Opinión

Opciones y Decisiones / Mujer, signo inefable

“Mátalas! / Con una sobredosis de ternura / asfíxialas con besos y dulzuras / contágialas de todas tus locuras /…”

Alejandro Fernández.


En Aguascalientes, residen poco más de 422 mil mujeres de 15 años y más, siete de cada diez (69.4%) ha tenido, al menos, un hijo nacido vivo y 29.4% de este grupo de población no los ha tenido; pero a todas ellas aplica el derecho de ejercer una vida reproductiva libre de riesgos.


Este hecho social, del nivel de fecundidad de las mujeres mexicanas, es un dato relevante, en la medida que muestra el grado de emancipación alcanzado a lo largo de las últimas décadas. Por más denostada que sea la práctica de una maternidad responsable con base, principalmente en anovulatorios, mal e impropiamente llamados anticonceptivos, demuestra que su libre ejercicio social está a favor de una mujer emancipada de lo que, de otra manera, sería un irrevocable destino a la maternidad temprana, improcedente en una etapa determinada de su vida, ya sea por carrera o consolidación de estilo de vivir, o simple y llanamente no deseada. El hecho de que un treinta por ciento de mujeres mexicanas en edad fértil no sean madres, en este momento, indica que nuestro país ha consolidado una transición demográfica de no poca monta y sí muy significativa para marcar nuevas tendencias.


– En Aguascalientes tuvimos que bajar una tasa de natalidad de 26.9 en el año 2000, a una de 18.7 en 2012; y este logro, de ocho puntos porcentuales, es definitivo de parte de las instituciones de Gobierno, pero principalmente de sus mujeres en edad fértil.


– En el mismo periodo, hicimos descender la tasa de mortalidad infantil de 17.2 en 2000, a 11.6 en los niños menores de 1 año, por cada mil niños nacidos vivos. Lo que evidencia una mejoría sustantiva, en la calidad de vida, para las nuevas generaciones.


– De igual manera, la tasa global de fecundidad se moderó de un índice de 2.6 en el 2000, a 2.0 en este 2012; y este descenso de seis décimas de punto porcentual significa en los hechos. El nivel de reposición de la población, que no una explosión demográfica que aporta graves saldos deudores para el futuro de una población mayoritariamente joven.


Lo que significa que la tasa de hijos por mujer, de 15 a 49 años de edad, está encontrando una estabilidad más viable, gracias a la concientización y a la responsabilidad sobre su maternidad. Al recurso responsable de sus opciones reproductivas, aprendiendo a vivir una sexualidad activa más consciente, más segura y más satisfactoria. Todos ellos como factores que contribuyen positivamente a una expectativa de desarrollo de la mujer más plausible.


A nivel nacional, el INEGI nos ofrece un panorama que cubre diversas variables demográficas que pintan, a grandes rasgos, la situación de las mujeres en México. Veamos primeramente sus números duros:

– De acuerdo con los datos de la Enadid 2009, la tasa global de fecundidad indica que las mujeres tienen en promedio 2.3 hijos durante su periodo fértil. – Durante 2009, 38 de cada 100 partos fueron cesáreas. Esto significa que la familia nuclear mexicana se compone, en la actualidad, de la pareja y máximo tres hijos, a nivel global; lo que dista mucho del modelo de familia que en los años cincuentas era de 7 hijos promedio por familia y, todavía en los años setenta se ubicaba en cerca de 5 hijos por familia. Tan sólo pensar en la dotación de escuelas, educación de calidad, hospitales, atención primaria a la salud, nutrición, etc. para este contingente de población, era un reto descomunal para nuestros Gobiernos.

– La preeclampsia moderada o severa es la complicación más frecuente de los trastornos hipertensivos, en donde las mujeres de 20 a 24 años son las más afectadas (186.34 por cada 100 mil mujeres de este grupo de edad). Este factor de salud sí es preocupante y pesa gravosamente sobre la población femenina, que ingresa a la vida fecunda; sobre todo con situaciones adversas de peso, presión arterial, stress, demandas de su participación en la vida económica, profesional y de simple mantenimiento de posibilidad de acceso a los satisfactores esenciales de vida.

– En el segundo trimestre de 2011, la tasa de participación económica de las mujeres de 15 años y más, con al menos un hijo nacido vivo es de 42.2% y entre las madres solteras de 72.4 por ciento. El gran número creciente de madres solteras y jefas de familia es elocuente en este saldo social.

– Conforme a la Endireh 2006, el 47.4% de las mujeres unidas y con hijos padece eventos violentos por parte de su pareja. Las violencias, de todo tipo, ejercidas contra la mujer son un lastre para el desarrollo social integral y obviamente una grave injusticia contra los sectores de población más vulnerables: madres e hijos en condiciones precarias de vida.


Si bien el derecho constitucional que consagra el artículo cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que todas las personas tienen el derecho a decidir, de manera libre, responsable e informada, el número de hijos que desean tener; así como sobre el espaciamiento entre ellos. Y a ser atendidos por complicación del aborto, como proteger la salud del recién nacido, gozar de una sexualidad sin temor a embarazos no deseados o a contraer infecciones de transmisión sexual (ITS), cuyas secuelas pueden generar esterilidad, e incluso la muerte, de quien la contrae.


El derecho, constitucionalmente establecido, es claro, pero tenemos que hacerlo vigente en el entorno social que vivimos. En este respecto, existe una discrepancia fundamental entre las garantías individuales y sociales postuladas por el Estado de Derecho y las legislaciones locales –acotadas o revisadas a modo- para esgrimir en el fondo intereses partidistas, de clase social o de grupo dominante. Dígase específicamente de la pretensión de los grupos conservadores (en gradientes extremos de esta denominación) de proclamar constitucionalmente el derecho irrestricto a la vida humana, por un lado; y, por otro lado, penalizando onerosamente a la mujer que se ve involucrada en un caso de aborto.


Aquí la satanización, entre grupos opositores, se da a ultranza contra el bando de carácter diferente al propio. Quiénes pretenden reformar la Constitución Política para incluir el derecho irrestricto de la vida humana también afirman querer despenalizar el aborto, por la obvia repercusión que incrimina a la mujer, como penalmente responsable, y, por ende, sujeto de pena corporal. No queda claro si en la Norma Positiva pueden prevalecer dos principios opuestos, al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Yo creo que tal mundo maravilloso no existe.


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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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