 2000, el supuesto año de la “transición política mexicana” para percatarnos de la suma levedad participativa de los jóvenes, ellas y ellos, a pesar de conformar el grupo de población con mayor peso relativo en la pirámide poblacional.

Digo que es bienvenida su repentina aparición en las notas periodísticas porque los propios medios de comunicación social ya venían acusando la inocuidad y el estancamiento de las campañas electorales en curso. Aquí lo dije, estábamos como en los tiempos de antaño, contemplando placenteramente un típico baile de salón, esos de rítmico danzón, que entre más apretaditos, acompasados pa’delante y pa’trás, y giros graciosos eran más aplaudidos. Cantinflas y Resortes, soberbiamente, los escenificaron.

De pronto, se encendieron las redes sociales para comunicar la neta del mensaje de los jóvenes repudiantes. Hoy, se nos está informando que el pasado fin de semana, tanto en el DF como en diversas entidades del país, se manifestaron 46 mil estudiantes, principalmente de la Ibero, la UNAM, el Tecnológico de Monterrey, el ITAM y la Universidad del Valle de México protestando contra el PRI y su candidato presidencial. Mas, lamentablemente, en Colima se suscitó otro episodio de supuestos tiempos superados, en el que grupos de choque golpearon a estudiantes.

Hasta aquí, el evento social es tangible y digno de ser observado en su todavía neblinosa complejidad. Y lo veo así porque no basta con meterle incandescencia o efervescencia al hecho, para sentirnos protagónicos y adalides de causas sociales o políticas, hasta hoy todavía ignotas.

Admiro la espontaneidad sempiterna de la juventud, pero tengo que levantar la nariz –a la Sherlock Holmes- para olfatear un cierto olor a tufillo, cuyos motivos profundos quedan bajo el riguroso secreto de los WR’s (“war rooms”, cuartos de guerra) contendientes.

Asombra aún más el persistente nivel de preferencia electoral que arrojan las encuestas por el puntero de la contienda política desde su inicio (y aún antes de sus prolegómenos). Algunas de éstas ya dicen que la brecha se cerró con el candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, y que, por tanto, ya se derrumbó el hasta ahora líder de la contienda.

Ese olor a tufillo que podemos otear proviene del interés manifiesto de importantes fracciones del Capital que quieren que el perfume de las cosas quede en la mera percepción social generalizada para no adentrarse en la esencia del olor que proviene de las verdaderas redes de poder que están subyacentes.

Me explico. Es cierto y evidente que los jóvenes han cargado las redes sociales de comunicación con transmisiones a la velocidad de la luz para manifestar su inconformidad con el actual estado de la cosa política. También ya tomaron las calles y se manifiestan en la plaza pública, excelente. Mas, esa red digital que, como el mercado, no está en ninguna parte porque está omnipresente en todas, lo que emite hasta ahora es la percepción de emisores y receptores. Esto quiere decir que no necesariamente se transmiten los “datos duros” que avalan y sustentan el dicho versus la realidad, traducidos a la vez mediante la emisión de un juicio intelectual, que por definición es crítico o no lo es.

Las encuestas electorales captan de manera instantánea “la percepción” del elector potencial, tomado como ciudadano común, sin etiquetas. Las redes sociales, también, comunican la percepción del sujeto que la emite, lo cual es natural y lógico. Pero, de ninguna manera, esa interacción garantiza objetividad, confiabilidad, certidumbre y veracidad ética. El mensaje vale lo que vale el valor civil de su emisor-receptor. Es decir, somos observadores de la incertidumbre, aunque esto nos moleste.

Digo esto porque pareciera que al despertar del dulce encanto burgués del sueño, una parte importante de nuestra juventud, estamos ya situados en el parteaguas de una revolución cultural que también se trasvasa a la política. ¡Ojalá así fuera!

Celebro que las y los jóvenes de esta segunda década del milenio, por fin, dejen el bostezo indiferente hacia la vida pública y económica, y cumplan su misión revitalizadora y re editora de nuevas proezas de la humanidad, y enfatizo que sea de ésta, la nuestra, mexicana y aguascalentense. No, yo no me atrevo a lanzar un yo acuso ni mucho menos a ellas y ellos que, me consta, fueron y han sido cooptados durante dos o tres generaciones (la mía es de los sesenta), por una sutil pero poderosísima ideología del capital dirigente y del mercado global.

Ese dulce encanto del sueño burgués hedonista, narcisista e individualista, construido por la fracción del capital financiero, que vive de la marca, del lujo, de la ostentación material y carnal, de la autosatisfacción por encima de todo, ha tenido un alto y, a lo mejor, ya explotó como burbuja de autocomplacencia. A veces, el despertar duele pero es mejor que duela a que siga haciendo estragos en el potencial humano más precioso que tenemos: nuestra juventud.

Ojalá que este estallido de inconformidad sea el inicio de una marcha militante hacia la construcción ciudadana y democrática con otros, no a pesar de los otros. Y entonces, quizá, el descubrimiento de hoy sea: nuestro ser social.


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Francisco Javier Chávez Santillán

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